lunes, 22 de abril de 2013

acuosos agujeros

El agua en Trujillo se ha convertido en un problema, ciudad enclavada, por hispana necedad, en las tierras fértiles de un verde valle, pero rodeada de páramos arenosos donde los emigrantes invasores mueren de sed. Sea el mar que día a día devora más litoral en Las Delicias, Huanchaco y Buenos Aires, sea por la napa freática —cada vez más alta por los avances acuosos del Proyecto Chavimochic— carcomiendo las bases de las casas de diversos sectores otrora pantanosos, ahora le toca enfrentar los aniegos de agua potable y servidas que amenaza con derruir las principales arterias del casco urbano.

“¡Tenemos en la calle un tremendo agujero!”, exclamó Claudia, mi esposa, hace un par de semanas tras llegar con el pan para el desayuno. “Seguro por las lluvias”, me apuré a diagnosticar, culpando al chaparrón que habíamos soportado la noche anterior y que agarran de lorna a las pistas recién asfaltadas por el régimen de Acuña Peralta. Al salir a trabajar me percaté del tamaño del agujero que abarcaba parcialmente nuestra fachada. Como la Avenida Carrión se ha convertido en zona de profuso tránsito vehicular —ruta alternativa por las obras del baipás de Mansiche— supuse que lo ‘arreglarían’ en un santiamén y no me equivoqué. De inmediato llegó un equipo que, mismo personal de los X-Files, acordonaron el lugar para evitar curiosos en la escena. En horas vespertinas, el impasse ya había sido ‘solucionado’, el forado se rellenó y afirmó con arena y luego le pasaron su capa de asfalto... Hace cinco días, no obstante, el boquete se volvió a abrir.  

Los ciudadanos de a pie —me incluyo— tenemos la pésima tara de no percatarnos de las cosas hasta que explotan en nuestras narices. Síntomas de esta problemática ya habían sido alertados por los medios de información hace meses, pero como ocurren en zonas y avenidas que usualmente no recorres, le das poca importancia. El sábado por la noche mientras acudía con la familia a deleitarnos con una pizza en el Metropolitain —vale el cherry porque es una de las mejores de la ciudad— en la misma intersección de las cinco esquinas, donde los semáforos se hacen eternos por confluir cuatro vías bastante recorridas, un micro cargado de pasajeros se hundió de manera dramática al ceder el asfalto, quedando buena parte de su trompa sumergida en un agujero de aproximadamente siete metros de diámetro. Escena aparatosa que por suerte no registró heridos que lamentar. Al día siguiente, desde temprano, un grupo de veinte trabajadores de una empresa contratada por Sedalib intentaba subsanar el quid del asunto: la rotura de una tubería matriz, dejando sin el abastecimiento de agua a once urbanizaciones a la redonda.

Maquillaje temporal porque en cualquier momento puede volver a colapsar.

En 1990 Kevin Bacon protagonizó Tremors, filme de horror en la que un pueblo enclavado en el desierto de Nevada es asolado por unos gusanos viscosos y carnívoros de gran tamaño que ocasionan temblores y grandes forados en la arena en pos de presas humanas. Nosotros no padecemos de ‘tremors’ pero sí de tuberías viejas que amenazan con hundir los cimientos de la urbe mismo Venecia.

En Trujillo existen 1.200 kilómetros de agua potable y alcantarillado, de los cuales el 80% tiene más de 60 años de vida útil. La gran mayoría de estas conexiones son de asbesto y cemento que por la erosión natural de tanta agua, pichi y caca se han corroído hasta el punto de desaparecer. La filtración de fluidos hace que la tierra ceda y se diluya y que el asfalto de la pista se parta como una oblea.

Sedalib es una empresa pública dedicada a suministrar el servicio de agua y alcantarillado a la ciudad. Durante muchos años estuvo manejada por la mafia aprista, utilizándola, en muchos casos, como su ‘caja chica’. Como empresa que depende directamente de la municipalidad, al partido de Acuña le costó mucho por erradicar a unos funcionarios enquistados en sus oficinas, protegidos por el régimen de Alan. Recién con Ollanta en el poder, el actual gobierno edil ha podido tomar las riendas como le corresponde, heredando los pasivos de tanta agua turbia y la negligencia de no atender un problema que hace muchos años se veía venir (el tiempo útil de una tubería de cemento es de 15 años).

Para cambiar los tubos obsoletos de agua y alcantarillado se necesita una inversión de mil millones de soles, partida que Sedalib debe gestionar ante el Ministerio de Vivienda. No estoy al tanto si la actual administración viene gestionando la solución de este problema, pero mientras tanto no nos queda más que rogar que la tierra no nos trague cuando nos movilicemos en algún vehículo o crucemos a pie la pista.

Como se vanagloriaba el anterior régimen aprista: “El Perú avanza”. 

Fotografías tomadas de la edición web del diario La Industria.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

El accidente del bus Horna también merece un artículo de denuncia. Es lamentable que viajar en este tipo de buses al interior del país, se convierta en todo un desafío del cual no sabes si saldrás ileso. Casi como una ruleta rusa.
Y las autoridades.. qué ? No es justo, hay vidas humanas que merecen todo el respeto. VB