lunes, 22 de junio de 2009

viva el deporte

Borges comentó alguna vez lo insoportable que le resultó permanecer en Buenos Aires durante la Copa del Mundo de 1978. Despreciaba el fútbol y más aún que se glorificara a unos tipos de pantalón corto cuya inteligencia se limitaba a patear un balón. Más interesante le parecía el pugilismo donde dos hombres sudorosos se endilgan puñetazos en pos de doblegar al rival.  El autor de La Historia Universal de la Infamia no compartió con los argentinos el título mundial obtenido por su país, tampoco las desapariciones y torturas acontecidas en esos años. Recién habló del asunto en 1981 —y desde Barcelona— cuando Viola reemplazó a Videla. Cada quien es libre de identificarse o involucrarse con el tema o la causa que más le venga en gana.

Conozco a muchas personas que viven sin apasionarse por ningún deporte. Sostienen —y con razón— que si Perú clasifica a un mundial no se acaban las injusticias sociales ni la pobreza, no se desvanecen los problemas y tribulaciones individuales. La afición al deporte es pues un escapismo, una cortina de humo, una forma de distraer —mecer— la atención, es el nuevo opio del pueblo, como sostienen diversos sociólogos.

El deporte también es un medio efectivo de propaganda gubernamental e ideológica. La victoria de Max Schmeling sobre Joe Louis fue utilizada por los nazis para sustentar el mito de la superioridad aria. Los cinco campeonatos europeos consecutivos del Real Madrid promocionaban al generalissimo Francisco Franco. Duelos de la Guerra Fría fueron las partidas de Ajedrez en Rejkiavik entre Bobby Fisher y Boris Spassky o la canasta de Sergei Belov que le dio la victoria, tras ir perdiendo, a la Unión Soviética sobre los Estados Unidos en la Final de las Olimpiadas de Múnich, faltando décimas de segundo para que sonara la chicharra. Las preseas doradas en boxeo de Teófilo Stevenson en tres Olimpiadas consecutivas, además de otros atletas cubanos utilizados para promocionar la imagen del regimen castrista. El gesto de Morales Bermúdez de ponerse la camiseta sudorosa de Julio Meléndez para cantar a viva voz el himno patrio, tras derrotar 2 a 0 a Chile por las eliminatorias de 1977. El deporte está al servicio de diversos intereses extradeportivos, pero eso no es excusa para vilipendiarlo. Como bien dijo Maradona —un outsider del deporte— “la pelota no se mancha”. No pienso que la exacerbación de los nacionalismos a través del deporte sea negativo, siempre y cuando no degenere en persecusión, violencia o peor aún en Guerra como ocurrió en 1969 entre El Salvador y Honduras, donde un partido por las eliminatorias fue la excusa para que dos naciones que llevaban tiempo acumulando tensiones se declarasen la guerra.       

Soy aficionado al deporte como millones de personas en el mundo. Soy de los que se regocijan cada vez que Perú gana, sea en fútbol. vóley, box, tennis, natación, ping-pong, las escondidas, la matatirulá, etc. Cada triunfo peruano (o de los colores con los que simpatizo) me causa genuino beneplácito, así sea momentáneo y fácilmente diluible con el paso del tiempo. También soy de los que se sienten terriblemente miserables cuando, por ejemplo, pierde Alianza, pero también la depresión se diluye en minutos, horas, días (creo que no pasa de una semana) ya que el deporte siempre da revanchas.     

Como muchos peruanos, me siento feliz por el título mundial de Kina Malpartida, los campeonatos de Sofía Mulanovich o los logros de Jefferson Farfán y Claudio Pizarro. Acepto que son individuos a quienes nada les debo y ellos tampoco me deben nada, que sus triunfos son personales y sus laureles no me hacen más o menos triunfador o perdedor en la vida. Podemos ser para ellos unos ilustres desconocidos, pero presenciar el triunfo de un compatriota —sea en el deporte, el cine o la literatura— nos llena de júbilo. Son logros que nos apegan más a la tierra que nos vio nacer. No me parece chauvinismo o patrioterismo. Gozo del deporte y no me compadezcan. Más bien compadezco a quienes no pueden —o no quieren— a través de un gol tocar el cielo.

6 comentarios:

necia dijo...

¿y por qué eso de compadecer o de menospreciar a los que no comparten nuestros gustos o ningún gusto hacia los deportes? alfieri, la gente debe hacer lo que mejor le parezca al respecto. ¿a qué viene tenerle compasión por q no piensan como tú o a ponerte a la defensiva contra los q no quieren nada con los deportes? tú sigue emocionándote con todos los triunfos y fracasos de los deportes de tus amores y déjanos en paz al resto, que no te hacemos nada, leemos tranquilos o nos vamos a la playa cuando la gente se va para otro lado a ver sus deportes

alfieri dijo...

Mi querida necia, el uso del verbo "compadecer" al final del post es una figura, por no decir una broma, como para no tomar en serio el menosprecio que otros sienten por los que se ilusionan con "Perú campeón, es el grito que repite la afición".

Ya en el primer párrafo afirmo que cada uno es libre de involucrarse, identificarse o apasionarse con lo que le dé la gana y acepto que el deporte es en sí una trivialidad, un triunfo peruano no nos hace ni a ti, ni a mí, ni a nadie mejor persona. Sin embargo y parafraseando a Alfredo Di Stefano, yo soy de los que pienso que un domingo sin fútbol es como un domingo sin Sol.

Víctor Hugo dijo...

Qué bonita reflexión papá lindo.

Te comento que, a mí, no me gusta asumir el papel de observador; me aburre demasiado y me dan ganas de correrme la paja –lo cual no está mal, pero me hace flojo- En cambio, prefiero PRACTICAR (Muy aparte del pensamiento borgiano y su lado contrapuesto. Simplemente andar practicando sin pensar en el resto) algún deporte para ejercitar los músculos y entrar en contacto con los elementos de la naturaleza, intercambiando energía taquiónica para mantener estabilidad en medio del caos. Muchas veces termino ebrio de felicidad, felicidad que dura días y la gente alterada no logra comprender.

Me parece interesante la forma en que abordas el tema, creo que sin este tipo de lecturas no se podría vivir.

David dijo...

Para aquellos que no nos interesan los domingos futboleros se inventó la televisión con cable. Pues sí, cada quién tiene el derecho a ver-leer-pegar el poster de lo que se le antoje... aunque eso ha demostrado poner a nuestros compatriotas al borde de la terapia psicológica.

Un abrazo.

Tony Gómez dijo...

Me agradó tu post, Alfieri. Un país exitoso puede llegar a serlo también por contagio. La motivación de unos buenos compatriotas que en nombre del Perú logran hazañas, me parece importantísima para la mayoría de peruanos que realmente necesitan referentes de lucha y éxito. Claro, con mucha honestidad y buena onda.

De hecho siempre hay agua fiestas que refuerzan la mezquindad que se respira en el ambiente social y que no comparten esta idea pues ni sus viejos o sus vecinos aplaudirán sus logros, simplemente porque no los tienen.

necia dijo...

asu tony, suave, ¿qué logros tienen los hinchas deportivos que cuando pierden sus equipos masacran a los del bando contrario? no te emociones tanto, por ahí, quien quita que los que no nos emocionamos con los deportes, los aguafiestas como dices -partypuppers dicen los gringos- tengamos nuestras cositas buenas por ahí. no nos menosprecies tanto...