Siempre he profesado —y profesaré— un cariño
especial por Chiclayo, tierra de mi esposa y de toda mi familia política y
donde hasta hace poco laboré en la Universidad Señor de Sipán donde tuve el
placer de compartir con varios colegas y sobre todo con muy buenos estudiantes
y futuros colegas con los que espero mantener una buena relación amical, al
menos por Facebook, hoy y en el futuro. Lo mejor de Chiclayo es la calidez y
calidad de su gente —lo de ‘capital de la amistad’ no es un mito—, su
gastronomía —aunque sus mejores restaurantes están en Lambayeque—, las playas
de Puerto Eten y Pimentel, que como balneario es mucho más bonito que
Huanchaco, sin embargo, como todo el Perú, tiene sus defectos como la suciedad,
el descuido en sus calles y casas, el desorden vehicular y el aroma de tecnocumbia
que se inhala y se transpira, como una sustancia tóxica y pegajosa que parece
impregnada por todas partes. Chiclayo es una ciudad con banda sonora, que ha
dejado de lado el amistoso: “donde todos parecen hermanos...” por los éxitos
del Grupo 5 o los Hermanos Yaipén.
En
los dos años que dicté clases en esos lares, pocos han sido los alumnos que
conservan temas rocanroleros almacenados en sus celulares. Arnold Regalado es
uno de ellos, una rara avis que gusta del blues y
del rock clásico. Mi querida Erika Cruz era otra, fanática de los Artic
Monkeys. Arnold me contactó el sábado pasado con una batería de preguntas
relacionadas a este asunto, las cuales, me asegura, servirán como ingredientes
para su tesis.
“Recuerda cuáles fueron las radios trujillanas más
sintonizadas en las décadas de 1970-1980-1990?” “¿Por qué no te enfocas en las radios
chiclayanas?”, retruqué, intentando que se centre en un solo espacio
geográfico-histórico, me responde con su ímpetu juvenil que su deseo es abarcar
este fenómeno radiofónico desde Piura hasta Chimbote. Como no tengo intenciones
de desanimarlo —y
si investiga lo suficiente puede salirle un interesante estudio sobre el tema—
le respondo. “En la década de 1970 todas las radioemisoras eran en Amplitud
Modulada. Radio Trujillo y Radio Libertad, las más antiguas, se enfocaban en
noticias, boleros y música criolla. Las sintonizadas por la juventud eran Radio
Universo y Radio Heroica —1210 y 1410 en el dial, respectivamente— que pasaban
los temas de moda en español, sea de Camilo Sesto o de Los Iracundos, y las de
inglés. Recuerdo nítidamente las canciones Disco de Donna Summer o de Tina
Charles o el soundtrack de Saturday Night
Fever. Recuerdo otras estaciones de música juvenil como Mi Nueva Radio,
Primavera o Indoamérica, pero su presencia fue más efímera. En la década de
1980 irrumpe con fuerza la Frecuencia Modulada y cuyo contenido era básicamente
música juvenil: baladas y pop en inglés. Aparecen Fm96, que subsiste hasta hoy,
Señorial, Panamericana (en versión regional, con locutores regionales y
contenido rock & pop) y posteriormente, presumo con licencia pirata,
Mundial, Antena Uno, Doble 9 (que no tenía nada que ver con la radio limeña),
etc. La AM todavía gozaba de buena sintonía, Heroica compartía su popularidad
con Radio Star, esta última netamente juvenil que luego se mudaría a la FM,
hecho que creó yo, sentenció la audiencia de la AM en Trujillo. En la década de
1990, Panamericana cierra su estación regional y se convierte en la primera
radio satelital juvenil del país, es decir, en la primera en transmitir música
en todo el Perú desde la ciudad de Lima. Su contenido todavía era en rock —con
excelentes programas como ‘Ciudad de Negro’ y ‘Los Dinosaurios’— y eso animó la
llegada de otras radios limeñas como Studio92, 1160, Carolina, etc. Varias
estaciones trujillanas desaparecieron o cedieron su dial a las señales
capitalinas. El hecho de que Panamericana —la radio que dictaba la moda en todo
el país— dejara de transmitir rock & pop y se decantara por la salsa,
cambió radicalmente los gustos de la radiofonía nacional. La música en inglés
cedió enormes espacios a los ritmos latinos y el rock quedó prácticamente
encerrado en un ghetto. La única radio que enarboló la bandera del rocanrol en
Trujillo fue Antena Norte, hasta que desapareció a fines de esa década por
inanición publicitaria”.
“¿Cómo
eran las letras de las canciones de años atrás, comparadas a las que se
componen hoy?” Sospecho
que este tema es el que verdaderamente le interesa a Arnold y lamento darle una
respuesta que quizá lo desaliente. “Opino que no hay grandes diferencias en
cuanto a temática. Siempre han existido canciones cursis y canciones de
contenido, incluso hoy, lo que sucede es que las bandas y cantautores que hacen
por decir títulos más reflexivos, son menos conocidos o no tienen la difusión
que se merecen. En realidad, considero que este tipo de música nunca ha tenido
acogida o ha gozado de las preferencias de las mayorías, siempre han sido
cantantes de culto o seguidos por grupos selectos. O, en todo caso, se
difundían de ellos las canciones más sencillas o ‘comerciales’. De Lennon, por
ejemplo, podíamos escuchar Woman o Just Like Starting Over, muy
ocasionalmente Imagine y nunca un
temón como Working Class Hero.
“¿Cómo era
el comportamiento de los jóvenes cuando escuchaban las canciones hace veinte o
treinta años atrás, si los comparamos con los de la sociedad actual?” Aquí si agarra carne. “La
música no ha cambiado mucho, pero sí la juventud que adolece de un vacío ideológico
justamente por la obsolescencia de muchas doctrinas tras la caída del muro de
Berlín. Los jóvenes de hoy son más pragmáticos, hedonistas y descomprometidos,
por ende el tipo de música que consumen guarda con ellos similitud con sus
deseos y expectativas de vida. La juventud de hace cuarenta o cincuenta años
atrás estaba más interesada en la realidad que los rodeaba y buscaban músicos
que los representaran y formaran parte de sus vidas, incluso formaban
comunidades alrededor del tipo de género como los ‘rockers’, ‘mods’, ‘hippies’,
‘punkies’, ‘metaleros’, ‘rastas’, etc. Ojo que los jóvenes de hoy siguen
utilizando la música con fines tribales, allí tenemos a las comunidades de
‘emos’, del ‘hip-hop’ y del propio ‘reggaetón’, que guardan y se relacionan con
sus propios códigos culturales”.
“¿Por qué
la juventud de hoy prefiere escuchar canciones relacionadas al sexo antes que a
las que cuentan una historia de amor?” “No estoy de acuerdo contigo. Si bien estamos
inmersos en una cultura que rinde pleitesía al sexo como máximo fin y tenemos
canciones sexualmente explícitas —como Travesuras
de Nicky Jam o Propuesta indecente de
Romeo Santos—, el amor sigue siendo el principal leit motiv de canciones, películas, novelas, etc. Ahora, el sexo
siempre ha estado presente en el rock and roll, medio camuflados en los tiempos
de Chuck Berry hasta más explícito con Kiss o AC/DC. Sucede que como el 99% de
los radioyentes nacionales sabe poco o nada del inglés, uno tarareaba las
letras sin entender qué carajo significaban. Imagina el escándalo que ocasionaría
en todo el mundo la propagación de un tema tan erótico como Je t’aime moi non plus de Serge
Gainsbourg y Jane Birkin ¡en pleno 1969! En la década de 1980 se puso de moda
la llamada salsa ‘sensual’ con temas como Desnúdate,
mujer de Frankie Ruiz, Aquel viejo
motel de Eddie Santiago o La cita
de Galy Galiano. En 1986, Los Violadores cantaban: “éxtasis, lujuria y placer,
llevo marcados en mi piel”, Amistades Peligrosas en 1991: “hoy voy a ir al
grano, te voy a meter mano” y Luis Eduardo Aute en 2001: con Mojándolo todo. El reggaetón de hoy no
enciende nada nuevo”.
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