viernes, 9 de abril de 2021

Pronóstico 2021: Primera Vuelta

Poquísimas veces hemos afrontado unas elecciones donde varios postulantes tienen la posibilidad de llegar a Segunda Vuelta. A poco de cumplir con la obligación de sufragar en pandemia, me animo a pronosticar la ubicación de los dieciocho candidatos después del 11 de abril, aunque es seguro que los resultados oficiales los conoceremos recién a fin de mes. 

 

18. ANDRÉS ALCÁNTARA | DEMOCRACIA DIRECTA: Desconocido hasta por los fonavistas a los que representa, tiene los boletos comprados del último puesto. 

17. CIRO GÁLVEZ | RENACIMIENTO UNIDO NACIONAL: El covid no impidió su presencia vía Zoom en el debate donde pronunció —e insultó a sus contendores— en el idioma vernáculo más de la mitad de su discurso. La presencia de Alcántara evitará que se ubique en la cola.   

16. DANIEL SANTOS | PATRIA SEGURA: Quiso de hacer de Popy Olivera en el Debate y quedó como ‘chaleco’ de Porky, muy poco para un personaje que seguro votará por su ‘protegido’ y ver si chapa un ministerio o si no caerá en el olvido.  

15. OLLANTA HUMALA | PARTIDO NACIONALISTA PERUANO: Puesto deshonroso para un ex presidente. Similar a lo de Alan en 2016. Nadine se las olía y por eso ni se asomó en la campaña. No pesó la creación de dos programas exitosos como ‘Beca 18’ y ‘Pensión 65’. Su vínculo con Odebrecht lo hacen más candidato a prisión que al sillón presidencial.

14. MARCO ARANA | FRENTE AMPLIO: El curita que intentó agrupar a todas las izquierdas no alcanzará la salvación y será condenado a desaparecer. Sin presencia parlamentaria, le quedarán cinco años para someter sus ideas revejidas en penitencia.

13. JOSÉ VEGA | UNIÓN POR EL PERÚ: Otro sujeto anodino, títere de Antauro a quien el voto extremista del etnocacerismo le asegura bordear un 0.5%. Muy poco para el partido que fundó un peruano ilustre como Pérez de Cuellar. 

12. DANIEL SALAVERRY | SOMOS PERÚ: Al igual que en UPP, Alberto Andrade debe revolcarse en su tumba porque su partido lo encabeza un felón inescrupuloso como Salaverry y un ex presidente vacado que busca llegar al Congreso para alcanzar la inmunidad ante tantos anticuchos. Es improbable que sobrepasen la valla, pero con este JNE nunca se sabe. Capaz le dan la mano y Vizcarra logra su objetivo porque, aunque parezca inverosímil, sigue siendo el político más poderoso del Perú.  

11. ALBERTO BEINGOLEA| PARTIDO POPULAR CRISTIANO: A pesar de su buena performance en el Debate y gozar de las simpatías de muchos electores pensantes, su problema es que juega en un partido perdedor. Lástima por Luis Bedoya Reyes, fallecido el pasado 18 de marzo a los 102 años, quien hubiera sido un buen presidente del Perú. Me temo que el PPC desaparecerá con él.  

10. JULIO GUZMÁN | PARTIDO MORADO: Se lavó un poquito la cara en el Debate, tras la quemada de salir corriendo del incendio en el cuarto de su amada, pero no le basta. La ineptitud de Sagasti y compañía lo sepulta en las preferencias y agudiza la decepción que el electarado tiene por los partidos de centro. Ninguna pastrulada publicitaria de Olivares levantaría la candidatura de un cadáver político.  

09. DANIEL URRESTI | PODEMOS PERÚ: Polémico, dicharachero, frontal. Simpatías y antipatías las despierta por igual. La actual coyuntura no le favorece a un cachaco achorado. La gente lo ve más como guachimán que como presidente nacional. Factura aparte le pasa ponerse al servicio de los Luna, una estirpe que es la versión bamba de los Acuña.

08. CÉSAR ACUÑA | ALIANZA PARA EL PROGRESO: El chato la hizo como alcalde. Trujillo se modernizó en su gestión. No obstante, la ilusión de ser presidente de la república parece esquivo. Ser un empresario exitoso, emprendedor y representante de “los de abajo”, no le alcanza para despercudirse de su fama de bruto y que no piensa lo que habla. Caserito de memes y punto de redes sociales, sus sueños de opio se estrellan contra el muro cruel de la mofa, por lo que a pesar de contar con el partido político más organizado, son pocos sus paisanos que lo toman en serio. 

07. GEORGE FORSYTH | VICTORIA NACIONAL: Ubicarse entre los siete primeros parece mucho premio para un alcalde que abandonó su distrito y para un arquero mediocre cazador de mariposas. En vez de sentirse decepcionados, papá Harold y demás patrocinadores de una novel figura de treinta y ocho años, deben sentirse satisfechos por el protagonismo alcanzado por este figurín de pasarela que si lo preparan mejor, puede dar más pelea en la próxima contienda.

06. YONHY LESCANO | ACCIÓN POPULAR: En otras circunstancias, un candidato izquierdoso en un partido de centro habría sido una buena combinación. Su problema —quien por varias semanas lideró las encuestas y las preferencias de la prensa mermelera— es que carece de un discurso sólido. Cada vez que abre la boca, mete la pata. Más probable es que Chile nos devuelva el Huáscar o curar el covid con cañazo, a que lo veamos en Segunda. 

05. VERÓNIKA MENDOZA | JUNTOS POR EL PERÚ: Mitad cusqueña, mitad francesa. La chiquita chancona, uña y carne de Evo y hoy renegada de Maduro, es la favorita de varios de mis alumnos y mis amistades ‘progres’. Maneja bien su cháchara. Sus propuestas suenan convincentes. Cuenta con Pedro Francke como aval de un manejo responsable —no populistade la economía. Sin embargo, la pobre es una candidata que no termina de cuajar. Sea por el repudio de la izquierda ‘dura’. Por sus propuestas pensadas en las necesidades de los socialistas de Barranco y no en las del Perú profundo. Porque los peruanos convivimos con dos millones de venecos y vemos con espanto que conviertan el país en un ‘paraíso socialista’. Es difícil que supere los dos dígitos, aunque sus cuarenta años le garantizan volver a la carga en los comicios venideros y, como Keiko, seguir perdiendo. 

04. HERNANDO DE SOTO | AVANZA PAÍS: Su renombre internacional y reconocimiento como uno de los economistas más brillantes del orbe, con contactos en las principales potencias, lo convierten en el mejor candidato. Al igual que Pedro Castillo, ha tenido una subida espectacular en las encuestas en las dos últimas semanas. No obstante, su edad avanzada —cerca a los ochenta— y su escasa simpatía y desconexión con la masa, lo dejará fuera de carrera en el rush final. Hizo mal en que Chibolín sea su Primera Dama.

03. PEDRO CASTLLO | PERÚ LIBRE: Responsable del desinfle de Vero. Un oportunista marqueteado como campesino de sombrero, saca pecho de ser rondero cuando se trata de un profe sindicalista de regular para abajo y que ha tomado carreteras para obstruir la minería. Debe darse por satisfecho por este insospechado protagonismo entre los socialistas extremos, que son mayoría en la sierra y el sur del Perú. Un outsider que nadie vio venir y que le arrebatará el liderazgo de su partido a Vladimir Cerrón, acusado y con roche de corrupción. 

02. RAFAEL LÓPEZ ALIAGA | RENOVACIÓN POPULAR: Un fenómeno electoral. Desconocido hace unas semanas por el peruano común. Es probable que sea el presidente de un país de preferencias de centro-izquierda cuando se trata de un candidato de la derecha-conservadora-religiosa. Un gordito con pinta de haber sufrido bullying en su juventud, que cambió los goces del sexo por la autoflagelación, que lee en los debates, intolerante ante la crítica más leve, paranoico apenas le dan la contraría, de arranques misóginos contra Ana Estrada Mónica Delta o Juliana Oxenford. Un desiquilibrado emocional que parece peligroso, pero para varios peruanos es necesario porque lo ven como un empresario exitoso que traerá más rápido las vacunas contra el covid y disparar la economía colocando rieles y carreteras como la famosa autobahn del ultra nacionalismo alemán. Si cumple con expulsar a Odebrecht y con quitarle la mermelada a los medios de prensa, muchos se darían por servidos.

01. KEIKO FUJIMORI | FUERZA POPULAR: La candidata más odiada y paradójicamente la única —apuesto lo que quieranfija en Segunda Vuelta. Las encuestas nunca detectan los votos escondidos y el fujimorismo los tiene a montones en diversos estratos sociales. Debe colocarse en el primer lugar con más de 20 %. Insuficiente comparado al 39 % obtenido en 2016 y que no le alcanzó para ser presidenta. Con la multiplicación del voto anti-keiko a la hija le espera en junio una soberana pateadura y el padre seguirá pudriéndose en la cana.

miércoles, 3 de febrero de 2021

la publicidad en la era de las redes

Gonzalo Cherres, estudiante del octavo ciclo de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Trujillo, me hizo una entrevista virtual. Agradecido por la deferencia, la transcribo literalmente.

Alfieri Díaz Arias, Comunicador social especializado en publicidad y docente de las principales universidades de Trujillo, nos brinda una interesante entrevista sobre la situación de la publicidad en estos tiempos de pandemia.

Ahora que el mundo y sociedad ha cambiado por la proliferación de un virus, ¿cuál es el papel del publicista y cómo viene trabajando y conviviendo con el covid-19?

Así como todos los rubros empresariales, la publicidad iba avanzando hacía el proceso de virtualización a un paso sostenido. Había una tendencia hacia la digitalización de contenidos. El consumo de los medios tradicionales había disminuido y los publicistas tenían que buscar cuales eran los medios apropiados para intentar llegar al nuevo target. Hace unos veinte años se puso en boga la dicotomía entre los medios ATL (Above the Line) y BTL (Below the Line). Ahora con el distanciamiento social vemos que las activaciones BTL prácticamente han desaparecido y los medios digitales se han disparado y los presupuestos publicitarios en las redes, también. No obstante, desde el punto vista de la creatividad y de la elaboración de mensajes, la concepción sigue siendo la misma, sólo se adapta a las nuevas formas de comunicación.

Usted empezó siendo periodista, ¿esa formación influyó en su carrera como redactor publicitario?

No, la redacción periodística y la publicitaria son distintas y hasta opuestas. La primera intenta ser objetiva, mientras que la otra es retórica y netamente subjetiva. La redacción periodística se basa en el esquema clásico donde tienes que responder cinco interrogantes. Si bien es cierto hay un corsé que te limita a explayarte en determinado número de caracteres, cuentas con mayor libertad y más aún si ejerces el periodismo de opinión. La publicidad en cambio, exige un ejercicio de concisión. Mientras menos palabras mejor. Los publicistas hemos entendido que la gente no lee o lee muy poco, entonces tienes que usar frases cortas. Esa técnica la vas afilando en el camino. Por eso en una agencia de publicidad los equipos creativos están compuesto por duplas en donde uno puede elaborar los textos y el otro mejora la propuesta. Los mejores copys han surgido del trabajo en equipo.

¿Pero no cree que con las redes sociales el panorama ha cambiado? El internet te permite expresarte un poco más.

No. La redacción publicitaria en internet es igual de concisa que en otros medios de comunicación. Quizás puedes explayarte un poco más en el texto que acompaña a la gráfica, pero la gráfica misma que es la que te llama la atención siempre va a tener poco texto.

En alguna entrevista usted dijo que la virtud de la técnica publicitaria es expresar mucho en pocas palabras. Ahora, con esta situación han aparecido muchos emprendimientos y negocios en internet que le otorgan mayor fuerza al diseño antes que al mensaje publicitario.

Internet es el medio más democrático que existe y prolifera todo tipo de comunicación. Es un medio que ha hecho que la profesión de comunicador sea la más competitiva del mundo. Ahora cualquiera puede ser comunicador sin pasar por una formación académica. Las redes de muchos emprendimientos no están manejados por profesionales en comunicación, sino por personas que trabajan en otras áreas. Quizá buscan a un diseñador gráfico experto en diseño, pero no en lenguaje publicitario. Se preocupan más en lo que es llamativo, colorido, poner el mensaje racional, precios, modelos y el cliente está contento con eso. Posiblemente funcione en su público, pero considero que las marcas que van a lograr mejor engagement son aquellas que van a lograrse posicionar con un mensaje distinto. El problema es que estamos en una proliferación de mensajes. Las redes sociales permiten la democracia de contenidos. Antes la publicidad estaba permitida para quienes tenían mayor presupuesto, ahora cualquier persona con un presupuesto pequeño puede hacer publicidad. Con una inversión de mil soles en redes sociales puedes tener un alcance insospechado.

 Incluso mil soles es mucho…

Claro, ahora redes como Facebook e Instagram te garantizan tener un alcance que uno no pensaba, pero en una sociedad hipercomunicada, las marcas deben buscar un posicionamiento claro para que la gente las identifique. Parece que ante la proliferación de emprendimientos la búsqueda de los posicionamientos se ha perdido. La publicidad digital es un fenómeno que todavía se encuentra en un proceso de ebullición y no sabemos hasta donde va a llegar. Curiosamente con el internet nos hemos encontrado con un consumidor que no se deja seducir fácilmente por los mensajes emocionales, si no por las ofertas o por las cualidades racionales del bien o servicio.

Esta pandemia ha adelantado a este fenómeno…

Opino que el Internet, como en otros medios, la publicidad emocional terminará prevaleciendo. Si bien es cierto que muchos emprendimientos no ofrecen un concepto o mensaje claro de marca —y muchos publicistas se dan de cabezazos intentando comprender por qué funcionan—, es seguro que al final la publicidad conceptual va a prevalecer y las marcas conceptuales volverán a ser las que dominen el mercado.  

¿Los emprendimientos que no conceptualizan van a desaparecer?

Me temo que sí. La conceptualización o posicionamiento hace que la gente se identifique con la marca y genera una palabra que en internet no hay que es la fidelidad. Las que no manejan un concepto, gozan de una preferencia momentánea pero no generan engagement. Así como hoy te compraron, mañana le van a comprar a tu competencia.  

 Alguna vez escuché de usted que la sexualidad vende. Con todo esto de las mascarillas y el distanciamiento social, ¿cree que el sexo sigue vendiendo?

Yo que soy medio cavernícola creo que sí, aunque hay expertos como Martin Lindstrom, que sostienen que el sexo ya no vende porque ya no llama la atención al estar a la mano de todos y que el uso del sexo usualmente opaca a la marca. La gente recuerda más el poto que la marca, y algo de razón tendrá. Otro punto es que el nuevo consumidor rechaza los mensajes sexuales. En Latinoamérica y Estados Unidos hay una tendencia publicitaria en contra del sexo. Por ejemplo, la publicidad del rubro de las cervezas era netamente sexista y ahora ha permutado por amistad, compañerismo, nacionalismo o cualquier otro mensaje. El sexo ha quedado minimizado o perseguido por cuestiones sociales. No obstante, yo considero que el sexo sigue siendo un poderoso argumento de venta. A mí, por ejemplo, me mandan un mensaje con un poto y a pesar de haber visto miles de imágenes así, le doy clic ...y no creo ser la excepción.

Entonces, ¿la presión social y los moralismos generaron que se deje de usar el sexo como recurso publicitario?

Digamos que ha obligado a que los mensajes sexuales ahora sean más camuflados, casi subversivos, como en la época del Código Hays en el cine. Más que por moralismos, por las voces feministas que están en contra de la cosificación de la mujer. Si mostramos a una chica en tanga promocionando una cerveza, tendremos a distintos colectivos pulverizando a la marca a través de las redes sociales.

Con este exceso de oferta en el mercado digital, ¿cómo podemos diferenciarnos? ¿Cuál sería su consejo?

Para ver lo que tenemos que hacer, ubiquémonos en un mercado coyuntural, por ejemplo el de la política. En la región La Libertad tenemos dieciséis partidos, 112 candidatos peleándose por siete curules y todos absolutamente —en todo el Perú— vienen haciendo un pésimo uso de sus redes sociales. Considero que ninguno está leyendo la realidad social y creen que van a llegar al Congreso con el mismo lenguaje de hace veinte años atrás. Creen que el mensaje gracioso, el que hace de payaso, el que baila o canta, le va a generar simpatías y su mensaje se va a viralizar. Considero que las marchas del 14 de noviembre marcan un antes y un después de la comunicación política. Nos encontramos ante un público indignado por la corrupción, por el encierro, por ver que la gente se muere y no hay camas ni vacunas. El nuevo elector no quiere ver a Acuña bailando con una mocosa ni a Julio Guzmán manejando un bus o a Daniel Olivares confesando su afición por la marihuana, la gente quiere canalizar su frustración en un candidato que hable como ellos. El candidato que recoja el sentir del peruano de a pie, ese es el que va a marcar la diferencia. El mensaje no está en las redes, está en la calle. Eso es lo que no ven.  

Todos las campañas políticas en redes le parecen malas...

Malas, no... ¡pésimas! Plagadas de mal gusto. La propaganda se ha 'tiktokeado' y la gente comparte esos mensajes no porque les sean simpáticos, si no para burlarse. La generación que marchó, manipulada o no, es una generación idealista, que aborrece a los politiqueros de siempre. Yo les recomendaría a los candidatos que usen sus redes para lanzar sus propuestas sin mayores artificios, con transparencia, honestidad y un toque de denuncia o confrontación contra quienes nos vienen manejando. Esta es la oportunidad para un Antauro Humala un poco menos radical. El enojo social son los que llevaron a Hitler o a Hugo Chávez al poder.

¿Y en emprendimientos, en lo comercial?

Las marcas que van a desarrollarse son aquellas que brinden una comunicación horizontal, inmediata, que sepa comprender las necesidades del consumidor. El secreto de las redes es la inmediatez y responder siempre a cada consulta. La gente quiere todo para ya y si realmente cometes un error, reconócelo, no caigas en la soberbia. Ese tipo de acciones generan fidelidad. La empresa que venda modestia y honestidad es la que tiene en redes todas las de ganar.  

lunes, 16 de noviembre de 2020

cómo bajarse a un presidente en cinco días

La estrategia para obligar la renuncia de Merino ha sido simple. A través de redes sociales y medios de comunicación se azuzó a la insurgencia popular. Líderes de opinión a sueldo se encargaron de envenenar el ambiente hablando de la perpetración de un Golpe de Estado, cuando la vacancia había sido perfectamente constitucional. Es una prerrogativa del Congreso, según el Artículo 113 de la Carta Magna. Como vivimos tiempos de pandemia, se necesitó del aval de un famoso médico mediático que muy ligero de hueso diagnosticó que no existen riesgos de covid-19 si la gente se aglutina en la calle. No hay contagio que valga si está en juego la democracia. 

La gran mayoría de manifestantes eran —y son— pacíficos. Estudiantes. Idealistas que luchan por un país libre de corrupción. Como es necesaria la violencia, se infiltraron entre ellos grupos de buscapleitos, prestos a provocar a las fuerzas del orden. Los enfrentamientos del jueves arrojaron heridos. Ningún muerto. El viernes Perú jugó contra Chile así que se aplazó la manifestación para el sábado donde entre perdigones y bombas lacrimógenas por un lado, y piedras y artefactos pirotécnicos por el otro, terminaron con dos estudiantes muertos. Ahora sí los conspiradores contra el novísimo régimen tenían a las víctimas que necesitaban esgrimir. Los medios en una inusual transmisión ininterrumpida exigieron la renuncia del cargo del presidente constitucional, lo que finalmente aconteció horas después, el domingo al mediodía.  

Merino se fue y ni su familia lo lamenta. En los cinco días de su gobierno sólo se le vio cuando juramentó y cuando renunció. Nunca dio la cara y se escondió bajo la cama cuando ardió la calle. El cargo y la comparación con Paniagua le quedaron grande. El protagonismo de su brevísimo régimen se lo llevó entero Antero Flores-Araoz, el primer ministro que cometió el grosero error de declarar, ni bien juramentó, que a las universidades bamba había que darles una segunda oportunidad, entre ellos a la Telesup, cliente de su Estudio de Abogados. La Historia será piadosa con este presidente pusilánime. En unas semanas nadie se acordará de él.

Tras la renuncia dominical, parecía que el Perú contaría con su primera presidenta en la figura de Rocío Silva-Satisteban, pero no. El terror por ser roja, presunta terruca y enemiga del modelo económico, provocó que la torta se le quemara en la puerta del Congreso. Al día siguiente, el lunes, se eligió a Francisco Sagasti, representante del Partido Morado, como presidente del Congreso y presidente del Perú. El recibimiento de la noticia en la calle igual ha sido tibio. Por la noche igual han salido a marchar millares de personas, aunque no queda claro si quieren dinamitar el Parlamento o esperan que el Tribunal Constitucional reponga a Vizcarra en el puesto. 

Por pergaminos y trayectoria profesional parece que Sagasti es el personaje idóneo para llevar a buen puerto este proceso de transición con miras a las elecciones de abril y al cambio de mando en el bicentenario. Parece un hombre honesto, intelectual y consciente de lo efímero del puesto que ocupa. Ojalá que encuentre a las personas capaces para ocupar las carteras más importantes como son Economía, Salud y del Interior. Debe caminar con cuidado y negociar con todas las fuerzas políticas porque su gobierno se cimenta sobre hielo delgado y los azuzadores —en complicidad con los medios de comunicación— aprovecharán cualquier desliz para incendiar las calles de nuevo. 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

veinte años después...

El escenario político del Perú es similar al de hace veinte años. En noviembre de 2000, Alberto Fujimori renunció por Fax a la presidencia —dimisión que no fue aceptada por el Congreso e igual lo vacaron—, pasábamos por una fuerte recesión económica —ahora agudizada por la pandemia—, en el fútbol jugábamos fecha de Eliminatorias —Paraguay nos goleó 5-1— y Alianza Lima daba pena, Estados Unidos no definía quien había ganado las elecciones —y le robaron la presidencia a Al Gore— y fungía de presidente del Congreso Valentín Paniagua, militante de Acción Popular, el mismo partido del actual presidente del Congreso y de la República, Manuel Merino. Hace dos décadas, el Congreso de Paniagua tuvo el criterio suficiente para superar la inestabilidad y afrontamos el proceso de transición de la manera menos traumática posible. Como peruano, espero que la historia vuelva a repetirse, todo transcurra en orden de cara al proceso electoral del Bicentenario, vivamos unos meses de ‘Primavera Democrática’ y que a las personas que les toque tomar las riendas del país palíen —sería iluso pedir que solucionen— las urgencias sanitarias, económicas y de inseguridad que se han agudizado en los últimos meses.

El 9 de noviembre pasado el Congreso vacó a Martín Vizcarra por absoluta mayoría. No hubo golpe de Estado. Se valieron de una facultad constitucional de mandar a su casa —o a la cana— al mandatario que muestra pruebas claras de Incapacidad Moral. Podemos discutir que hubo ciertamente un abuso de poder, pero que el ex presidente merecía ser vacado por corrupto, felón, mentiroso, incapaz, arbitrario, déspota, anticonstitucional y demás adjetivos que le calzan como anillo al dedo, queda fuera de discusión. Ahora que ha vuelto a ser un ciudadano común y corriente ya debería pesar sobre él una prisión domiciliaria y por las evidencias que se tienen imagino que irá a la cárcel más rápido que Kuczynski y otros investigados por corrupción. Vizcarra quedará ante el Juicio de la Historia como un exabrupto, una desgracia, un paso en falso un autogol. Coimero como Gobernador de Moquegua y coimero como Ministro de Transportes. Defenestrado al Canadá como Embajador (mucho premio). Complotista en la vacancia de PPK junto con el fujimorismo (que lo pagaron caro) y César Villanueva que ahora está en prisión. Golpista cuando cerró un Congreso que una hora atrás le había dado la confianza (y que la gran mayoría aplaudió —y todavía aplauden— como focas). Persecutor implacable de sus enemigos políticos. Corruptor de los principales medios de comunicación. Descarado favoritismo para darles puestos y licitaciones a sus aliados, socios y amigos. Pésimo gestor para afrontar la recesión económica y la pandemia del Covid-19, siendo uno de los peores países en el manejo de la pandemia. Con un sujeto como este, caminábamos directo al precipicio. Quizá no haya sido la mejor forma de expectorarlo, pero había que ponerle freno a tanta incapacidad e inmoralidad. Queda esperar que la cura no sea más mala que la enfermedad. Como alguien dijo por allí, en el Perú siempre aparece alguien dispuesto a hacer las cosas peor de las que están.

Hoy es otro día y los colectivos civiles en vez de protestar por lo que es irreversible —no hay marcha atrás— lo que nos queda en estos meses es estar vigilantes a que en abril de 2021 se realicen las elecciones y que en el Congreso no se tumben los alcances de la Sunedu en materia educativa para favorecer intereses personales. Apoyar la vacancia no significa darle carta abierta a Manuel Merino, quien no parece tener la entereza de Paniagua ni a este Congreso —producto de Vizcarra— que acoge a peores parlamentarios de los que teníamos veinte años atrás, así que mantengámonos expectantes.

domingo, 12 de abril de 2020

coronavirus (segunda entrega)


La letalidad del covid-19 oscila entre un 3 y 5% de los infectados. Entre las víctimas se cuentan niños y jóvenes aparentemente sanos, aunque sus números representan una franca minoría en comparación a los fallecidos de la tercera edad o en quienes sufren de cáncer, diabetes, hipertensión u obesidad. Un público selectivo que curiosamente representa una carga económica para el Estado. Para quienes gustan de los complots y planes ocultos, esgrimen la hipótesis de que podría tratarse de un virus programado en laboratorio para deshacerse de una población que significa una carga para el erario público. Suena terrible y descabellado, propio de una pésima película de Serie B, pero más descabellado me parece que la plaga se haya desatado porque alguien se le ocurrió prepararse una sopita de murciélago.  

 

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Si bien es cierto que las mascarillas no te protegen del virus, su uso en espacios públicos podría aminorar los contagios porque disminuiría el radio de afectación de quienes tosen o estornudan (siempre y cuando no se lo retiren de la cara). El invasor no supervive en el ambiente. Se propaga a través de la saliva que alcanza, si no se le coloca esta prenda como obstáculo, hasta el medio metro de distancia. Tarde o temprano levantarán la medida y el coronavirus estará allí, acechándonos en cada esquina, por lo que nuestras costumbres sociales se trastocarán por completo. El escenario en las próximas semanas será ver a los transeúntes portando mascarillas de todo precio y calidad. Pronto saldrán al mercado las de marca, de múltiples y coloridos diseños, sean las Nike o las Tommy Hilfiger que darán más estatus a quienes las porten. Yo por mi parte evitaré tomar transportes públicos y lugares que concentren multitudes. Chao fiestas, cines, discotecas y restaurantes sólo para delivery. Va a ser sobrecogedor ver los partidos de fútbol en estadios vacíos.      

 

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El 11 de septiembre de 2001 el mundo salió del siglo XX e ingresó al siglo XXI con el desplome del World Trade Center. Creí que el advenimiento de una nueva Era se había dado con los atentados de París de la noche del 13 de noviembre de 2015, pero la disminución del accionar del Estado Islámico, aunado al asesinato de su líder Abu Bakr al-Baghdadi me hace ver que me equivoqué. La nueva Era comenzó en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan y hoy tiene a la mitad de la población mundial en cuarentena. Me imagino que cuando superemos esta crisis sanitaria —o aprendamos a convivir con ella— viviremos en un mundo distinto, mejor o peor dependerá de nosotros mismos.  

 

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Espero que el covid-19 nos deje lecciones para el futuro, ante un mundo globalizado proclive a pandemias más feroces, con virus más agresivos y contagiosos que pueden arrebatarte la vida en pocas horas. Al próximo brote que se dé en la China o en la Cochinchina, los gobiernos deben cerrar las fronteras y los espacios aéreos de inmediato para frenar la propagación. Si somos precavidos y tomamos las medidas pertinentes a tiempo podemos evitar sufrir de algo más que el pánico masivo del que ahora sufrimos.

 

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Algunas naciones enfrentan su lucha contra el coronavirus como una guerra y toda guerra conlleva al desarrollo de la tecnología. Las actividades laborales, comerciales y estudiantiles en el espacio virtual ha avanzado a pasos agigantados y no habrá marcha atrás. Muchas empresas tendrán a sus empleados trabajando desde casa, todos los pagos y transacciones, muchas tiendas y restaurantes funcionarán online, al igual que varias clases escolares y universitarias. La semana pasada me tocó dictar dos cursos, normalmente presenciales, en el aula virtual y todo se desarrolló con normalidad. Es cuestión de que docentes y estudiantes nos vayamos adaptando. Todos, por lo pronto, estamos con la tranquilidad que no somos propensos a contagiarnos en un aula cerrada. Supe solamente de un colega que tuvo problemas para dictar su clase a distancia. Su computadora se había infectado con un virus.  

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Es plausible la medida del Gobierno de contar con la televisión y la radio para difundir las clases y llegar a las viviendas de los escolares que carecen de computadoras e internet. Me recuerda a la «Ofensiva Cultural» impuesta durante el primer mandato de Alan García —recuerdo el “Entreteniendo con Cultura”, rimbombante eslogan de Panamericana TV—, ojalá nomás que no sirva como pago para diversos medios mermeleros. Pienso que esta debe ser un compromiso gratuito de todos los canales y radioemisoras para evitar que se pierda el año escolar.  

domingo, 5 de abril de 2020

coronavirus (primera entrega)


La palabra cuarentena se deriva de cuarenta. Es decir de cuarenta días de encierro forzado en caso de una enfermedad. Si esta semana el presidente Martín Vizcarra no nos sorprende con una nueva prórroga, en el Perú se han decretado cuatro semanas de cuarentena, es decir veintiocho días de confinamiento, tiempo insuficiente para contener una pandemia como la que viene azotando a todo el país. Para que una medida extrema de este tipo surta efecto, se necesitan de dos meses como mínimo. Plazo imposible en países de precaria economía como los de América Latina. La gente incluidos los 400 mil venezolanos que viven del día a día no soportarían tanto.
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“Tarde o temprano todos nos vamos a contagiar”. No son mis palabras, si no de Víctor Zamora, el actual Ministro de Salud (nunca explicaron la renuncia de la anterior ministra, Elizabeth Hinostroza, quien se marchó en silencio al quinto día de la cuarentena). Me temo que al final los hechos le van a dar la razón. Esta epidemia es incontrolable. Ante la recesión económica, el desempleo y el desenfreno social, el Gobierno se verá obligado a levantar la medida y todos los peruanos tendremos que aprender a convivir con el covid-19. Tendremos que movilizarnos a pie o en bicicleta, debido que los transportes públicos son focos infecciosos. Usar guantes y mascarillas. Guardar prudente distancia de un metro como mínimo. Cubrirse la cara al momento de toser y estornudar. No nos queda otra. O nos mata el coronavirus o nos mata el encierro improductivo.  

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 A mis cuarenta y ocho años, esta es la segunda epidemia que me toca sobrellevar en el Perú. La primera fue en el verano de 1991 con el brote del cólera, traído por un barco mercante proveniente de la China (¿por qué todas las plagas provienen de allá?). Todos nos vimos prohibidos de tomar agua del caño, bañarnos en el mar, charcos y piscinas o comer pescado, de allí que se puso de moda el cebiche de pollo. Si bien a la fecha de hoy brotamos el centenar de muertos, pienso que al final esa cifra se multiplicará por treinta mil.  

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 No soy Nostradamus y menos Agatha Lys, pero me imagino que en mayo o junio veremos en el Perú hospitales abarrotados de enfermos, cadáveres en los pasadizos y cuerpos regados por las calles como en Ecuador. Médicos que deben decidir a quien dejan vivir a quien no. Ya tomé la decisión de que si me toca perecer por la infección, será en la cama de mi aposento y no en la camilla de un nosocomio. De allí que me arrojen a la vía público y que mis restos sean recogidos por un recolector, directo al incinerador. En medio de tantos cuerpos, no creo que mis familiares puedan reclamar mis cenizas. Mi único romántico deseo es que haya una fuerte brisa y mis cenizas se esparzan libres como el viento.

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 Según los ambientalistas, el ecosistema global del planeta se ha mejorado ostensiblemente, gracias a la disminución de gases tóxicos emitidos por fábricas y la quema de combustible. Pienso que esta pandemia es el precio que viene pagando la humanidad por haber manejado el mundo de manera irresponsable en los últimos doscientos años, desde la revolución industrial. Tuvo razón Thomas Malthus al sostener que este mundo está sobrepoblado. Si el covid-19 se lleva a un 5% de la población mundial sería un mal necesario. Perderíamos 350 millones de siete mil millones y tendríamos un planeta más respirable para el ambiente y para todas las especies que cohabitan con nosotros. De allí lo ideal sería que la tasa demográfica se mantenga en un bajo nivel.

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Como en el medioevo en que la peste negra arrasó con la cuarta parte de la población de Europa, incluidos muchos reyes y condes, el covid-19 ha golpeado también a varios famosos como Paulo Dybala, Blaise Matuidi, Tom Hanks, Jackson Browne, Boris Johnson y miembros de la realeza como el príncipe Charles del Reino Unido, quien no se puede quejar, tanto quiso una corona que ya la lleva dentro de él.  

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Vivir entre cuatro paredes es estresante. Los seres humanos no nacimos para estar las veinticuatro horas juntos. Exigimos nuestro espacio. Coadyuva al estrés prender la televisión o ver en los dispositivos digitales noticias reales o fakes sobre la pandemia. El bombardeo de noticias apocalípticas nos tienen a todos con los nervios de punta por lo que yo sugeriría a los medios de comunicación de aparte de propalar las cifras de contagiados y víctimas, añadan cuántos pacientes día a día se van recuperando, recordándonos que esta plaga no es necesariamente mortal y que bien que mal si nos pesca el bicho, la gran mayoría se puede recuperar.

martes, 28 de enero de 2020

el pescadito

Claudia, mi esposa, debutó como miembro de mesas en estas elecciones que considero espurias porque terminan por avalar la atrocidad perpetrada por Vizcarra de cerrar el Congreso. Yo voté porque no quiero pagar una multa y la animé a mi esposa a que cumpliera su deber cívico por el mismo motivo. A golpe de cinco de la tarde del domingo 26, ella me llama al celular. “Amor, ¿a qué partido representa el pescadito?”


En menos de un minuto le hablé sobre Ezequiel Ataucusi Gamonal, fundador del FREPAP —Frente Popular Agrícola del Perú—. Gracias a su repentina popularidad, Alan García pensó en apoyarlo para hacerle frente a Vargas Llosa en 1990, pero al percatarse que se trataba de un fanático religioso, se decantó por apoyar a un ex rector de la Agraria. El partido ha tenido presencia congresal hasta el 2000, año en que Ataucusi fallece y como los miembros de su secta —la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal— lo consideran un profeta, creo que conservan su cadáver criogenizado —mismo Walt Disney— aguardando su resurrección. Desde allí no han vuelto a tener fortuna en ningún proceso electoral.  


“Pues aquí en mi mesa el pescadito ha quedado tercero, detrás de APP y del APRA”, me dijo en un resultado que ha sorprendido —me incluyo— a todo el país. “¿Desfilaron por tu mesa muchos barbones con túnica?”, pregunté. “¡Ninguno!”, exclamó enfática, “En el aula 110 del CEPUNT vota gente como tú o como yo”. Lo que parecería un exabrupto anecdótico, un caso aislado en una mesa donde sufraga ‘gente de ciudad’, se volvió realidad en todo el Perú cuando la ONPE emitió su boletín con resultados oficiales y anunció que el FREPAP había alcanzado un diez por ciento, ubicándolo en el cuarto lugar de las preferencias y metiendo a dieciséis congresistas teocráticos.  


La sorpresa nos fue grande porque ninguna de las encuestas previas anunció su presencia. La estadística ‘oficial’ acaparaba partidos que ni siquiera pasaron la valla del cuatro por ciento y el FREPAP no apareció ni en el rubro ‘otros’.  O las encuestadoras no realizaron su chamba como debe ser o se ocuparon de ocultar estas preferencias en ciernes, en un intento porque la masa se fijara en los partidos ‘políticamente correctos’. O, el pescadito tuvo un galopante ‘voto oculto’, porque votar por un partido mesiánico no es algo que llene precisamente de orgullo a un ciudadano culto e informado.  


La única explicación que encuentro a este favoritismo por el FREPAP es el antivoto a la política tradicional, sinónimo de corrupción, de buena parte de la población que eligió a personas ‘sanas’, religiosas, quienes por formación no te deben meter la mano al bolsillo. Ahora, lo que pueda hacer o deshacer un movimiento sectario que ha convertido en ‘padres de la patria’ a personas humildes que trabajan de estibadores o despachando fruta en un mercado, no es algo como para desvelarse. Un Parlamento tan atomizado y de rápida expiración no va a realizar cambios drásticos y lo más seguro es que se ponga al servicio del Ejecutivo.


Como comunicador, me parece un portento, digno de estudio, la estrategia de la cual se valieron para llegar —y convencer—  a más de dos millones de personas para que voten por ellos. ¿De qué canales se valieron? No tuvieron presencia en medios masivos. Naca la piriñaca en redes sociales. Lo único que les vi fue un panel a la vuelta de mi casa en Huanchaco promocionando a uno de sus candidatos (que no ganó). De hecho, el único spot del FREPAP que recuerdo históricamente es uno de 1993 estelarizado por Melcochita que decía: “¡Vota por el pescadito, ay, ay!” y mostraba un par de tramboyos.


El número de personas que votaron por ellos cuadruplica con creces a la cofradía de israelitas en todo el país. ¿Cómo llegaron a una masa tan variopinta y equidistante geográficamente? Este fenómeno es más llamativo que el llamado ‘tsunami Fujimori’ de 1990. El chinito tuvo algo de exposición mediática y su mensaje: “Honradez, tecnología y trabajo”, caló en la multitud. ¿Cuál fue el mensaje del FREPAP y quién carajo lo personalizaba? Usualmente, la gente vota por imágenes o personificaciones y este partido carece de una específica. Yo pienso en ellos y el único que se me viene a la mente es Ezequiel, que lleva dos décadas frío. El personaje más conocido es el israelita que siguió a la selección peruana en el Mundial de Rusia y la Copa América de Brasil y uno no sabe cómo.    


De cara al 2021, me queda claro que el protagonismo del FREPAP se debe al genuino desprecio que la masa siente por el Poder Legislativo y dudo que vuelvan a tener la misma suerte. Lo que me dejan estas elecciones, pensando en las elecciones generales que se avecinan, es:
1. Daniel Urresti, el congresista con más votos, es presidenciable.
2. Acción Popular es el único partido tradicional que goza de simpatías.
3. El APRA y el PPC no se van a extinguir, pero su protagonismo va a ser nulo en la próxima década.
4. La izquierda formal, representada por Veronika Mendoza y Marco Arana, ha cedido terreno a la izquierda más radical de Antauro Humala.
5. La fuerza de APP radica en el antiguo ‘sólido norte’ del aprismo. En el resto del Perú le cuesta.  
6. La corrida a lo Forrest Gump de Julio Guzmán ha hundido al partido Morado que debe pensar en otro candidato presidencial.
7. Fuerza Popular no es un cadáver, es un enfermo convaleciente. De su papel en el Congreso depende su resurgimiento o extinción.
8. Un minuto de silencio por quienes fueron: Solidaridad Nacional, Rosa Bartra, Yeni Vilcatoma, Mauricio Mulder, Juan Sheput, Salvador Heresi... De quienes no sabremos nada. Al menos por doce meses.