domingo, 9 de agosto de 2009

el amor es sólo una palabra

La memoria auditiva es tan poderosa como la olfativa. Existen tres canciones —baladas específicamente— que al escucharlas me remonto a la etapa cuando observaba el mundo sin ser, todavía, protagonista de mi propia vida, sino que vivía a través de las personas que me rodeaban. No voy a discutir los méritos musicales de esas canciones, me gustan y se acabó, básicamente porque forman parte de mí y siempre serán el pasaporte a mi primera infancia: La Puerta del Amor de Nino Bravo, ¿Tú me amas? de Roberto Lutti y Domenica di Salvo y la otra que es el motivo del presente post.

La tercera en cuestión es menos popular y difundida. Se caracteriza por tener un sonido más potente a causa de sus pesados riffs de guitarra. Me recuerda invariablemente a las empleadas de mi casa, la escuchaba de noche cuando me colaba en su dormitorio y las veía acompañarse con una pequeña radio a transistores. Era una canción típica de Amplitud Modulada. En los años venideros la escucharía en los programas románticos de Radio Heroica o Indoamérica, pero nunca en Radio Panamericana —la radio rock de mi juventud— o en Fm 96 que tenía en Viejitos pero buenos su programa de bandera. Ese veto me hizo pensar que se trataba de una balada ‘underground’, postergada de cualquier ranking a causa de una notoria marginalidad, por lo que era propia de los sectores populares. Diagnóstico arriesgado para un novel aficionado a la música, pero sin mayores pruebas, pienso que no me he equivocado.

Hoy, domingo por la tarde, la escuché por primera vez en lo que va del siglo XXI, en La hora del lonchecito, el programa número uno de La Inolvidable. Infructuosamente aguardé que el locutor, el chato Koky Salgado, mencionara el título y la autoría de la tonada, pasó de largo y ponchó Mil años de Dino, cantante peruano natural de Supe, cuyas trompetas siempre me recuerdan a la procesión de El Señor de los Milagros.

Lejos de amilanarme, me decidí de una vez despejar dudas e inquietudes —saldar una deuda con mis años de kindergarten— y comencé a bucear por Internet. Abrí Google y copié una parte literal de la estrofa: Mírame y piensa en mí. No quiero que me veas tú llorar. Me salieron 7,540 posibles entradas. La primera era de Rossy War y al toqué la deseché. Quien cantaba era un varón, pero me confirmaba una sospecha primigenia: eran peruanos. Entradas más abajo por fin di con el título de la canción: El amor es sólo una palabra, apareciendo como ‘autor’ Toño y su Grupo Centella. Descendía más y salían a flote versiones de Chacalón, Vico y su grupo Karicia, del Grupo Guinda. Caramba, cuántos covers y en el mismo género.

Pensé, pues, que cualquiera de ellos podía ser el autor original. Todos los gestores de la chicha ‘dura’ en la década de 1970 fueron cultores del rocanrol. Lorenzo Palacios llamó a su banda La Nueva Crema no porque simpatizara con la U —era aliancista hasta el tuétano— sino por Cream, la banda de Clapton, Baker y Bruce. Por eso sostengo que la chicha original, la de punteos de guitarra, percusión y teclados psicodélicos es el ‘rock peruano’, al igual como el ska es el rock jamaicano. No me sonaba ilógico que en cualquiera de sus discos de la época hubieran compuesto este tema fuera del género tropical y por eso se convirtió en un éxito marginal. Algo similar había sucedido con el Grupo 5, allá por 1980, cuyo primer hit no fue precisamente un tema cumbiambero, sino una balada: No pongas ese disco, que incluso sonó en varias emisoras de América Latina.                  

Animado por ello, me soplé todas las versiones en YouTube, y si bien absolutamente todas respetaban el riff inicial, pasada la primera estrofa le metían el ritmo de cumbia, sazonado con el bailongo de unas jamonas cuasicalatas que de inmediato descartaron la autenticidad del tema. El amor es sólo una palabra no les pertenecía, pero la gran cantidad de versiones me demostró que era un hitazo en el Perú de adentro.

Escribí entonces en YouTube: “Autor de El amor es sólo una palabra” y apareció un tal Robert Fernández del Dúo Romance. Me volví a entusiasmar, pero se trataba de un tema vernacular que nada se parecía a la original (Señor Fernández, es usted un pésimo plagiador).

Es cuando me decido a no porfiar en la búsqueda cuando en Google, casi al final, me encuentro con: “Programa Siglo Musical Cartavio-Trujillo-Perú. Grupo de Huancayo-Perú, también contemporáneo con Los Pasteles Verdes, el Grupo La V Rebelión con su tema: El amor es sólo una palabra”. Me asalta la certeza de que por fin la he achuntado. Cliqueo el vídeo y sale en primer término un tío calvo y bigotón quien, armado con su guitarra, ofrece una versión de 5’10” mucho más hard que la original. No me cabe duda, ellos son. Se trata de un concierto que se remonta a 1999 y en una parte el vocalista dice: “Ya el Perú debe saber que sus artistas, sus músicos, fueron afuera y regresaron”.       

Sigo en YouTube y descubro más temas: Cerca de ti que bebe indudablemente de la fuente psicodélica de la época; Dejaré mi tierra por ti que no tiene nada que ver con Un beso y una flor de Nino Bravo, más asemejado al punteo de Sam Andrew —Big Brother and the Holding Company— en Summertime; Camina junto a mí, cuyo teclado se asemeja con roche a Whiter Shade of Pale de Procol Harum.   

Mi búsqueda ulterior en pos de más información sobre La V Rebelión —su nombre me parece fabuloso— no fue muy fructífera que digamos. Alguien comenta que El Amor... fue un suceso en todo el Perú, menos en Lima donde la única banda provinciana que tuvo cabida fueron Los Pasteles Verdes de Chimbote. En la web: foro.cuandocalientaelsol.net aparece este comentario de un tal Miguel Ángel:

“...Debido a la gran revolución de la música, la nueva ola también se apoderó de la juventud de Huancayo, y aparte de Los Datsuns (la banda huancaína más famosa con hits como: Muñeca, No sé, Sentimientos, etc.), aparecieron otras como Los Gatos Negros, el grupo De Exortación, Los Fracks, Los Challengers (de la calle Callao), de la misma calle estaban Los Apóstoles de la Hierba, Los Zinder (este grupo cambió a Andy Panda) donde cantaba y tocaba César Candioti que después, cuando Los Datsuns se desintegraron, formó el grupo La V Rebelión que grabó muchos temas, pero el único que impactó fue la balada: Amor es sólo una Palabra”.       

En el blog del fanzine Columna Beat, cuenta que Candioti, luego de La V Rebelión, formó César & La Gente Feliz y con ellos sacó un cover de Private Idaho de los B-52’s. De ahí no he podido indagar más de esta figura señera de la Incontrastable y menos de su banda.  

No conozco Huancayo. La vez que vaya procuraré visitar los locales donde puedan quedar vestigios de la movida rocanrolera de décadas pasadas y de la cual, me imagino, quedarán huancaínos orgullosos. Si tengo suerte, puede que me encuentre con César Candioti y me dejé envolver por los punteos en alto volumen de su guitarra fuzztoneada.  

3 comentarios:

saldos varios dijo...

Usted es un nostálgico sin remedio, mo querido Alfi. Y no idealice demasiado Huancayo, que cuando la conozca va a encontrar más pistas sobre la cumbia -insoportable, la verdad- que sobre el rock. Y dígame, ¿qué hace un domingo por la tarde escuchando la "hora del lonchecito"? ¿No habíamos planeado la eliminación de Salgado?

Alfieri Díaz Arias dijo...

El dial deambulaba entre La Inolvidable, Zeta Rock & Pop e Italo Villarreal transmitiendo por RPP el Chalaco 2 - Alianza 2 desde el Miguel Grau del Llauca. Empatamos un partido que merecimos perder por goleada.

Disculpe que sea cursi, maestro, pero me gustan las baladas de los 60's y 70's, no me ruborizo confesar que escucho "La hora del lonchecito" y en este momento escucho a Domenico Modugno cantando: "Enamorado de ti, y soy treinta años mayor..."

Jorge V dijo...

Es cierto que en Huancayo hubo buenos grupos de rock a fines de los 60 y comienzos de los 70 y que en alguna forma se ha mantenido (no todo es chicha o cumbia). Hay algunos locales con buena música (La Chimenea, el más conocido) donde tocaba Beto Mieses de Five Thee otra banda de aquellos años (tocaban con los Traffic Sound que también visitaron Huancayo en aquellos años). También, Raúl Herrera de Los Belkings estuvo unos años por allá ofreciendo su buena música. Pero hoy, 21.01.2017 quiero aprovechar el momento para rendir un homenaje a José Villacriz, más conocido como José Villafranco que era integrante de Los Andy Panda y que incluso fue uno de los pocos peruanos que cantó con Los Iracundos. José nos acaba de dejar y debe estar tocando con nuestros ídolos que ya partieron al infinito. Gracias José tus amigos y hermanos te despedimos cantando las canciones que tantas veces interpretaste.