sábado, 13 de mayo de 2017

el trece de mayo celebra su centenario

Los católicos celebran hoy cien años de la aparición de la Virgen en Fátima. No es poca cosa. De hecho es la visita celestial más grandiosa y sensacional en una centuria. La repercusión de la efeméride ha pasado casi desapercibida en este mundo descreído. Qué lejanos me parecen los tiempos cuando era estudiante de un colegio de la congregación Marianista y todos los 13 de mayo alzábamos nuestras voces crédulas para cantar que la Virgen María bajó de los cielos a Cova de Iría, aunque las monjas norteamericanas no se tomaron la molestia de explicarnos que ‘Cova de Iría’ era el lugar específico donde la madre de Jesús se manifestó. El evento me parecía tan mágico que no creía que podía haber pasado relativamente hace tan poco tiempo. Prodigios de este calibre me parecían propios de la época de Cristo o máximo del medioevo cuando la cobertura de la Iglesia propiciaba que proliferaran los milagros. Más alucinante me pareció cuando la sister Michelle nos dijo que la pastorcita Lucía todavía estaba con vida, que era contemporánea a nosotros y que la podíamos visitar si nuestros viejos costeaban nuestros pasajes hasta el monasterio de Portugal donde radicaba. Ver a la única persona viva, certificada por la Iglesia, que había visto en directo a la Virgen me parecía en mis cortos ocho años algo trascendente a experimentar. Preguntarle, si se me permite, cómo son los rasgos de su cara, cual es el color de sus ojos y de su piel, cómo le gusta presentarse ataviada, etc., hubiera sido una epifanía crucial. 


Pasaron los años y el entusiasmo por el 13 de mayo fue aminorando, incluso en el propio colegio mariano donde no recuerdo otras actuaciones o eventos especiales ante la cercanía de la fecha. No creo haber cantado nunca El 13 de Mayo en la Secundaria. A mi adquirida incredulidad se sumaba a las discusiones teológicas que ocupaban a los religiosos a fines de la década de 1980, como la falsedad del Santo Sudario de Turín, las nuevas versiones sobre el supuesto asesinato de Juan Pablo I y el escándalo del Banco Ambrosiano y el estreno de La Última Tentación de Cristo de Scorsese, que en el Perú estuvo censurado por más de nueve años. 

Salido del colegio, me olvidé por completo de la fecha. En 1995 cobró cierta notoriedad por parte de los medios al anunciar Juan Pablo II que se revelaría por fin el ‘Tercer Misterio de Fátima’, tantos años guardados bajo siete llaves. El Primer Misterio hablaba de la visión horrorosa que tuvieron los pastorcitos del Infierno (donde seguro debo tener una parcela bastante amplia), el Segundo, sobre el advenimiento del comunismo en Rusia y la nefasta influencia que iba a tener esta ideología diabólica hasta la caída del muro de Berlín. El Tercero, al que mucha gente vaticinaba un contenido tan apocalíptico como las profecías de Nostradamus, más que hablar del fin de los tiempos, parece vaticinar el fin de la Iglesia a manos de una cruel e inmisericorde soldadesca, pero no dice cuándo ni por qué. La decepción que provocó entre los ‘apocaliptas’ hizo que se especulara que muchos pasajes escabrosos fueron censurados para no inquietar a las masas.

Díez años después, el 13 de febrero de 2005 (parece que el 13 es el número cabalístico), la pastorcita Lucía de los Santos falleció a la prolongada edad de noventa y siete años. Los otros dos pastorcitos, los hermanos Francisco y Jacinta fallecieron niños, como había vaticinado la Virgen, víctimas de la gripe española. No sé que milagros cometieron después de muertos pero ambos fueron canonizados el día de hoy por el papa Francisco, siendo con diez y nueve años respectivamente, los santos más jóvenes de todo el santoral.

No soy creyente e incluso mi escepticismo se alimentó con tantas vírgenes que lloraban y otros psicosociales ideados por la dupla Fujimori-Montesinos, pero me llama la atención la indiferencia de un acontecimiento que debió tener una celebración apoteósica en los propios colegios. En el plantel de mis hijos, por ejemplo, todo estuvo enfocado en la celebración del Día de la Madre y a la llamada ‘Madre de la Humanidad’ no se le dedicó ni un mísero Rosario. Los tiempos cambian y la prioridad de creencias también.








miércoles, 5 de abril de 2017

a veinticinco años del autogolpe


En 1990 yo fui uno de los tantos jóvenes que apoyó la candidatura de Vargas Llosa a la presidencia de la república. Simplemente apoyé porque a pesar de tener dieciocho años cumplidos a muchos de mi generación no se les permitió votar. La Libreta Electoral de tres cuerpos nos la entregaron consumado el proceso, hablándose de una estratagema aprista para impedirnos votar a una masa que —supuestamente— en su mayoría simpatizaba con las ideas de cambio enunciadas por el escribidor. Ganó un candidato desconocido de origen japonés con el apoyo rochoso del oficialismo, de la izquierda y de las iglesias evangélicas, asestándole un golpe de muerte a los políticos y a los partidos tradicionales que perdura hasta hoy. Fujimori, una propuesta sin cuadros ni personas reconocidas, ganó con un 70% de los votos en Segunda Vuelta, una derrota aplastante que le permitió apenas tomó el poder a abjurar lo que prometió no iba a hacer: aplicar el shock económico propuesto por su contendor. El ‘chinito’ que dizque había financiado su campaña vendiendo unas chacritas y un tractor le metió la yuca a todos lo que apostaron por él. Se graduaba de mentiroso e institucionalizó en nuestra política la de la falsa promesa que siempre ha existido, por si acaso, pero nunca antes tuvo ayayeros que aplaudieron su pendejada.  

En 1992, Fujimori había conseguido frenar la hiperinflación, aparte de derribar el proteccionismo a la industria nacional, abriendo las puertas del libre mercado. Todavía arrastrábamos el peor flagelo de la década anterior, el terrorismo y tanto el Poder Legislativo como el Poder Judicial ahondaban la crisis con sus posturas obstruccionistas, similares a las que el fujimorismo de hoy le hacen a PPK. Una noche de domingo, el ‘Chinito’ irrumpió en nuestros televisores y pronunció su famoso: “¡Disolver, disolver...!” y de un tancazo nos quedamos sin democracia, medida que el 80% de los peruanos aplaudimos en su momento, sobre todo los jóvenes que estábamos aburridos de la politiquería tradicional —“Alan García y su compañía, Villanueva del Campo me da tanto asco como Chirinos Soto con su cara de poto...”— y apoyamos una medida extrema, tratándose mayoritariamente de una generación pesimista que quería un cambio radical, un cambio que nunca iba a darse en democracia (menos con los líderes políticos de ese entonces con los que nadie se identificaba) y me recuerdo con mi insolencia juvenil debatiendo con mis profesores en la universidad, al día siguiente en clases, discutiendo con los estudiantes de Derecho que intentaban una defensa de la democracia. “¡Fujimori es la respuesta a la inoperancia!”, exclamaba convencido. Los pocos opositores me tildaron de fascista, de pinochetista, y yo me defendía definiéndome como alguien que apostaba por el Cambio 90, por las revoluciones que nunca se pueden realizar en democracia ...y menos con la caricatura de políticos que teníamos en el Legislativo.

Ese mismo año, en septiembre, cayó Abimael Guzmán y si bien la estrategia fujimorista tuvo muy poco que ver en su captura, fue el golpe que necesitaban para el proceso de pacificación. Un mes más tarde, en octubre, mi generación pudo votar por primera vez en el plebiscito por la constituyente. No voté por la gente de Fujimori, voté por el PPC liderado por Lourdes Flores. En 1993 voté por el SÍ a la constitución fujimorista, no porque me gustara este documento que todavía nos sigue rigiendo, si no porque pensaba que votar por el NO sería apoyar a los picones y obstruccionistas y nos meteríamos en una discusión bizantina de nunca acabar.

Reitero que si bien apoyé el autogolpe y la constitución del '93, Fujimori nunca ha sido santo de mi devoción. Quizá la culpa la tenga mi viejo que me decía: “desconfía de las personas que tenga labios delgados” y esa es una de las características físicas del ‘Chinito’. Si bien le reconozco que tuvo un buen primer gobierno y que tras el desastre aprista de 1985-1990 reconstruyó el país, en 1995 voté por Ricardo Belmont cuando yo y muchos más debimos votar por otro peruano ilustre como Pérez de Cuellar. Fujimori, como era lógico por su acogida popular, se reeligió por goleada y comenzaría un segundo mandato donde comenzó a borrar todo lo bueno que había hecho. Montesinos y De Bari tuvieron mayor protagonismo. La economía hizo agua. Las empresas cerraban y la gente comenzó a quitarse del país por oleadas. El congreso con mayoría fujimorista promovió la re-reelección del mandatario. Los políticos de diversas tiendas, los medios y los empresarios se corrompieron. Los destinos del país no se decidían en Palacio de Gobierno sino en una salita del SIN. Lo único bueno que hizo el fujimorato en ese periodo nefasto fue conseguir que Ecuador firmara la paz en Itamaraty, solucionando un problema limítrofe de muchos años, pero que en su momento fue muy impopular por la entrega de un puto kilómetro cuadrado en Tiwinza.

En 2000 fuimos testigos de un fraude electoral escandaloso. La ‘prensa naranja’ de Montesinos destruyó las candidaturas de Andrade, Castañeda, pero le faltó reflejos para tumbarse a Toledo que ganó por no menos de ocho puntos porcentuales, aunque en mesa se invirtieron los papeles. Aparte de la marcha de los cuatro suyos, los peruanos aceptamos pasivamente un tercer mandato que se vino abajo en septiembre cuando se propaló el primer ‘vladivideo’ un jueves. Dos días después, el sábado por la noche, Fujimori, al igual que el 5 de abril de ocho años atrás y sin consultarle a Montesinos —quien se hallaba celebrando el quinceañero de su hija—, salió en cadena nacional y con cara de yo no fui dijo que convocaría a elecciones presidenciales el próximo año, “proceso en el que yo, por supuesto, no participaré”. Casi de inmediato Vladimiro se dio a la fuga y Fujimori, dos meses después, renunciaría por fax y se asilaría en Japón, nombrando el Congreso como presidente a Valentín Paniagua. 

Hoy se cumplen veinticinco años del autogolpe y Fujimori, Montesinos, De Bari y varios de sus allegados se pudren en prisión, comprobándose aquello que demasiado poder termina corrompiendo a quienes lo poseen. Tengo cuarenta y cinco años y ya no soy estudiante, soy docente universitario, y sigo pensando que el autogolpe fue un mal necesario, aunque coincida con Martha Chávez quien me da tanto asco como Chirinos Soto con su cara de poto. Fue una medida extrema en una situación muy crítica en la que no había otro camino por culpa de una ‘democracia’ que obstruye y destruye. No aliento otro autogolpe, pero si a Kuczynski se le ocurre cerrar este congreso plagado de fujimoristas yo no me pongo a llorar.                      

domingo, 19 de febrero de 2017

lava jato y odebrecht en hashtags

A pesar que todavía no puede cuantificarse la magnitud de la podredumbre, Lava Jato es de esos escándalos que se vuelven espectáculo mediático, uno de esos fenómenos transmedia en donde se opina y se discute en diversas plataformas, donde la gente comenta y genera contenidos cuando apenas se ve la punta del iceberg. Yo no uso Twitter pero soltaré algunas ideas a manera de hashtags, sobre este tema que dará que hablar a lo largo de 2017.
 
#cíclicomal. La corrupción en el Perú se remonta a su fundación, cuando Atahualpa quiso comprar su libertad en el cuarto del rescate. En los últimos años ha tenido un par de sacudidas importantes, en 2001 cuando muchos terminaron en prisión gracias a los ‘vladivideos’ y en el presente cuando muchos de los que denunciaron a los fujimoristas son acusados de recibir coimas de Odebrecht. En pocas palabras, perseguidores y perseguidos pueden compartir el mismo destino.
 
#mandatariosencana. El título de presidente más corrupto del Perú lo ostenta todavía Rufino Echenique, quien hizo una hedionda fortuna con los contratos del guano. Sin embargo, tenemos ahora varios candidatos luchando por arrebatarle tal deshonor. Fujimori, quien se fugó con varias maletas repletas no precisamente de aire, es el primer ex presidente sentenciado por delitos de lesa humanidad. Es posible que Toledo y el tándem Nadine-Ollanta compartan rejas con él. Quien creo que se salva, así tenga todo en su contra, será el bueno de Alan, un pez gordo que nada muy rápido y siempre se las arregla para no caer en las redes de la Justicia.             
 
#izquierdacorrompida. Alguna vez el asesor político Favre, favorito de Odebrecht, declaró que la Izquierda sólo sirve para hacerle el juego a la Derecha. Gracias a Lava Jato, sus palabras cobran su real dimensión. La empresa constructora financió las campañas de diversos líderes izquierdosos en la región a cambio de futuras licitaciones. También a candidatos de Derecha como Santos en Colombia. La Izquierda peruana, la que enarbolaba la bandera en contra de la corrupción y la inmoralidad, ha quedado malparada a causa de los lobbies y  montos en las libretas. Podría significar la fosa común de Mendoza-Glave-Villarán, pero estamos en el Perú, tierra de ‘muertos vivientes’ y uno  nunca sabe.    
 
#porlacarretera. Kuczynski declaró, con ese tino político que tarde o temprano le va a costar la vacancia, que no todo lo que ha hecho Odebrecht en el Perú ha sido malo y en algo tiene razón. Proyectos como Olmos y Chavimochic son necesarios, al igual que la Carretera Interoceánica, una obra que por su alto costo y por la chata visión integradora es fácil de satanizar. Debe meterse preso a quien robó o sobrevaluó el colocado de asfalto sobre la selva, pero a la vez debemos elaborar estrategias de intercambio comercial entre Perú y Brasil. Es una oportunidad para que ambos países no sigan viviendo de espaldas el uno con el otro.
 
#ratasnuevas. Así como emergieron varios fiscalizadores y oportunistas tras la caída del Fujimorato, con Lava Jato aparecerán nuevos inquisidores impolutos destinados a convertirse en la clase política del mañana. Nombres que más temprano que tarde estarán salpicados con el barro de los contratos amainados, cuentas internacionales y empresas off shore, porque en el Perú las caras cambian pero la corrupción no.      
 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Tragedias de Fútbol

El Chapecoense, un equipo chico que rozó la grandeza, se aúna a lista de los que sufren la ensañada del Destino. No se me viene a la mente ningún suceso que haya diezmado a un equipo de béisbol o de básquetbol. Quizá los haya habido, pero nos sacude más los que enlutan al fútbol porque es el deporte del mundo. En este post haremos un recuento de siete accidentes de transporte. Siete tragedias futbolísticas. En menos de siete décadas.

LA TRAGEDIA DE SUPERGA Aconteció el 4 de mayo de 1949 a las 5:05 de la tarde, cuando un avión de Avio Linee Italiane en el que viajaba todo el equipo de Torino se estrelló contra el muro de contención en la parte superior de la Basílica de Superga, ubicada en una colina de Turín. Fallecieron 31 personas: 18 de ellos jugadores de la escuadra, empleados del club, periodistas y la tripulación del avión. ‘Il Grande Torino’ —como era conocido— venía de Lisboa de disputar un amistoso contra el Benfica que despedía a su ídolo Xico Ferreira. Esta tragedia, la primera que conmocionó al mundo del fútbol, diezmó a la selección italiana que perdió a la base de su equipo para el Mundial de Brasil '50 a cuyas costas arribaron... por barco.
EL CRUCE DE LA MUERTE La primera tragedia del fútbol peruano no fue la de Alianza, fue la del Aurich. El domingo 5 de julio de 1953, el ‘Ciclón’ retornaba en bus de Trujillo a Chiclayo tras derrotar 3-1 en un partido amistoso al Sport Rambler de Salaverry. A las 8.50 de la noche, en un sector de la carretera conocido como ‘El cruce de la muerte’, el vehículo que trasladaba a 55 pasajeros (entre jugadores, comando técnico, dirigentes, familiares, periodistas e hinchas) invadió los carriles y fue embestido por el tren de Ascope. El impacto ocasionó el deceso de 24 personas, la mitad de ellos futbolistas.
EL DESASTRE DE MÚNICH El 6 de febrero de 1958, el Manchester United retornaba de Belgrado tras empatar 3-3 con el Estrella Roja y clasificar a las semifinales de la Copa de Europa —hoy UEFA Champions League— y el vuelo 609 de la British European Airways hizo escala en Múnich para repostar combustible. El avión hizo dos intentos de despegue pero por problemas mecánicos se vio obligado a desistir. En el tercer intento, a las 3:04 de la tarde, el avión despegó pero falló al ganar altura y se estrelló en una casa deshabitada, colindante al aeropuerto. En el accidente murieron 23 personas, entre ellos 8 futbolistas. Entre los sobrevivientes figuraba un joven de veinte años llamado Bobby Charlton quien luego se convertiría en el jugador inglés más importante de todos los tiempos. Al igual que Italia en 1950, Inglaterra llegaría disminuido para el mundial de Suecia '58 y caería eliminado en primera ronda. 
LA TRAGEDIA DE VILOCO El 26 de septiembre de 1969 a las 3:15 de la tarde, una aeronave de Lloyd Aero Boliviano se estrelló en la localidad de Viloco, en una zona montañosa y de difícil acceso llamada La Cancha. Fallecieron 74 personas entre pasajeros comunes, personal aéreo y jugadores, cuerpo técnico y directivos de The Strongest, uno de los equipos más populares de Bolivia. El equipo atigrado venía de disputar una serie de amistosos —en los que le fue mal— en Santa Cruz y tras el accidente quedaron sumidos en una crisis institucional y financiera que les costó muchos años remontar.  
DE PUCALLPA A LA GLORIA El accidente del Fokker de la Fuerza Aérea en el mar de Ventanilla fue sin duda uno de los hechos más traumáticos de la década de 1980 en el Perú. 44 tripulantes, un solo sobreviviente —el piloto, del que hoy no se sabe nada—, desaparecieron varias promesas del balompié nacional como Lucho Escobar, Carlos Bustamante, Daniel Reyes y José Casanova, también Marcos Calderón, el entrenador peruano más exitoso de todos los tiempos, las posibilidades de convertirse en campeón en mucho tiempo y muchas preguntas sin responder que aún hoy, a casi tres décadas, hacen que la herida sea difícil de cicatrizar. Era el 8 de diciembre de 1987 a las 8:05 de la noche, Alianza Lima, el equipo de mis amores, llevaba su romance con el sufrimiento y el martirio a su máxima expresión.
EL VUELO CHIPOLOPOLO El 27 de abril de 1993, la selección nacional de Zambia, favorita para clasificar al mundial de Estados Unidos '94, partió de Lusaka con destino a Dakar a disputar su encuentro eliminatorio contra Senegal. El vuelo hizo escala en Libreville (Gabón) y de allí se precipitó a las aguas del Océano Atlántico, pereciendo los 30 tripulantes, 25 de ellos jugadores y el comando técnico. Kalusha Bwalya, máxima estrella de los ‘Chipolopolo’ —apelativo con el que se conoce a la selección de Zambia y que significa ‘balas cobrizas’—, quien prácticamente se hallaba retirado del fútbol volvió a jugar por su país y con un equipo remendado casi clasifican. Perdieron 1-0 en su visita a Marruecos,  a pocos minutos del pitazo final. 
CHAPECÓ CAYÓ Y CALLÓ Hasta hace unas semanas no sabía de donde diablos era el Chapecoense. Primero pensé que era venezolano, luego paraguayo hasta enterarme que se trataba de un club brasileño, proveniente de la localidad de Chapecó —con apenas 200 mil habitantes— en el estado de Santa Catarina. Un equipo tan modesto como ignoto que se daba el lujo de eliminar al San Lorenzo de la Copa Sudamericana y que enfrentaría en la Final al poderoso Nacional de Medellín (actual campeón de la Libertadores). El vuelo que partió de Sao Paulo e hizo escala en Santa Cruz, colisionó en el cerro El Gordo, partiéndose en tres pedazos. Sólo sobrevivieron seis de los 77 tripulantes. El ‘Verde de la Montaña’, acaso el mejor equipo de Sudamérica, en una actitud que lo enaltece, ha solicitado que Chapecoense sea declarado campeón de la Sudamericana, con lo que una institución pequeña que nunca había ganado nada importante —como el Cienciano— logrará su primer galardón internacional.  
 

domingo, 27 de noviembre de 2016

fidel ante el juicio de la historia

Fidel es una de esas personalidades que odias o amas. Puedes odiarlo por su tozudez y egolatría, por el atropello a los derechos humanos, por el empobrecimiento económico, por los perseguidos y exiliados, por la tragedia de Reinaldo Arenas y otros homosexuales, por los balseros que llegaron a Miami y por los que terminaron como bocado de tiburones. Puedes odiarlo por su injerencia directa o indirecta en diversos movimientos guerrilleros en América Latina y África, por los presos políticos, por la supresión de libertades, por haberse perpetuado en el poder, por las familias separadas que llevan décadas sin verse las caras, por los cientos —¿acaso miles?— de fusilados y desaparecidos.

Puedes amar a Fidel por sus logros en equidad social, por la integración racial en la isla, por poseer uno de los mejores sistemas de salud pública a nivel mundial —quizá el mejor—, por la gratuidad de la enseñanza primaria, secundaria y superior —de calidad—, por exportar profesionales de calidad, por su  apoyo a las artes como la música, cine, ballet, por incentivar la práctica del deporte y haber hecho de su país una potencia en diversas disciplinas, por su oratoria, carisma y liderazgo.

Unos u otros pueden esgrimir argüir razones válidas, pero lo que queda fuera de toda discusión es que fue un personaje decisivo y fundamental, el hombre más famoso e influyente de América Latina en el siglo XX. A pesar que le reconozco rasgos tiránicos y despóticos, soy de los que admiran sinceramente a Fidel porque su nombre será siempre para mí sinónimo de revolución, verdadera independencia, enfrentamiento de un crustáceo contra un molusco de gigantescos tentáculos y derrotarlo, a pesar de tenerlo al frente, ventana a ventana. Esta figura barbuda es la encarnación de la rebeldía y eso resulta irresistible para los románticos e inconformes. Es la representación —aunque suene a panfleto retórico— de la dignidad de los pueblos oprimidos.

Lo más probable tras su muerte es que su utopía socialista termine cayéndose a pedazos y Cuba entre en sintonía con la economía de mercado, en este siglo XXI que parece pertenecerle más a los Donald Trump o Xi Jinping, no obstante su legado quedará presente en quienes buscan un cambio o predican la justicia social. Quizá tenga que pasar dos o tres generaciones, apaciguar los odios y rencores de todos sus opositores para que al final se aquieten las voces que hoy lo condenan y como él mismo vaticinó en su juicio de 1953, la historia lo terminará absolviendo.

sábado, 12 de noviembre de 2016

cuestionario político (desde chiclayo)

Una de las mayores satisfacciones que conservo en estos catorce años de docente universitario es el de mantener contacto con varios de mis alumnos, no sólo de Trujillo sino de otras ciudades como Cajamarca y Chiclayo. Diamdra Silva es una de las mejores estudiantes que tuve en la Universidad Señor de Sipán y hace un par de días me hizo una entrevista a través del chat de Facebook para su curso de Marketing Político. Estas fueron mis respuestas.  

¿Cuáles cree que son las principales causas por las que la publicidad de los políticos muchas veces no cumplen su objetivo?

Yo considero que la publicidad política o propaganda— siempre cumple con el objetivo de dar a conocer o promocionar la figura de un candidato. Su principal función es la recordación de marca. Para convencer o persuadir a que se vote por determinada propuesta son necesarias otras acciones de comunicación que generen empatía. Las personas no votan por spots o afiches, votan por nivel de afinidad o identificación. Las campañas publicitarias de Keiko y Hillary Clinton fueron millonarias en su contexto y ambas perdieron. Keiko porque un poquito más del 50% del Perú es antifujimorista y Hillary porque no supo engancharse con el americano de a pie que desea la recuperación del empleo y la economía interna, temas que Trump maniobró mejor.

¿Cuáles son los elementos publicitarios que se deben utilizar para que una campaña sea exitosa?
El marketing político consiste justamente en estudiar el mercado y comprender lo que la gente quiere. El candidato que detecte y comunique lo que anhela el inconsciente colectivo es el que tiene todo para ganar. 

Angélica Musayón es la secretaria provincial en Chiclayo del Partido Morado, nombre con el que Julio Guzmán ha rebautizado a su movimiento y ya viene desarrollando diversas acciones con miras a las elecciones de 2021. Es probable que Musayón postule para congresista, ¿qué sugerencias le daría usted para que elabore una buena campaña política, tomando en cuenta que pertenece a un Partido que apuesta por el talento peruano?
Lo bueno de trabajar con tanta anticipación es que podría seleccionar un nicho de mercado en Lambayeque, conocer qué esperan de sus autoridades y representantes y tratar de que ella sea la respuesta a la necesidad de ese grupo poblacional. El Partido Morado tiene altas posibilidades de ser el partido de los jóvenes en las próximas elecciones. A través de las redes debe mantener un contacto fluido con las personas interesadas en Guzmán, dando a conocer sus propias propuestas para solucionar la problemática de la que sería la abanderada. 

Qué es mejor en época electoral, ¿optar por una campaña emotiva o racional?
El voto en todos lados es un asunto pasional antes que racional; sin embargo, eso no convierte a los electores en seres irracionales o ‘electarados’ como son calificados muy a la ligera por algunos analistas. La gente le va a dar su voto a aquel que sienta que los representa o signifique una esperanza de mejora y para ello debe hacerse un discurso una promesa de venta que suene razonable y sea fácilmente legible y repetible por la masa. 

¿De qué manera podemos llegar a aquellas personas que no están interesadas en política?
Todos siempre estamos interesados en política, no existe abstinencia social en este tema, ese es uno de los mitos que debemos derribar. Lo que no se tiene es una participación activa, una pasividad que se confunde con indiferencia ante determinada coyuntura. La población se engancha en época de contienda electoral, incluso opinan y defienden con énfasis sus opciones, dándose verdaderos cruces de palabras ahora que existen las redes sociales. En el último proceso, el nivel de deserción al sufragio fue muy bajo y muchas personas, supuestamente indiferentes, se alinearon con Fujimori o con Kuczynski, algunos con tanta pasión que parecía que el Perú se iba a dividir después del 5 de junio. Felizmente ya todo volvió a la normalidad y lo mismo va a suceder en Estados Unidos donde ahora miles protestan contra Trump, pero mañana, cuando vean que al rottweiler le colocarán su bozal, todo se calmará. A los ‘no interesados en política’ yo más bien los calificaría como las del voto o la decisión tardía, los que sentencian a última hora por quien van a votar. La forma de llegar a ellos con antelación, es conocer cuáles son los vectores de su escepticismo y ver cómo puedes convertirte en la respuesta a sus deseos.  

Pensando en elaborar un plan de medios para Angélica Musayón, candidata que se quiere promocionar como la defensora de los derechos de las mujeres, ¿qué medios debería emplear en su campaña política?
Conocer cuáles son los medios de comunicación más consumidos por su target, en este caso las mujeres de todas las edades de Lambayeque. A todo candidato yo le recomendaría hacer uso de los medios digitales de manera intensiva desde hoy, presencia física (BTL), publicidad outdoor y recorrido de los sectores donde se reúna su grupo de interés en el tiempo inmediato a la inscripción y, dependiendo de su presupuesto y auspicios, inversión en medios masivos (ATL) en las dos últimas semanas, fundamentalmente en televisión de señal abierta. El ama de casa de hoy tiene ese aparato encendido todo el día.       

domingo, 23 de octubre de 2016

un nobel para dylan (y para la música)

Considero que la música es una de las formas más maravillosas y efectivas de transmitir poesía; mensajes que calen en tu esencia y sean capaces de cambiar la perspectiva de ver las cosas. Allá por 1963, un joven de veintidós años, provisto de una guitarra y de una armónica, preguntó musicalmente: “¿cuántos caminos debe recorrer un hombre, antes de reconocerse como tal?” o “¿cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba antes de que realmente pueda ver el cielo?” y se convirtió, sin saber, en el punto de inicio de una nueva vía de expresión sonora que influiría decididamente en el pensamiento de su tiempo, declarando finalmente: “la respuesta, amigo mío, está soplando en el viento”. 

Cuántos escritores habrían deseado que sus palabras llegaran a tanta gente a tan corta edad. Cuántos —pregunto— habrían querido experimentar, convertirse en camaleones, reinventarse de diversas formas, no mejores o inferiores a sus distintas etapas, solamente diferentes y sin importarle las lisonjas y detracciones. Marcar distancias con la responsabilidad de haber sido la voz de protesta de una generación y escribir, pasado los cuarenta, algo como: “Ha pasado mucho tiempo desde que una extraña mujer se coló en mi cama/Mira qué dulzura al dormir/Qué libres deben ser sus sueños”. 

No entiendo nada de poesía, de música algo más, pero lo poco que sé y disfruto me basta para estar conforme con que un cantautor como Robert Zimmerman haya recibido el Nobel de Literatura, hecho que por supuesto escandaliza y desgarra las investiduras de los puristas. Vargas Llosa, por ejemplo, postergado tanto tiempo a ese galardón, ha afirmado que la Academia Sueca se dejó ganar por la 'Civilización del Espectáculo' —título de uno de sus ensayos— y que lo próximo que harán será otorgar el Nobel a un futbolista. Los tiempos están cambiando, mi estimado escribidor, y como el recientemente galardonado cantaba en 1964 —año en que usted publicó su La ciudad y los perros—, yo le diría: “Vamos, escritores y críticos, que profetizan con sus plumas/Mantengan los ojos abiertos, la oportunidad no se repetirá/Y no hablen demasiado pronto, porque la ruleta está girando/Y nadie puede decir quién es el designado/Porque ahora el perdedor será el que gane después”.

Zimmerman —su apellido real, Lennon lo llama así en God— o más conocido como Bob Dylan —en tributo al poeta Dylan Thomas— ha publicado una docena de libros (la mitad de dibujos y pinturas) pero pocos lo recordarán por ello. Su legado a la cultura se encuentra en sus canciones, en sus letras que transcurrido más de media centuria, todavía gustan y calan en las nuevas audiencias. Su fraseo tiene mayor vigencia que la de muchos poetas de antaño que parecen condenados al olvido. Lo que incomoda a los doctos y eruditos es precisamente el hecho que su 'poesía' no provenga de los libros al estilo de Byron o Whitman, si no que sean cantadas, expresadas con música, con su para algunos molestosa inflexión nasal, olvidándose justamente que la literatura comenzó como una expresión oral, narrada y cantada por grandes oradores como Homero o Píndaro y la tradición se reavivó en los tiempos analfabetos del Medioevo con los cantares de gesta propalados por los juglares.

“Dylan canta para mí y para cuatro personas más en el mundo”, decía mi amigo Gonzalo Tapia, el mayor cultor del judío nacido en Minnesota que conozco, refiriéndose a la profundidad de sus composiciones, crípticas e inaccesibles para la mayoría. La letra de una canción guarda tanto valor como las letras plasmadas en el papel. El nivel textual es el mismo, a pesar que muchos obsesos, encerrados en su purismo, no desean aceptar. Cantautores de rocanrol como Leonard Cohen resultan igual de poetas como cualquiera que funge de tal. Jim Morrison quiso que se le tomara en serio como vate, dijeron de su libro An American Prayer: “está bien para tratarse de una estrella de rock”, abandonó a The Doors, se fue a París como tantos y murió sin publicar otra línea, siendo hoy tema de discusión si tenía o no talento literario.         

Particularmente opino que las canciones permiten a la poesía una oralidad más universal, llegar a una mayoría que hacen que los libros sean tumbas de papel. La Academia Sueca en vez de bastardear —denigrar— el Nobel, lo que ha hecho es darle acogida a nuevas formas de expresión literaria (como las publicaciones digitales). Lo curioso de todo es que el propio Dylan todavía no se pronuncia y no se sabe si el próximo 10 de diciembre viajará a Estocolmo y recibirá el premio. Seguro se encuentra en una encrucijada como cuando se convirtió al cristianismo y cantó: “Vas a tener que servir a alguien, de verdad que sí/vas a tener que servir a alguien/Bueno, puede ser el Diablo o puede ser el Señor, pero tú vas a tener que servir a alguien... Bob Dylan, vas a tener que servir a alguien”.