sábado, 28 de junio de 2008

la foto de julissa

Julissa Sandoval es una muchacha tímida y reservada, uno de esos cervatillos que deambulan por el bosque de carpetas sin llamar la atención de los lobos (o compañeros de clase). Siempre de perfil bajo, pero quizá no exenta de malicia. Una noche de 2005 en clases de Estrategias Publicitarias, era parte de la tarea que los alumnos presentaran un broshure personal acompañado de una fotografía que mostrase su ‘sello de marca’ o la imagen que les gustaría publicitar. No llamó la atención que alumnas como Carolina Pérez mostrasen fotos sugestivas, eso más o menos iba con su perfil a lo largo de la carrera. La situación cambió cuando la alumna en cuestión proyectó su foto en el ecran, dejando boquiabiertos a todos los presentes. Julissita, la chiquilla timorata de cabello azabache y pequeños ojos verdes oscuros, se mostraba recostada sobre una mesa, con un vestido vaporoso y una mirada ya no medrosa sino sugerente, felina, provocadora, sensual, la Lolita de Nabokov. Como era de esperar, el aula se vino abajo entre aullidos y alborozos y a mí me tomó mucho tiempo restaurar la calma. La culpable del alboroto lucía cabizbaja, pero seguro conforme por haberse revelado de esa manera. Ahora para todos Julissa ya no sería Julissita, sino una criatura serena pero capaz de convertirse en una fiera. Esa foto fue para quienes tuvimos la oportunidad de verla casi una epifanía, un momento que resume todas las experiencias gratas de mis primeros cinco años como docente de Publicidad de la Universidad Privada del Norte. 

Mi llegada a la docencia ocurrió, como tantas cosas en mi vida, por pura casualidad. Apenas egresado, la sola idea de pararme frente a un salón de clases me causaba terror por lo que me creía vedado para la enseñanza universitaria. Lejos estaba de imaginar que esos pavores se disiparían siete años después.

Semanas antes de ingresar a la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte, me encontraba en Lima, trabajando en Young & Rubicam, donde llegué por intermedio de mi gran amigo, Chito Garrido. Si bien llevaba tiempo dentro del ámbito publicitario, la experiencia de formar parte de una agencia transnacional fue decisiva para terminar de comprender en qué consiste esa cosa llamada publicidad. Es en esas circunstancias que recibo una llamada de otro gran amigo, Lucho Pesantes, quien me anima a regresar a Trujillo por una temporada para manejar la campaña de Manuel Llempén, candidato a la presidencia regional por APP.

El sueldo ofrecido era bastante suculento por lo que no lo pensé dos veces, salí de Y & R y me aventuré a mi primera experiencia como asesor político. Bajo el eslogan: “La Libertad tiene cómo mejorar”, desarrollamos una campaña agresiva y de confrontación que fue del agrado de nuestro candidato, pero no del Chato Acuña, el dueño del circo, con quien nos entrevistamos en una sola oportunidad a los treinta días (era congresista de la república en ese entonces) y fumando sus cigarrillos Hamilton marca barata para alguien con tanta plata nos bajó el dedo, aduciendo que no quería tener confrontaciones con el APRA y que estaba pagando demasiado por una campaña que de todas maneras iba a perder. Al final, Llempén cosechó 10% de los votos y tuvo la hidalguía de reconocer que fue por nuestra labor.

Encontrándome de repente desempleado, es que Lucho Pesantes recibe una llamada y le preguntan “si el pata que ha traído de Lima estaría dispuesto a enseñar un par de cursos de publicidad”. Como no tenía nada que perder, me entrevisté con Helmut Lemke, entonces creativo publicitario de la universidad, y tras intercambiar algunos nombres y experiencias, dio el visto bueno para que me contrataran en reemplazo de Roberto Chullén, el profesor que había dejado los cursos para asumir la dirección de la carrera de comunicaciones en la USAT de Chiclayo. “Ahora, ¡qué carajo hago!”, me pregunté, abordado por mis añejos pánicos escénicos. Debo agradecer una frase de Lucho, de esas que realmente sirven porque desahuevan: “Cuando estés al frente de todos en el salón, siempre ten presente que tú vas a saber más que todos los cojudos que te escuchan”.Y tenía razón. Esa frase se convirtió en mi verdad absoluta y me cambió la perspectiva de que estar frente a la pizarra era como estar en el paredón. Mi primer día de clases estaba asustado, pero parecía que los alumnos estaban más asustados que yo. La tension inicial se disipó a medida que nos fuimos conociendo e intercambiando percepciones. Como hoja de ruta tenía el sílabo dejado por el docente anterior y sazonado con mis experiencias personales, en las semanas que restaban salí o salimos del paso de la manera más decorosa posible.

Otra verdad es que los profesores no nacen, se hacen y aprenden el proceso con el tiempo. Creo que el año 2003 fue para mí un punto de inflexión, cometí varios errores groseros aparecerme resaqueado luego de la despedida de soltero de Luisi Landeras fue uno de ellos de los cuales aprendí en el camino. Al año siguiente estuve más cuajado y empecé a desarrollar mi propia estrategia metodológica que me ha permitido granjearme más que el respeto, el cariño de varios de mis estudiantes y estoy orgulloso de ellos. Comprendí otra verdad sobre la docencia, que para ser profesor hay que tener un poco de sangre actoral en las venas, tener histrionismo y dominio escénico porque los alumnos, al fin y al cabo, son un público cautivo que pagan por aprender y para ello debes capturar su atención.

Si realizo una rápida retrospectiva, creo que lo más valioso de mis primeros cinco años de catedrático —como lo fue mi abuelo Lizardo— son la cantidad de vivencias acumuladas y la posibilidad de haber interactuado con estudiantes con bastante potencial para la profesión. 

Los alumnos que más destacaron en mi primera etapa como docente (2003-2005) fueron David Bendezú, a pesar de sus prejuicios por ser mormón. Junto con Lisbeth Velásquez le cambiamos la identidad corporativa a la Cooperativa de Ahorro y Crédito León XIII, proponiendo nuevo isologo y eslogan: “Tu crecimiento nuestro compromiso”. Creo que hoy anda por Chile haciendo publicidad... para la iglesia mormona. La dupla  Miguel Flórez y Miguel Merino, conocida como los ‘Migueles’. De ellos recuerdo dos piezas gráficas. Una en la que aparece dentro de la mochila de un muchacho universitario un paquete de pañales con el copy: “no lleves más peso del que puedas cargar” (promoción del uso del condón). La otra, el velocimetro de un auto, pero en vez de números aparecen vasos de cerveza con el copy: “Y tú, ¿a cuántos vasos vas?” (para no manejar borracho). Hoy Merino se dedica a la publicidad en gigantografías y Flórez es publicista in-house de la Universidad Señor de Sipán en Chiclayo. Marena Morel es de lejos la mejor alumna que he tenido en publicidad. Bella y muy inteligente, realizamos campañas reales para el grupo mariachi Perú Azteca jugando con canciones de su repertorio y fechas memorables: Cielito lindo para el día de los enamorados, Amor eterno para el día de la madre, Sigo siendo el rey para el día del padre. Realizamos también el branding y la campaña de lanzamiento de Cibao, un emoliente embotellado a cargo de mi amigo Valdemar Quevedo. Hoy Marena radica en Francia donde se ha especializado en diseño gráfico. Otra alumna talentosa fue Fabiola Alfaro la Fabi de quien recuerdo su campaña en contra la invasion de Estados Unidos a Iraq, mostrando una muñeca triste en una zona destruida con el siguiente copy: “las guerras dejan a los juguetes sin dueño”. Lamentablemente se preñó antes de tiempo y ahora trabaja vendiendo seguros. 

Mi segunda etapa (2005-2007) está marcada por mi contratación como docente a tiempo completo y con ello me ponen a cargo del CIA —centro de investigación aplicada— de Publicidad. Para ello conté con el apoyo incondicional de tres alumnos invaluables, David —el Dasho— Ramos, Valdemar —Valducho— Gil y sobre todo, Diego Towerz con quien estoy ligado laboralmente hasta el día de hoy. Los tres hace rato que pasaron la barrera de alumnos o discípulos para convertirse en amigos para toda la vida (los ‘Alfi Boyz’ como los llamaría Lucho Pesantes). Nuestro CIA fue el único de la universidad que nunca contó con equipos o se le designó un presupuesto, sin embargo, en su único año de funcionamiento fue el más fructífero de todos, “somos el CIA que se mueve como SEA”, nos decíamos y nuestra única paga era que nos dejaran hacer publicidad. Nuestro mejor cliente fue el Departamento de Humanidades y sus ciclos de cine, pero no puedo dejar de mencionar los dos spots televisivos que con cámara de Javier —el mito— Lara y Jaime Corvera grabamos para La Liga Peruana de Lucha contra el Cáncer. El primero era de una niña que con unas tijeras le corta el pelo a una muñeca y llorosa le reclama a su mamá por no hacerse un despistaje a tiempo, “el cáncer de mama no es un juego”. En el otro aparece una señora, que en verdad tenía cáncer, y sin ningún tipo de locución el copy rezaba: “Ella es María y tiene cáncer, se puede salvar, siempre y cuando tu indiferencia no la mate primero”. Mención honrosa merece el primer puesto logrado por Lucho Pino y Ángela Cabral en el concurso organizado por la Universidad César Vallejo en una campaña contra la violencia a la mujer. En su pieza gráfica aparece Andrea Díaz —mi alumna que tiempo después despertaría la calentura de mi hijo, un infante de cuatro años—  con el ojo moreteado, intentando cubrirlo con maquillaje. Lo acompañaba el copy: “Y los golpes en el alma, ¿cómo los maquillas?”  

Otros alumnos que merecen mención son Carolina Moreno y su notable campaña para seguros Safe, Jonathan —el mago— Meléndez y su Hamburdieta, Alba Carvajal y sus rumberos (Emilio Cojal, Diego Baca, Christian Alor y Andrés —pero qué bien— Mantilla), a pesar que la hice llorar en un examen parcial (igual que a Pierina Centurión). Además, debo recordar las ocurrencias de María Cristina Ferradas en el lonsa, el cinismo de Tony Gómez, la dulzura de Karito Ortecho, la ingenuidad de Aquiles Cabrera, los comentarios desatinados de Javier —Mostaza— Matos, la voz de Pedrito Noriega pidiendo: “¡Break!” ni bien principiada la clase, las veces que le dije “¡Cállate!” a Elizabeth Chang y mi último día de clases en Cajamarca del año 2006, enjuagados con Cajaña, la marca de aguardiente ideada por un grupo de alumnos.  

Otros momentos inolvidables —extracurriculares— fueron las diversas polladas en el fundo Ferradas. Las inolvidables tertulias en el Foster, acogedora chingana frente al colegio San Juan. El segundo viaje de estudios a Lima o de pantagruelicas borracheras en ese viejo hospedaje de San Antonio. El Dial de Oro de RPP de 1994 cuando Alfredo Niño cogió a Gómez de la Torre —máximo creativo de Leo Burnett— del pescuezo para que se tomase un trago con él. El primer Comunicadores en su Salsa. La borrachera en el Stradivarius y posterior abandonada del Maestro Yoda bregando por no zozobrar en los meneos de una lujuriosa lambada. La licenciatura en grado de excelencia de Huguito —quiere escribir— Vergara y Juan Carlos —Chubi— Wong con apoteósica e indecente celebración en El Cuatero. El almuerzo de confraternidad en Otuzco (Cajamarca) donde Paul —Mahatma Gandhi— Gogin declaró que todos los comunicadores somos gays y también que Mónica Pérez era una pendeja de m... 

Reservo el último párrafo de este recuento para mis colegas en la praxis. La lucidez de Luis Eduardo García, las conversaciones con Richard Licetti (chato entrañable), la agudeza de Gerardo Cailloma, la mordacidad de Orietta Brusa, el apasionamiento de Luis Felipe Alvarado y, aunque estuvo poco con nosotros, el cariño de José Balado, el poltoliqueño venido de una islita de mielda... Todos a su manera han colaborado no para que sea mejor docente, sino mejor persona.

En la Foto: Clase de Estrategias Publicitarias con Pierina Centurión, Carlos Pajares, Jessica Cabrejos, Lucy Laureano y Diana Pinto.
 

1 comentarios:

aquiles martin dijo...

si en setiembre del 2007 cumpliste 5 años como profesor, tonces por qué mejor no dices q ya cumpliste 6 años ahora q recién lo has publicao en tu bloG.