sábado, 13 de mayo de 2017

el trece de mayo celebra su centenario

Los católicos celebran hoy cien años de la aparición de la Virgen en Fátima. No es poca cosa. De hecho es la visita celestial más grandiosa y sensacional en una centuria. La repercusión de la efeméride ha pasado casi desapercibida en este mundo descreído. Qué lejanos me parecen los tiempos cuando era estudiante de un colegio de la congregación Marianista y todos los 13 de mayo alzábamos nuestras voces crédulas para cantar que la Virgen María bajó de los cielos a Cova de Iría, aunque las monjas norteamericanas no se tomaron la molestia de explicarnos que ‘Cova de Iría’ era el lugar específico donde la madre de Jesús se manifestó. El evento me parecía tan mágico que no creía que podía haber pasado relativamente hace tan poco tiempo. Prodigios de este calibre me parecían propios de la época de Cristo o máximo del medioevo cuando la cobertura de la Iglesia propiciaba que proliferaran los milagros. Más alucinante me pareció cuando la sister Michelle nos dijo que la pastorcita Lucía todavía estaba con vida, que era contemporánea a nosotros y que la podíamos visitar si nuestros viejos costeaban nuestros pasajes hasta el monasterio de Portugal donde radicaba. Ver a la única persona viva, certificada por la Iglesia, que había visto en directo a la Virgen me parecía en mis cortos ocho años algo trascendente a experimentar. Preguntarle, si se me permite, cómo son los rasgos de su cara, cual es el color de sus ojos y de su piel, cómo le gusta presentarse ataviada, etc., hubiera sido una epifanía crucial. 


Pasaron los años y el entusiasmo por el 13 de mayo fue aminorando, incluso en el propio colegio mariano donde no recuerdo otras actuaciones o eventos especiales ante la cercanía de la fecha. No creo haber cantado nunca El 13 de Mayo en la Secundaria. A mi adquirida incredulidad se sumaba a las discusiones teológicas que ocupaban a los religiosos a fines de la década de 1980, como la falsedad del Santo Sudario de Turín, las nuevas versiones sobre el supuesto asesinato de Juan Pablo I y el escándalo del Banco Ambrosiano y el estreno de La Última Tentación de Cristo de Scorsese, que en el Perú estuvo censurado por más de nueve años. 

Salido del colegio, me olvidé por completo de la fecha. En 1995 cobró cierta notoriedad por parte de los medios al anunciar Juan Pablo II que se revelaría por fin el ‘Tercer Misterio de Fátima’, tantos años guardados bajo siete llaves. El Primer Misterio hablaba de la visión horrorosa que tuvieron los pastorcitos del Infierno (donde seguro debo tener una parcela bastante amplia), el Segundo, sobre el advenimiento del comunismo en Rusia y la nefasta influencia que iba a tener esta ideología diabólica hasta la caída del muro de Berlín. El Tercero, al que mucha gente vaticinaba un contenido tan apocalíptico como las profecías de Nostradamus, más que hablar del fin de los tiempos, parece vaticinar el fin de la Iglesia a manos de una cruel e inmisericorde soldadesca, pero no dice cuándo ni por qué. La decepción que provocó entre los ‘apocaliptas’ hizo que se especulara que muchos pasajes escabrosos fueron censurados para no inquietar a las masas.

Díez años después, el 13 de febrero de 2005 (parece que el 13 es el número cabalístico), la pastorcita Lucía de los Santos falleció a la prolongada edad de noventa y siete años. Los otros dos pastorcitos, los hermanos Francisco y Jacinta fallecieron niños, como había vaticinado la Virgen, víctimas de la gripe española. No sé que milagros cometieron después de muertos pero ambos fueron canonizados el día de hoy por el papa Francisco, siendo con diez y nueve años respectivamente, los santos más jóvenes de todo el santoral.

No soy creyente e incluso mi escepticismo se alimentó con tantas vírgenes que lloraban y otros psicosociales ideados por la dupla Fujimori-Montesinos, pero me llama la atención la indiferencia de un acontecimiento que debió tener una celebración apoteósica en los propios colegios. En el plantel de mis hijos, por ejemplo, todo estuvo enfocado en la celebración del Día de la Madre y a la llamada ‘Madre de la Humanidad’ no se le dedicó ni un mísero Rosario. Los tiempos cambian y la prioridad de creencias también.








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