martes, 15 de agosto de 2017

a kike con cariño

Kike Caro, Miki Ganoza y sus
alumnos de la
Promo XXVIII del SJO.
Todos los colegios tienen un profesor emblemático, un maestro cuyas enseñanzas perduran para siempre en sus discípulos. En el San José Obrero-Marianistas de Trujillo ese sitial le corresponde por canasteada a Enrique Caro White.

Personaje de vastísima cultura, su materia fuerte era la Historia Universal —uno de esos cursos humanistas expectorados de la malla curricular por Fujimori— donde se explayaba a su regalado gusto para embelesar a su corta (por edad) audiencia contándoles como pocos las andanzas de egipcios, griegos y fenicios en Primer Año, de ostrogodos, francos y visigodos en Segundo, la Revolución Francesa en Tercero y las Guerras Mundiales en Cuarto. En Quinto dejaba la historia y nos enseñaba Filosofía y Lógica. Kike era un orador elocuente, de un verbo cultivado, que matizaba sus lecciones programadas con temas de actualidad. Se método pedagógico era la exposición prolongada —setenta minutos en promedio— en los que nadie se atrevía a interrumpir, acto que te podía costar un severo pellizco que te dejaba el hombro moreteado y adolorido por el resto de la semana. Cuando el profesor dictaba su clase, todo alrededor se callaba. Con él se cumplía muy bien el eslogan de Pioneer: “El resto es silencio”.

De elevada estatura y cabello canoso prematuro, no recuerdo haberlo visto alguna vez con terno en clases, marcando distancia con la mayoría de sus colegas. Su vestimenta usual era un polo con cuello que marcaba muy bien su porte atlético —practicaba natación y le gustaba la playa—, no necesitaba de corbatas para lucir elegante. Tampoco era muy amigo de usar la pizarra, quizás por evitar embadurnarse los dedos con tiza, menos de revisar cuadernos y esas cojudeces por el estilo, lo suyo, reitero, era la verborrea, hablando con una letanía que me imagino adquirió en sus tres años en un Seminario de España donde quiso recibirse de sacerdote y se desanimó cuando le faltaba poco para ceñirse los hábitos. Enemigo de expresar afectos, no recuerdo ningún comentario zalamero por nada ni por nadie, le bastaba de sus conocimientos para ganarse el cariño y respeto en el aula. Calculo que debió enseñarle a unas cuarenta promociones de sanjosefinos y por absoluta mayoría era el profesor referente, el número uno, el invitado estrella de todos los reencuentros de ex alumnos y clases de recuerdo, en la última de ellas nos dejó una enseñanza memorable, “disfruten de este momento porque la felicidad no es eterna, está constituida por instantes como estos”. 

Vecino cercano al centro histórico de la ciudad, era común verlo de noche caminar por las calles, yendo al cine solo como buen cinéfilo que se respete o recorriendo estaciones en Semana Santa, porque si bien era gustoso consumidor de Voltaire y otros autores heréticos, nunca dejó de ser un hombre creyente. Cuando me mudé cerca de Albretch, tuve la dicha de disfrutar de sus prodigiosas chácharas, sobre todo en los últimos veranos cuando sacaba a mis hijos al parque y Kike se sentaba conmigo en una de las bancas para hablar de política, literatura, chismes de las rancias familias trujillanas y, sobre todo, de cine. Nunca se lo dije, pero gracias a esa manera tan minuciosa que tenía él para graficar las escenas de las películas, con un brillo goloso en los ojos, augurando un suculento placer audiovisual pude disfrutar de Teorema de Pasolini o Straw Dogs de Peckinpah. La última película que me prestó fue The Secret of Santa Vittoria con Anthony Quinn y Anna Magnani, quedó pendiente que me prestara Du Rififi chez les hommes. Lo tendré presente cuando tenga la oportunidad de verla.

Nunca tuve la oportunidad de leer nada de Kike. No sé, ni le pregunté, si alguna vez había escrito algo, pero presumo por la calidad de expresar sus ideas que hubiera sido un excelente analista político, a la par de un consumado crítico de arte, lástima que no tuviera nunca una columna en cualquier medio masivo. En los últimos meses, tras diagnosticarle y tratarse del cáncer al estómago, las últimas conversaciones que tuve giraban, irremediablemente, sobre su enfermedad. En el verano lo vi con unas cajas de leche y tuve la osadía de preguntarle: “¿No te han prohibido la lactosa?”, a lo que tajantemente me respondió: “¡Siempre he tomado leche y me moriré tomando leche!” y le di la razón; privarse de lo que te gusta en las postrimerías no tiene sentido. Hace cuatro días lo vi de pasada en la calle, a dos cuadras de su casa, frente a la estación de bomberos. Caminaba despacio, con una bolsa llevando no sé que diablos, lucía delgado, con el rostro sin afeitar y algunas llagas en los labios, pero su tez ya no tenía un color cenizo, si no su rosado natural. Como yo andaba apurado, me detuve para que me dijera un escueto: “Todavía sigo andando” y tomándole de los brazos con un “¡Fuerza. Kike!”, seguí mi rumbo sin imaginar que sería la última vez que cruzaríamos palabras. Hoy martes 15 de agosto, Kike Caro, infatigable caminante, ha tomado a los setenta y siete años la ruta que tarde o temprano, docentes y discentes tendremos que tomar. El profesor, por fin, ha dejado de enseñar.                    

sábado, 10 de junio de 2017

pura finta

Un lunes, los peruanos se enteran que la leche que toman no es leche, gracias a que en el mercado panameño se prohíbe el ingreso de un producto lácteo que no es muy ‘lácteo’. El martes, la empresa Gloria sale en defensa de Pura Vida, aduciendo que contiene 60% leche de vaca y 40% de sabrá Dios qué y que para no seguir confundiendo a los burros que no se toman la molestia de leer sus componentes, sacarán a la vaquita de su etiqueta, aunque nunca aclaran cuándo, seguro apenas se les acabe los miles de litros etiquetados que tienen en stock. El miércoles, Indecopi solicita el cese de la comercialización de una marca que a estas alturas ante la opinión pública ha quedado peor que engrudo, como ‘medida cautelar’ hasta que Digesa se pronuncie —recién— sobre sus condiciones sanitarias. El jueves, los supermercados proceden a sacar de sus góndolas todo lo que suene a Pura Vida y por siaca otras marcas de Gloria como Bonlé. Por su parte, algunas municipalidades requisan bolsas y latas en bodegas y mercados populares. El viernes, ante la pérdida —inevitable— y millonaria, la empresa Gloria hace oficial la defunción de la marca Pura Vida, anunciando que en su reemplazo lanzará otra de precio similar —menos de tres soles— esta vez con el porcentaje suficiente para ser considerada ‘leche’ y enriquecida con más nutrientes y minerales como indemnización a tantos años de haberle metido la yuca a los consumidores. Colorín Colorado, este cuento parece acabado. A Gloria le caerá una multa a monto de propina y la gente, por costumbre o por necesidad, seguirá consumiendo sus leches, confundiendo lo químico con lo natural. Total, nos llamamos Perú con P de Pura Vida y aquí no pasa nada. 

Pura Vida irrumpió en el mercado peruano en 2002 con una campaña publicitaria bastante llamativa, ideada por Pragma/DDB. El spot escenificaba una actuación de colegio en el Día de la Madre y una profesora que decía: “A continuación Miguelito del Primer Grado recitará el poema: ‘El amor de mamá es tan grande como yo’” y elevaba el micrófono a gran altura, dando a entender que el tal Miguelito era del tamaño de un basquetbolista. La locución en off terminaba con el eslogan: “Para que tus hijos sean mejores que tú”. En 2005, la marca se aventuraría a su primera extensión de línea, al yogurt bebible que llevaba ‘NutriBio’, un componente que según el comercial ayudaba a la flora intestinal y cerraba con el eslogan: “Para una vida más sana”. Sin que los consumidores sospecharan que se trataba de una marca de Gloria —recurso totalmente válido en el marketing en el intento de ocupar varios nichos—, Pura Vida siguió extendiéndose por otras categorías, como jugos de ‘fruta’ y aguas de mesa, con el aval y consentimiento de Indecopi y Digesa, es decir quince largos años sin que ninguna entidad o autoridad competente se manifestara al respecto, pecando de dejadez, omisión, permisividad y quizá de corrupción. 

Indigna, ofende y duele que una Corporación peruana con presencia en varios mercados internacionales como Gloria engañe, estafe y presumiblemente cause daños en los organismos de los pobladores más vulnerables, incentivando el consumo de productos nocivos para la salud. Lejos han quedado los días cuando la empresa se pavoneaba con el eslogan: “La calidad que usted conoce”. Sin embargo, si hacemos un mea culpa, la responsabilidad de un timo tan prolongado recae en todos. En el Gobierno —llámese funcionarios, congresistas, entidades sanitarias y de protección al consumidor— al no realizar su función fiscalizadora. A los periodistas por hacerse la vista gorda. A los medios de comunicación por el temor de perder pauta publicitaria. A los publicistas por elaborar mensajes engañosos y manipuladores, ocultando o maquillando la información. A la sociedad en general por comprar sin informarse bien. A las madres que prefieren comprar productos envasados por su pragmatismo y comodidad. A los padres —como yo— que optan por comprar una caja que cuesta cuatro soles en vez de un litro de leche pura que cuesta tres veces menos y nutre mucho más y ahora ni de coña puedo hacer que mis hijos elijan el sabor natural porque ya se acostumbraron a ese líquido agualate cargado de preservantes.

Como comunicador creo en la libre empresa pero me parece escabroso que todavía prevalezca la premisa de que el mercado es una jungla y que hay que vender-vender-vender porque lo único que interesa es ganar-ganar-ganar. En este semestre tengo el agrado de volver a enseñar Publicidad a estudiantes de Administración y Marketing y al tocar el tema Pura Vida me di con la sorpresa que la mayoría de ellos justificaba el uso de la publicidad engañosa con tal de alcanzar las metas, aduciendo que la gran mayoría de productos alimenticios que se comercian en en Perú no son lo que dicen que son y cómo “todo el mundo lo hace”, es válido que Gloria lo haga también. Si los futuros mercadólogos tienen esta perspectiva de su profesión, podemos inferir cuál es la visión de la ética que tienen los profesionales en el campo —muchos de ellos catedráticos— viendo a sus clientes como sujetos a los cuales hay que esquilmar sus bolsillos, sin ningún tipo de respeto o consideración. 

Pedirle ética a un marketero o a un publicista puede sonar tan risible como pedirle a las vacas leche condensada. Para contrarrestar su lucrativo (diabólico) proceder, a los consumidores sólo nos queda educarnos un poco más y rebelarnos contra las industrias que nos timan y atentan contra la vida y la salud de nuestros hijos. Tenemos el poder de no comprar, no elegir, no recomendar. Podemos hacer que las marcas sean más honestas con nosotros, ofreciéndonos un trato adecuado y no nos vean solamente como billetes circulando. Podemos mucho si nos informamos, aunque en un mundo hipercomunicado es cada vez más difícil encontrar información no manipulada. 

sábado, 13 de mayo de 2017

el trece de mayo celebra su centenario

Los católicos celebran hoy cien años de la aparición de la Virgen en Fátima. No es poca cosa. De hecho es la visita celestial más grandiosa y sensacional en una centuria. La repercusión de la efeméride ha pasado casi desapercibida en este mundo descreído. Qué lejanos me parecen los tiempos cuando era estudiante de un colegio de la congregación Marianista y todos los 13 de mayo alzábamos nuestras voces crédulas para cantar que la Virgen María bajó de los cielos a Cova de Iría, aunque las monjas norteamericanas no se tomaron la molestia de explicarnos que ‘Cova de Iría’ era el lugar específico donde la madre de Jesús se manifestó. El evento me parecía tan mágico que no creía que podía haber pasado relativamente hace tan poco tiempo. Prodigios de este calibre me parecían propios de la época de Cristo o máximo del medioevo cuando la cobertura de la Iglesia propiciaba que proliferaran los milagros. Más alucinante me pareció cuando la sister Michelle nos dijo que la pastorcita Lucía todavía estaba con vida, que era contemporánea a nosotros y que la podíamos visitar si nuestros viejos costeaban nuestros pasajes hasta el monasterio de Portugal donde radicaba. Ver a la única persona viva, certificada por la Iglesia, que había visto en directo a la Virgen me parecía en mis cortos ocho años algo trascendente a experimentar. Preguntarle, si se me permite, cómo son los rasgos de su cara, cual es el color de sus ojos y de su piel, cómo le gusta presentarse ataviada, etc., hubiera sido una epifanía crucial. 

Pasaron los años y el entusiasmo por el 13 de mayo fue aminorando, incluso en el propio colegio mariano donde no recuerdo otras actuaciones o eventos especiales ante la cercanía de la fecha. No creo haber cantado nunca El 13 de Mayo en la Secundaria. A mi adquirida incredulidad se sumaba a las discusiones teológicas que ocupaban a los religiosos a fines de la década de 1980, como la falsedad del Santo Sudario de Turín, las nuevas versiones sobre el supuesto asesinato de Juan Pablo I y el escándalo del Banco Ambrosiano y el estreno de La Última Tentación de Cristo de Scorsese, que en el Perú estuvo censurado por más de nueve años. 

Salido del colegio, me olvidé por completo de la fecha. En 1995 cobró cierta notoriedad por parte de los medios al anunciar Juan Pablo II que se revelaría por fin el ‘Tercer Misterio de Fátima’, tantos años guardados bajo siete llaves. El Primer Misterio hablaba de la visión horrorosa que tuvieron los pastorcitos del Infierno (donde seguro debo tener una parcela bastante amplia), el Segundo, sobre el advenimiento del comunismo en Rusia y la nefasta influencia que iba a tener esta ideología diabólica hasta la caída del muro de Berlín. El Tercero, al que mucha gente vaticinaba un contenido tan apocalíptico como las profecías de Nostradamus, más que hablar del fin de los tiempos, parece vaticinar el fin de la Iglesia a manos de una cruel e inmisericorde soldadesca, pero no dice cuándo ni por qué. La decepción que provocó entre los ‘apocaliptas’ hizo que se especulara que muchos pasajes escabrosos fueron censurados para no inquietar a las masas.

Díez años después, el 13 de febrero de 2005 (parece que el 13 es el número cabalístico), la pastorcita Lucía de los Santos falleció a la prolongada edad de noventa y siete años. Los otros dos pastorcitos, los hermanos Francisco y Jacinta fallecieron niños, como había vaticinado la Virgen, víctimas de la gripe española. No sé que milagros cometieron después de muertos pero ambos fueron canonizados el día de hoy por el papa Francisco, siendo con diez y nueve años respectivamente, los santos más jóvenes de todo el santoral.

No soy creyente e incluso mi escepticismo se amamantó con tantas vírgenes que lloraban y otros psicosociales ideados por la dupla Fujimori-Montesinos, pero me llama la atención la indiferencia de un acontecimiento que debió tener una celebración apoteósica en los propios colegios. En el plantel de mis hijos, por ejemplo, todo estuvo enfocado en la celebración del Día de la Madre y a la llamada ‘Madre de la Humanidad’ no se le dedicó ni un mísero Rosario. Los tiempos cambian y la prioridad de creencias también.

miércoles, 5 de abril de 2017

a veinticinco años del autogolpe


En 1990 yo fui uno de los tantos jóvenes que apoyó la candidatura de Vargas Llosa a la presidencia de la república. Simplemente apoyé porque a pesar de tener dieciocho años cumplidos a muchos de mi generación no se les permitió votar. La Libreta Electoral de tres cuerpos nos la entregaron consumado el proceso, hablándose de una estratagema aprista para impedirnos votar a una masa que —supuestamente— en su mayoría simpatizaba con las ideas de cambio enunciadas por el escribidor. Ganó un candidato desconocido de origen japonés con el apoyo rochoso del oficialismo, de la izquierda y de las iglesias evangélicas, asestándole un golpe de muerte a los políticos y a los partidos tradicionales que perdura hasta hoy. Fujimori, una propuesta sin cuadros ni personas reconocidas, ganó con un 70% de los votos en Segunda Vuelta, una derrota aplastante que le permitió apenas tomó el poder a abjurar lo que prometió no iba a hacer: aplicar el shock económico propuesto por su contendor. El ‘chinito’ que dizque había financiado su campaña vendiendo unas chacritas y un tractor le metió la yuca a todos lo que apostaron por él. Se graduaba de mentiroso e institucionalizó en nuestra política la de la falsa promesa que siempre ha existido, por si acaso, pero nunca antes tuvo ayayeros que aplaudieron su pendejada.  

En 1992, Fujimori había conseguido frenar la hiperinflación, aparte de derribar el proteccionismo a la industria nacional, abriendo las puertas del libre mercado. Todavía arrastrábamos el peor flagelo de la década anterior, el terrorismo y tanto el Poder Legislativo como el Poder Judicial ahondaban la crisis con sus posturas obstruccionistas, similares a las que el fujimorismo de hoy le hacen a PPK. Una noche de domingo, el ‘Chinito’ irrumpió en nuestros televisores y pronunció su famoso: “¡Disolver, disolver...!” y de un tancazo nos quedamos sin democracia, medida que el 80% de los peruanos aplaudimos en su momento, sobre todo los jóvenes que estábamos aburridos de la politiquería tradicional —“Alan García y su compañía, Villanueva del Campo me da tanto asco como Chirinos Soto con su cara de poto...”— y apoyamos una medida extrema, tratándose mayoritariamente de una generación pesimista que quería un cambio radical, un cambio que nunca iba a darse en democracia (menos con los líderes políticos de ese entonces con los que nadie se identificaba) y me recuerdo con mi insolencia juvenil debatiendo con mis profesores en la universidad, al día siguiente en clases, discutiendo con los estudiantes de Derecho que intentaban una defensa de la democracia. “¡Fujimori es la respuesta a la inoperancia!”, exclamaba convencido. Los pocos opositores me tildaron de fascista, de pinochetista, y yo me defendía definiéndome como alguien que apostaba por el Cambio 90, por las revoluciones que nunca se pueden realizar en democracia ...y menos con la caricatura de políticos que teníamos en el Legislativo.

Ese mismo año, en septiembre, cayó Abimael Guzmán y si bien la estrategia fujimorista tuvo muy poco que ver en su captura, fue el golpe que necesitaban para el proceso de pacificación. Un mes más tarde, en octubre, mi generación pudo votar por primera vez en el plebiscito por la constituyente. No voté por la gente de Fujimori, voté por el PPC liderado por Lourdes Flores. En 1993 voté por el SÍ a la constitución fujimorista, no porque me gustara este documento que todavía nos sigue rigiendo, si no porque pensaba que votar por el NO sería apoyar a los picones y obstruccionistas y nos meteríamos en una discusión bizantina de nunca acabar.

Reitero que si bien apoyé el autogolpe y la constitución del '93, Fujimori nunca ha sido santo de mi devoción. Quizá la culpa la tenga mi viejo que me decía: “desconfía de las personas que tenga labios delgados” y esa es una de las características físicas del ‘Chinito’. Si bien le reconozco que tuvo un buen primer gobierno y que tras el desastre aprista de 1985-1990 reconstruyó el país, en 1995 voté por Ricardo Belmont cuando yo y muchos más debimos votar por otro peruano ilustre como Pérez de Cuellar. Fujimori, como era lógico por su acogida popular, se reeligió por goleada y comenzaría un segundo mandato donde comenzó a borrar todo lo bueno que había hecho. Montesinos y De Bari tuvieron mayor protagonismo. La economía hizo agua. Las empresas cerraban y la gente comenzó a quitarse del país por oleadas. El congreso con mayoría fujimorista promovió la re-reelección del mandatario. Los políticos de diversas tiendas, los medios y los empresarios se corrompieron. Los destinos del país no se decidían en Palacio de Gobierno sino en una salita del SIN. Lo único bueno que hizo el fujimorato en ese periodo nefasto fue conseguir que Ecuador firmara la paz en Itamaraty, solucionando un problema limítrofe de muchos años, pero que en su momento fue muy impopular por la entrega de un puto kilómetro cuadrado en Tiwinza.

En 2000 fuimos testigos de un fraude electoral escandaloso. La ‘prensa naranja’ de Montesinos destruyó las candidaturas de Andrade, Castañeda, pero le faltó reflejos para tumbarse a Toledo que ganó por no menos de ocho puntos porcentuales, aunque en mesa se invirtieron los papeles. Aparte de la marcha de los cuatro suyos, los peruanos aceptamos pasivamente un tercer mandato que se vino abajo en septiembre cuando se propaló el primer ‘vladivideo’ un jueves. Dos días después, el sábado por la noche, Fujimori, al igual que el 5 de abril de ocho años atrás y sin consultarle a Montesinos —quien se hallaba celebrando el quinceañero de su hija—, salió en cadena nacional y con cara de yo no fui dijo que convocaría a elecciones presidenciales el próximo año, “proceso en el que yo, por supuesto, no participaré”. Casi de inmediato Vladimiro se dio a la fuga y Fujimori, dos meses después, renunciaría por fax y se asilaría en Japón, nombrando el Congreso como presidente a Valentín Paniagua. 

Hoy se cumplen veinticinco años del autogolpe y Fujimori, Montesinos, De Bari y varios de sus allegados se pudren en prisión, comprobándose aquello que demasiado poder termina corrompiendo a quienes lo poseen. Tengo cuarenta y cinco años y ya no soy estudiante, soy docente universitario, y sigo pensando que el autogolpe fue un mal necesario, aunque coincida con Martha Chávez quien me da tanto asco como Chirinos Soto con su cara de poto. Fue una medida extrema en una situación muy crítica en la que no había otro camino por culpa de una ‘democracia’ que obstruye y destruye. No aliento otro autogolpe, pero si a Kuczynski se le ocurre cerrar este congreso plagado de fujimoristas yo no me pongo a llorar.                      

domingo, 19 de febrero de 2017

lava jato y odebrecht en hashtags

A pesar que todavía no puede cuantificarse la magnitud de la podredumbre, Lava Jato es de esos escándalos que se vuelven espectáculo mediático, uno de esos fenómenos transmedia en donde se opina y se discute en diversas plataformas, donde la gente comenta y genera contenidos cuando apenas se ve la punta del iceberg. Yo no uso Twitter pero soltaré algunas ideas a manera de hashtags, sobre este tema que dará que hablar a lo largo de 2017.
 
#cíclicomal. La corrupción en el Perú se remonta a su fundación, cuando Atahualpa quiso comprar su libertad en el cuarto del rescate. En los últimos años ha tenido un par de sacudidas importantes, en 2001 cuando muchos terminaron en prisión gracias a los ‘vladivideos’ y en el presente cuando muchos de los que denunciaron a los fujimoristas son acusados de recibir coimas de Odebrecht. En pocas palabras, perseguidores y perseguidos pueden compartir el mismo destino.
 
#mandatariosencana. El título de presidente más corrupto del Perú lo ostenta todavía Rufino Echenique, quien hizo una hedionda fortuna con los contratos del guano. Sin embargo, tenemos ahora varios candidatos luchando por arrebatarle tal deshonor. Fujimori, quien se fugó con varias maletas repletas no precisamente de aire, es el primer ex presidente sentenciado por delitos de lesa humanidad. Es posible que Toledo y el tándem Nadine-Ollanta compartan rejas con él. Quien creo que se salva, así tenga todo en su contra, será el bueno de Alan, un pez gordo que nada muy rápido y siempre se las arregla para no caer en las redes de la Justicia.             
 
#izquierdacorrompida. Alguna vez el asesor político Favre, favorito de Odebrecht, declaró que la Izquierda sólo sirve para hacerle el juego a la Derecha. Gracias a Lava Jato, sus palabras cobran su real dimensión. La empresa constructora financió las campañas de diversos líderes izquierdosos en la región a cambio de futuras licitaciones. También a candidatos de Derecha como Santos en Colombia. La Izquierda peruana, la que enarbolaba la bandera en contra de la corrupción y la inmoralidad, ha quedado malparada a causa de los lobbies y  montos en las libretas. Podría significar la fosa común de Mendoza-Glave-Villarán, pero estamos en el Perú, tierra de ‘muertos vivientes’ y uno  nunca sabe.    
 
#porlacarretera. Kuczynski declaró, con ese tino político que tarde o temprano le va a costar la vacancia, que no todo lo que ha hecho Odebrecht en el Perú ha sido malo y en algo tiene razón. Proyectos como Olmos y Chavimochic son necesarios, al igual que la Carretera Interoceánica, una obra que por su alto costo y por la chata visión integradora es fácil de satanizar. Debe meterse preso a quien robó o sobrevaluó el colocado de asfalto sobre la selva, pero a la vez debemos elaborar estrategias de intercambio comercial entre Perú y Brasil. Es una oportunidad para que ambos países no sigan viviendo de espaldas el uno con el otro.
 
#ratasnuevas. Así como emergieron varios fiscalizadores y oportunistas tras la caída del Fujimorato, con Lava Jato aparecerán nuevos inquisidores impolutos destinados a convertirse en la clase política del mañana. Nombres que más temprano que tarde estarán salpicados con el barro de los contratos amainados, cuentas internacionales y empresas off shore, porque en el Perú las caras cambian pero la corrupción no.      
 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Tragedias de Fútbol

El Chapecoense, un equipo chico que rozó la grandeza, se aúna a lista de los que sufren la ensañada del Destino. No se me viene a la mente ningún suceso que haya diezmado a un equipo de béisbol o de básquetbol. Quizá los haya habido, pero nos sacude más los que enlutan al fútbol porque es el deporte del mundo. En este post haremos un recuento de siete accidentes de transporte. Siete tragedias futbolísticas. En menos de siete décadas.

LA TRAGEDIA DE SUPERGA Aconteció el 4 de mayo de 1949 a las 5:05 de la tarde, cuando un avión de Avio Linee Italiane en el que viajaba todo el equipo de Torino se estrelló contra el muro de contención en la parte superior de la Basílica de Superga, ubicada en una colina de Turín. Fallecieron 31 personas: 18 de ellos jugadores de la escuadra, empleados del club, periodistas y la tripulación del avión. ‘Il Grande Torino’ —como era conocido— venía de Lisboa de disputar un amistoso contra el Benfica que despedía a su ídolo Xico Ferreira. Esta tragedia, la primera que conmocionó al mundo del fútbol, diezmó a la selección italiana que perdió a la base de su equipo para el Mundial de Brasil '50 a cuyas costas arribaron... por barco.
EL CRUCE DE LA MUERTE La primera tragedia del fútbol peruano no fue la de Alianza, fue la del Aurich. El domingo 5 de julio de 1953, el ‘Ciclón’ retornaba en bus de Trujillo a Chiclayo tras derrotar 3-1 en un partido amistoso al Sport Rambler de Salaverry. A las 8.50 de la noche, en un sector de la carretera conocido como ‘El cruce de la muerte’, el vehículo que trasladaba a 55 pasajeros (entre jugadores, comando técnico, dirigentes, familiares, periodistas e hinchas) invadió los carriles y fue embestido por el tren de Ascope. El impacto ocasionó el deceso de 24 personas, la mitad de ellos futbolistas.
EL DESASTRE DE MÚNICH El 6 de febrero de 1958, el Manchester United retornaba de Belgrado tras empatar 3-3 con el Estrella Roja y clasificar a las semifinales de la Copa de Europa —hoy UEFA Champions League— y el vuelo 609 de la British European Airways hizo escala en Múnich para repostar combustible. El avión hizo dos intentos de despegue pero por problemas mecánicos se vio obligado a desistir. En el tercer intento, a las 3:04 de la tarde, el avión despegó pero falló al ganar altura y se estrelló en una casa deshabitada, colindante al aeropuerto. En el accidente murieron 23 personas, entre ellos 8 futbolistas. Entre los sobrevivientes figuraba un joven de veinte años llamado Bobby Charlton quien luego se convertiría en el jugador inglés más importante de todos los tiempos. Al igual que Italia en 1950, Inglaterra llegaría disminuido para el mundial de Suecia '58 y caería eliminado en primera ronda. 
LA TRAGEDIA DE VILOCO El 26 de septiembre de 1969 a las 3:15 de la tarde, una aeronave de Lloyd Aero Boliviano se estrelló en la localidad de Viloco, en una zona montañosa y de difícil acceso llamada La Cancha. Fallecieron 74 personas entre pasajeros comunes, personal aéreo y jugadores, cuerpo técnico y directivos de The Strongest, uno de los equipos más populares de Bolivia. El equipo atigrado venía de disputar una serie de amistosos —en los que le fue mal— en Santa Cruz y tras el accidente quedaron sumidos en una crisis institucional y financiera que les costó muchos años remontar.  
DE PUCALLPA A LA GLORIA El accidente del Fokker de la Fuerza Aérea en el mar de Ventanilla fue sin duda uno de los hechos más traumáticos de la década de 1980 en el Perú. 44 tripulantes, un solo sobreviviente —el piloto, del que hoy no se sabe nada—, desaparecieron varias promesas del balompié nacional como Lucho Escobar, Carlos Bustamante, Daniel Reyes y José Casanova, también Marcos Calderón, el entrenador peruano más exitoso de todos los tiempos, las posibilidades de convertirse en campeón en mucho tiempo y muchas preguntas sin responder que aún hoy, a casi tres décadas, hacen que la herida sea difícil de cicatrizar. Era el 8 de diciembre de 1987 a las 8:05 de la noche, Alianza Lima, el equipo de mis amores, llevaba su romance con el sufrimiento y el martirio a su máxima expresión.
EL VUELO CHIPOLOPOLO El 27 de abril de 1993, la selección nacional de Zambia, favorita para clasificar al mundial de Estados Unidos '94, partió de Lusaka con destino a Dakar a disputar su encuentro eliminatorio contra Senegal. El vuelo hizo escala en Libreville (Gabón) y de allí se precipitó a las aguas del Océano Atlántico, pereciendo los 30 tripulantes, 25 de ellos jugadores y el comando técnico. Kalusha Bwalya, máxima estrella de los ‘Chipolopolo’ —apelativo con el que se conoce a la selección de Zambia y que significa ‘balas cobrizas’—, quien prácticamente se hallaba retirado del fútbol volvió a jugar por su país y con un equipo remendado casi clasifican. Perdieron 1-0 en su visita a Marruecos,  a pocos minutos del pitazo final. 
CHAPECÓ CAYÓ Y CALLÓ Hasta hace unas semanas no sabía de donde diablos era el Chapecoense. Primero pensé que era venezolano, luego paraguayo hasta enterarme que se trataba de un club brasileño, proveniente de la localidad de Chapecó —con apenas 200 mil habitantes— en el estado de Santa Catarina. Un equipo tan modesto como ignoto que se daba el lujo de eliminar al San Lorenzo de la Copa Sudamericana y que enfrentaría en la Final al poderoso Nacional de Medellín (actual campeón de la Libertadores). El vuelo que partió de Sao Paulo e hizo escala en Santa Cruz, colisionó en el cerro El Gordo, partiéndose en tres pedazos. Sólo sobrevivieron seis de los 77 tripulantes. El ‘Verde de la Montaña’, acaso el mejor equipo de Sudamérica, en una actitud que lo enaltece, ha solicitado que Chapecoense sea declarado campeón de la Sudamericana, con lo que una institución pequeña que nunca había ganado nada importante —como el Cienciano— logrará su primer galardón internacional.  
 

domingo, 27 de noviembre de 2016

fidel ante el juicio de la historia

Fidel es una de esas personalidades que odias o amas. Puedes odiarlo por su tozudez y egolatría, por el atropello a los derechos humanos, por el empobrecimiento económico, por los perseguidos y exiliados, por la tragedia de Reinaldo Arenas y otros homosexuales, por los balseros que llegaron a Miami y por los que terminaron como bocado de tiburones. Puedes odiarlo por su injerencia directa o indirecta en diversos movimientos guerrilleros en América Latina y África, por los presos políticos, por la supresión de libertades, por haberse perpetuado en el poder, por las familias separadas que llevan décadas sin verse las caras, por los cientos —¿acaso miles?— de fusilados y desaparecidos.

Puedes amar a Fidel por sus logros en equidad social, por la integración racial en la isla, por poseer uno de los mejores sistemas de salud pública a nivel mundial —quizá el mejor—, por la gratuidad de la enseñanza primaria, secundaria y superior —de calidad—, por exportar profesionales de calidad, por su  apoyo a las artes como la música, cine, ballet, por incentivar la práctica del deporte y haber hecho de su país una potencia en diversas disciplinas, por su oratoria, carisma y liderazgo.

Unos u otros pueden esgrimir argüir razones válidas, pero lo que queda fuera de toda discusión es que fue un personaje decisivo y fundamental, el hombre más famoso e influyente de América Latina en el siglo XX. A pesar que le reconozco rasgos tiránicos y despóticos, soy de los que admiran sinceramente a Fidel porque su nombre será siempre para mí sinónimo de revolución, verdadera independencia, enfrentamiento de un crustáceo contra un molusco de gigantescos tentáculos y derrotarlo, a pesar de tenerlo al frente, ventana a ventana. Esta figura barbuda es la encarnación de la rebeldía y eso resulta irresistible para los románticos e inconformes. Es la representación —aunque suene a panfleto retórico— de la dignidad de los pueblos oprimidos.

Lo más probable tras su muerte es que su utopía socialista termine cayéndose a pedazos y Cuba entre en sintonía con la economía de mercado, en este siglo XXI que parece pertenecerle más a los Donald Trump o Xi Jinping, no obstante su legado quedará presente en quienes buscan un cambio o predican la justicia social. Quizá tenga que pasar dos o tres generaciones, apaciguar los odios y rencores de todos sus opositores para que al final se aquieten las voces que hoy lo condenan y como él mismo vaticinó en su juicio de 1953, la historia lo terminará absolviendo.