viernes, 3 de diciembre de 2010

trujillo y la contaminación publicitaria

La semana pasada me entrevistó Brayan Vera Alfaro, alumno de Comunicaciones de la UPN, sobre si existe en Trujillo una sobrecarga (exceso) de publicidad outdoor. Estas fueron mis respuestas.


¿Considera usted que existe un exceso de publicidad en nuestra ciudad?
No lo creo, estamos lejos de caer en los altos índices de contaminación publicitaria de Lima u otras metrópolis de América Latina. Somos una urbe de casi un millón de habitantes que ofrece muchos espacios todavía no explotados para la publicidad outdoor. La contaminación publicitaria está focalizada en algunos sectores del centro cívico como la Avenida España a la altura de El Retablo, en las cinco esquinas (España-Bolognesi, Pedro Muñiz y Juan Pablo II) y los jirones Bolívar, Pizarro, Gamarra y, en menor medida, Junín y Orbegoso.

De los lugares mencionados, ¿cuáles considera usted que sufren de una sobrecarga publicitaria?
La publicidad ambiental en Pizarro y Gamarra está en el límite de lo permisible, no sucede los mismo con Bolívar donde la contaminación visual, aunada a la concentración vehicular, se vuelve insufrible. La contaminación en este jirón, específicamente desde el Pasaje San Agustín hasta Colón está saturada de publicidad de mal gusto. Tenemos material P.O.P. de Claro y Movistar (marca identificada con un verde estridente que utilizado de manera abusiva hiere a la vista), letreros de cambio de dólares y otras monedas extranjeras, de compra-venta de oro y joyas, de zapatillas, de servicios de impresión. El municipio no ha hecho mucho por hacer respetar la regulación y el uso en este sector importante del centro de Trujillo.

¿Existe una ley de regulación y uso de publicidad outdoor en el centro cívico?
Sí. Una de las iniciativas para recuperar el centro histórico de Trujillo o lo que queda de él es que todos los locales y establecimientos públicos se deshagan de los letreros luminosos y coloquen su nombre o logomarca en material pvc o aún mejor, en hierro forjado color negro. Hay empresas que respetan esta norma como Metro o Inkafarma y locales y restaurantes como Nuestro Bar, Tributo Bar, Asturias, Amaretto, pero hay otros que la normativa es letra muerta y habría que ser con ellas más riguroso y menos contemplativo.

¿Hace cuánto que el Jirón Bolívar y otras partes del centro cívico sufren del exceso publicitario?
La actividad comercial de Trujillo a lo largo del siglo XX se concentró en el centro cívico, por ende su fisonomía ha sufrido del bombardeo de todo tipo de letreros con diseños variopintos y colores extravagantes. Gracias con la normativa antes mencionada y al hecho de que el consumo se esté mudando a la periferia a los malls el embate publicitario está disminuyendo, salvo en Bolívar que empezó a contaminarse en el último lustro del siglo pasado con la proliferación de la telefonía celular.

¿No cree usted que las grandes avenidas como América, Víctor Larco, Húsares de Junín, Prolongación Vallejo, etc., están severamente contaminadas por publicidad?
No. Podría aceptar que algunas cuadras de Prolongación Vallejo o de Húsares están al límite pero todavía no representan un riesgo serio para la paisajística trujillana. Donde todavía es permisible pero habría que tener cuidado de no caer en el exceso, sobre todo en la temporada veraniega que se avecina, es en la carretera a Huanchaco.

¿Quiénes son los afectados y beneficiados por este fenómeno?
Beneficiados nadie, afectados todos. La contaminación publicitaria satura el ojo y la mente del transeúnte. Al ver tantos mensajes aglomerados y compitiendo entre sí, simplemente anulan su impacto. A quien no le han preguntado alguna vez por determinado establecimiento público y el despistado no se percataba que estaba parado frente a la fachada con un letrero inmenso de su logomarca. El problema radicaba en que había bastante publicidad alrededor del local que opacaba y obstruía el efecto del letrero.  

¿El fenómeno de la contaminación publicitaria es mundial?
Por supuesto, es un mal endémico de todas las grandes ciudades. Sin embargo hay lugares que hacen de este problema un atractivo como Broadway Street en Nueva York, Piccadilly Circus en Londres o la propia Las Vegas donde la gente camina encandilada por la contaminación del neón. En Sao Paulo por ejemplo, la polución publicitaria era tal que la comuna tomó la medida de prohibir todo tipo de publicidad outdoor, norma que se respeta hasta la fecha. En nuestro país se vienen tomando medidas, como que los paneles estén a una distancia considerable el uno del otro, a la regulación de luces y colores en ciertos lugares, a que no tapen o malogren el paisaje urbano de la ciudad. Estas medidas lamentablemente son letra muerta en las ciudades del tercer mundo donde la contaminación publicitaria (la invitación al consumo) hace un cruel contraste con la pobreza extrema.

2 comentarios:

Atomizer dijo...

Esto en realidad es preocupante y debe ponerse mano dura cuanto antes.
Por mi parte, me cansé de ver al centro histórico tan estresante día a día.

¡GRACIAS ALFIERI POR LA ENTREVISTA!

B3 dijo...

Pero no son sólo los espacios los que contaminan, si no también cierta publicidad por sí misma.