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jueves, 16 de marzo de 2023

la última hora de los presidentes del perú (siglos XX y XXI)

Continuamos con el post anterior, agrupando los decesos de los presidentes de la República del Perú en los siglos XX y XXI.

Manuel Candamo: Primer presidente del siglo XX. Gobernó solamente por siete meses. Murió a los 63 años de un síncope cardíaco en una visita oficial a Mollendo.

Serapio Calderón: Otro de breve mandato (apenas cinco meses). Murió de causas naturales a los 78 años.

José Pardo y Barreda: Hijo de Manuel Pardo (asesinado en la puerta del Senado) y presidente en dos oportunidades. No culminó su segundo periodo. Enviado al exilio. Murió a los 83 años, tres años después de su retorno al Perú.

Augusto B. Leguía: Presidente del Perú en dos oportunidades. Gobernó el país durante quince años acumulados. Todo un récord. Derrocado en 1930 por Sánchez Cerro, sufrió prisión durante catorce meses y murió poco antes de cumplir 68 años de un mal prostático. Haya de la Torre diría de él que fue el mejor presidente del Perú en el siglo XX, reconociendo que modernizó el país.

Guillermo Billinghurst: Primer presidente que el Congreso destituyó por “incapacidad moral”. Murió exiliado en Iquique a los 63 años.

Óscar R. Benavides: Presidente en dos periodos del Perú. Murió a los 69 años de causas naturales.

Luis Miguel Sánchez Cerro: Presidente del Perú tras derrocar a Leguía. Las clases populares se identificaban con él por sus rasgos mestizos muy pronunciados (o más bien mulatos). Enemigo del aprismo, inició la persecución hacia este partido que se prolongó por varios años. Quiso hacerle la guerra a Colombia. Murió asesinado a los 33 años por un simpatizante aprista mientras pasaba revista a las tropas.

Manuel Prado Ugarteche: Hijo de Mariano Ignacio Prado. Presidente del Perú en dos ocasiones. Murió en París a los 78 años.

José Luis Bustamante i Rivero: Derrocado por Odría y vilipendiado por los apristas. Le tocó el exilio. Su fama de tribuno lo llevaría a ejercer la presidencia de la Corte Internacional de La Haya. Murió faltándole poco para cumplir los 95 años. 

Manuel A. Odría: Su segundo nombre era Arturo y no Apolinario como se cree. Amado y vilipendiado por igual, murió a los 77 años. Sus restos reposan en la Catedral de su Tarma natal.  

Ricardo Pérez Godoy: Derrocó a Manuel Prado porque no quiso reconocer el triunfo electoral de Haya de la Torre. Gobernó durante siete meses con mano dura y por eso mismo fue sustituido por Lindley. Falleció a los 77 años.

Nicolás Lindley: Gobernó por cuatro meses, negándose a llevar la banda presidencial por considerar que no era merecedor de tan alto cargo. Convocó a elecciones y se retiró de la vida política. Murió a los 86 años.

Fernando Belaúnde: Presidente en dos oportunidades. Murió apaciblemente y en aroma de probidad, faltándole poco para llegar a los 90 años.

Juan Velasco: Uno de los presidentes más controversiales. Su ‘Revolución Peruana’ marcó un antes y después en la historia del Perú. Murió a los 67 años, con la salud quebrantada luego que le amputaran una pierna. A pesar de sus detractores, nunca dio vestigios de enriquecimiento ilícito.

Francisco Morales Bermúdez: Se trajo abajo el Velascato y culminó sus años bajo la amenaza de terminar preso por su supuesta participación en la Operación Cóndor. Murió a los cien años, siendo el mandatario de edad más longeva.

Alan García: Presidente en dos oportunidades. Se suicidó a los 69 años para no afrontar una prisión preventiva por las acusaciones de corrupción.

Alberto Fujimori: Presidente en la última década del siglo XX. A pesar de haber estabilizado la economía, derrotar al terrorismo y conseguir la paz con el Ecuador, es una de las personas más odiadas en el Perú, mayormente por las nuevas generaciones que nacieron en épocas posteriores de su gobierno, a causa de las campañas de odio alentadas por la izquierda. En 2007 fue extraditado desde Chile y hasta la fecha purga condena por delitos de lesa humanidad.

Valentín Paniagua: Como presidente del Congreso, le tocó tomar las riendas del gobierno tras la renuncia por fax de Fujimori. Falleció a los 70 años, poco después de postular a la presidencia constitucional.   

Alejandro Toledo: Las contundentes denuncias por corrupción han conseguido que la Corte Suprema de los Estados Unidos autorice su extradición que, de hacerse realidad, es probable que a sus 76 años muera en prisión.

Ollanta Humala:  Si bien él y su mujer tuvieron prisión preventiva, hoy a sus 60 años continúa el proceso por supuesta corrupción con orden de inamovilidad del país.

Pedro Pablo Kuczynski: Obligado a renunciar ante la segura vacancia por parte del Congreso. A sus 84 años prosigue el proceso por supuesta corrupción, aunque hace unos meses le levantaron el arresto domiciliario que afrontó por cuatro años.

Martín Vizcarra: Vacado por el Congreso de la República. A pesar de los procesos por corrupción cuando fue gobernador de Moquegua, cerrar el Parlamento, el mal manejo de la pandemia, las compras fraudulentas de vacunas y pruebas moleculares y la inhabilitación a postular a cualquier cargo político, a sus 60 años el ‘Bebito Fiu-Fiu’ sigue pasando piola y no se oye que el Ministerio Público lo acuse públicamente de alguna irregularidad.

Manuel Merino: Presidente por apenas seis días. Suficientes para que a sus 61 años siga afrontando una denuncia por la muerte de dos manifestantes en la revuelta que desembocó en su renuncia. Le faltaron los huevos de Dina que lleva más de sesenta muertos y sigue tan campante.

Francisco Sagasti: Presidente por ocho meses. A pesar de las víctimas de paros agrarios e irregularidades en la adquisición de vacunas, el hombre de 78 años pasa piola y no pesa sobre él ninguna denuncia.

Pedro Castillo: Gobernó casi diecisiete interminables meses, suficientes para ser uno de los mandatarios más inocuos e ineptos en doscientos años de república. Aparte del fallido golpe de Estado del pasado 7 de diciembre, la acumulación de carpetas fiscales hace que a sus 54 años lo puedan enjaular de por vida, salvo que en el futuro un presidente de su misma filiación política y catadura moral le otorgue un indulto humanitario.

Dina Boluarte: Primera mujer en sentarse en el sillón presidencial. Lourdes Flores y Keiko Fujimori pudieron arrebatarle ese privilegio histórico pero se les quemó la banda en el horno. Piñas. A sus 60 años, lleva poco más de tres meses como presidente y no se sabe si llegará hasta el 2026 como le corresponde constitucionalmente. De allí le espera la cárcel porque no se va a escapar de la furia de los caviares. El exilio no cuenta por delitos de lesa humanidad.        

miércoles, 15 de marzo de 2023

la última hora de los presidentes del perú (siglo XIX)

A propósito de los treinta y seis meses de prisión preventiva dictados a Pedro Castillo y que salvo en los próximos años no sea indultado por un régimen afín, es probable que muera en prisión, haremos un recuento de todos los mandatarios del Perú y cómo finalizaron cada uno de ellos sus últimos días.

José de la Riva Agüero: Primer presidente del Perú. Bolívar puso precio a su cabeza y partió al destierro. Falleció de muerte natural a los 75 años.

José Bernardo de Tagle: Su enemistad con Bolívar hizo que después de ser presidente del Perú se pasara al bando realista de Rodil y se refugiara en El Callao donde murió a los 46 años a causa del escorbuto. Los trujillanos lo recuerdan como el adalid que independizó la intendencia de Trujillo de España el 29 de diciembre de 1820. Doscientos años después y con motivo del bicentenario, sus restos y los de su esposa fueron exhumados del cementerio Presbítero Maestro de Lima y depositados en la cripta de la Catedral de Trujillo. Hecho tan significativo pasó desapercibido por la segunda ola de la pandemia del covid-19.

José de La Mar: Presidente del Perú nacido en Cuenca (Ecuador). Murió en el destierro en Costa Rica a los 54 años, víctima de la melancolía y la amargura.

Agustín Gamarra: Caído en la batalla de Ingavi (Bolivia) a los 56 años en un vano intento por reimplantar la Confederación Perú-Bolivia. Su cuerpo fue profanado por los bolivianos y repatriado en 1849 para ser enterrado en el Presbítero Maestro.

Luis José de Orbegoso: Primer presidente nacido en La Libertad (distrito de Usquil). Murió a los 52 años en Trujillo de muerte natural. Sus restos reposan en la Casona Orbegoso de esa ciudad.

Felipe Santiago Salaverry: El presidente del Perú más joven en asumir (29 años) y también en morir (30 años). Acabó fusilado por las huestes de Santa Cruz.

Andrés de Santa Cruz: Natural de La Paz (Alto Perú), se hizo del poder tras fusilar a Salaverry e imponer la Confederación Perú-Boliviana que duró tres años apenas. Falleció en Francia de muerte natural a los 72 años. En el centenario de su deceso, sus restos fueron repatriados y enterrado en la Catedral de La Paz.

Manuel Menéndez: Agricultor y empresario. Primer presidente sin formación o vínculo militar. Murió a los 53 años a causa de una enfermedad que contrajo en Chile.

Juan Francisco de Vidal: Gobernó apenas cinco meses. Murió a los 63 años de causas naturales. Natural de Supe, el escudo de esa provincia lleva su retrato.

Manuel Ignacio de Vivanco: Eterno rival de Ramón Castilla. Murió a los 67 años en Valparaíso (Chile) a donde viajó con la salud resquebrajada.

Ramón Castilla: El presidente más destacado del siglo XIX, cargo que ocupó en dos periodos. Casi septuagenario, Prado lo exilió a Chile y desde allí preparó una expedición para derrocar al presidente. Desembarcó en Pisagua y en el viaje a tierra hacia Arica, murió por el agotamiento del viaje. Sus últimas palabras fueron: “Señor, un mes más de vida y habré hecho la felicidad de mi patria. No, algunos días más”.

Rufino Echenique: Considerado uno de los presidentes más corruptos de la historia por las negociaciones del guano. Sin embargo, fue rehabilitado y siguió haciendo política hasta poco antes de su muerte a los 78 años. Abuelo del escritor Alfredo Bryce Echenique.

Miguel de San Román: Presidente que murió en funciones, a causa de un mal hepático, a los seis meses de asumir el cargo. Murió en brazos de su amigo Ramón Castilla.

Juan Antonio Pezet: Murió a los 69 años de causas naturales en Chorrillos (Lima), a los pocos días de declararse la guerra contra Chile. En esas circunstancias, el presidente Prado quiso nombrarlo jefe del Ejército, pero Pezet bastante enfermo le respondió: “al asno muerto, la cebada al rabo”.

Mariano Ignacio Prado: Depuesto como presidente tras viajar a Europa en plena guerra con Chile. Se le acusó de cobarde y de apropiarse del dinero para la compra de armamento (lo que no era cierto). Falleció de cáncer en Francia a los 75 años.

Pedro Diez Canseco: Murió a los 78 años de causas naturales. Es el ascendente de los Belaúnde y los Diez Canseco, estirpes políticas del Perú.

José Balta: Depuesto faltando poco para culminar su mandato por la revuelta de los hermanos Gutiérrez (quienes acabaron colgados en la Plaza Mayor). Marceliano, el más bruto de los Gutiérrez, ordenó el fusilamiento de Balta mientras él se hallaba reposando en una cama del cuartel San Francisco donde había sido recluido. 

Mariano Herencia-Zevallos: Presidente por apenas seis días. Acusado de conspirar contra el gobierno de Pardo, fue apresado y enviado a la frontera con el Brasil donde murió a los 53 años asesinado por sus custodios.

Manuel Pardo y Lavalle: Primer presidente civil constitucional del Perú. Murió a los 43 años, siendo Presidente del Senado, justo en el momento que ingresaba a este recinto.

Luis La Puerta: Presidente del Perú por cinco días, tras ser depuesto Prado durante la Guerra con Chile. Falleció de causas naturales a los 85 años.

Nicolás de Piérola: Uno de los políticos más controvertidos del siglo XIX, sobre todo por su discutible participación en la Guerra con Chile. Murió a los 74 años, siendo todavía un caudillo bastante popular. 

Francisco García-Calderón: Falleció a los 71 años de causas naturales. Reconocido jurista, el día de su natalicio (14 de marzo) es el Día del Abogado en el Perú. 

Lizardo Montero: Se retiró de la política apenas asumió Piérola de quien era enemigo y murió tranquilamente a los 74 años.

Miguel Iglesias: Tiene el discutible honor de haber firmado el Tratado de Ancón en el que cedió a perpetuidad territorios peruanos a los chilenos. Murió sin mostrar arrepentimiento de ello a los 79 años.

Andrés A. Cáceres: Su segundo nombre era Alfredo y no Avelino como se cree. Uno de los héroes máximos de la historia del Perú. Murió a los 86 años en aroma de multitud como Piérola, su gran enemigo.

Remigio Morales Bermúdez: Murió siendo presidente en funciones a causa de una apendicitis mal operada. Abuelo de Francisco Morales Bermúdez, futuro dictador del Perú.    

Justiniano Borgoño: Único presidente del Perú nacido en Trujillo. Gobernó apenas por cuatro meses. Murió a los 84 años de causas naturales. Aliado político y gran amigo de Cáceres y Morales Bermúdez (curiosamente los tres habían nacido en 1836).

Eduardo López de Romaña: Último presidente del siglo XIX y con el que se inició el periodo llamado ‘La República Aristocrática’ que se prolongaría hasta 1919. Murió de causas naturales a los 65 años.

viernes, 20 de enero de 2023

si se queda o se va

Señora Dina Boluarte, presidente de la república, en este momento usted y el país se encuentran ante dos disyuntivas, o se queda o se va. Si se queda, lo cual sería lo correcto desde lo normativo, jurídico, constitucional, etc., no le queda más alternativa que asumir sus funciones con mano firme, es decir, poner orden declarando el Estado de Emergencia Nacional, obligando a que el Ejército asuma el control de todo, reprimiendo revueltas y manifestaciones, desbloqueando carreteras y cuidando la propiedad pública y privada bajo orden de disparar. La Carta Magna la autoriza a tomar esta medida tan radical. El problema es que con ello no se soluciona el descontento de un sector de la población y seguirá siendo caldo de cultivo para que vuelva a estallar próximas acciones que seguirán desestabilizando a la nación. Si se va, al Congreso no le quedará más remedio que adelantar las elecciones en un plazo no mayor de seis meses, los actuales dirigentes políticos se irán a su casa y le quitarán piso a los azuzadores. Si se da el proceso electoral en el presente año, me parece válido que al mismo tiempo se someta a votación si se quiere una asamblea constituyente y que sea el sufragio el que decida si hay o no cambio de constitución. Particularmente pienso que la carta de 1993 tiene gruesos errores e incongruencias que se deben corregir, pero en líneas generales es la protagonista del crecimiento económico y reducción de la pobreza en los últimos veinte años, así que yo votaría porque se mantenga. No obstante, me parece justo que se someta a escrutinio si se mantiene o no. La democracia, nos guste o no, es la expresión de la voluntad de las mayorías y se debe respetar. Así que señora presidente, usted decide, o se queda y establece el orden por la fuerza o se va y en seis meses tenemos elecciones. Si bien la opción última parece la mejor, por transparencia deberían renunciar el jefe de la JNE y la ONPE, ser más riguroso en la selección de los postulantes a la presidencia y el congreso y delimitar la oferta electoral. El germen del caos y de la inestabilidad se incuba en procesos viciados.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

chao pedro, hola dina

A estas horas de la noche, Pedro Castillo podría seguir siendo presidente. En el Congreso se seguiría debatiendo sobre la vacancia y lo más seguro es que los vacadores no habrían alcanzado los ochenta y siete votos con lo que su presidencia estaría segura hasta por lo menos a fin de año.

 

En mi vida he presenciado solamente dos golpes (autogolpes) de Estado. El primero lo organizó un chino y se mantuvo en el poder ocho años. El segundo lo ejecutó un chotano y duró menos de dos horas. Por experiencia, los golpes deben hacerse entre gallos y medianoche y, sobre todo, contar con el apoyo de las Fuerzas Armadas y en la madrugada tomar por asalto con tanques el Parlamento, instituciones públicas y los medios incómodos de comunicación. Pedro Castillo se lanzó a una piscina sin agua. A que golpista, en su sano juicio, se le ocurre patear el tablero sin tener el mínimo apoyo de los milicos. Imagino que ver la guadaña acercarse puede hacer que realices actos desesperados, casi suicidas, al punto de perder contacto con la realidad. Esta torpe intentona es el colofón exacto de un gobierno irreal, de un régimen que parece no haber tenido noción de lo que estaba bien o mal y que no tenía una mínima idea de como carajo hacer las cosas. Un presidente que nunca supo gobernar, mandar, ordenar, gestionar, robar, mentir, estafar. Un maestro sindicalista que nunca supo hacer nada.

 

Si trasladamos el escenario al ajedrez, diría que hasta mediados de noviembre la partida estaba en tablas. El vacado había construido una coraza —una concha tremenda— para que le resbalen todas las acusaciones, indicios y las seis carpetas abiertas por el Ministerio Público y nada le afectaba. Incluso logró levantar un poco en las encuestas (25% de la población). El apoyo de las bancadas de izquierda y los congresistas comprados hacían del Congreso un enemigo inocuo, enclenque, estéril. El error grosero fue intentar un jaque mate con la primera denegación de confianza, un movimiento que le costó la ‘reina’ pero no el juego. Hoy el ‘rey’ se lanzó sólo, sin alfiles, caballos y una sola torre (Aníbal Torres) y perdió. Felizmente para el país fue bruto para defenderse. Pudimos quedarnos con esta bestia hasta el 2026. 

  

Pedro Castillo ya fue. Él y su entorno se pudrirán en la cárcel y caerán en el olvido. No sabremos más de Aníbal Torres, Betsy Chávez, Salas, Chero, Sánchez, Wibertos y demás mamertos. Dina Boluarte —primera flamante presidenta de la República del Perú y también del Perú antiguo porque mujer poderosa sólo tengo registro de la Dama de Cao— vendrá con sus propios lambiscones y veremos las mismas raterías, pero con otros nombres. El cúmulo de babosadas que parecían en su momento obedecer a una estrategia de desgobierno y desmantelamiento del país, no quedan dudas ahora que se trataba a improvisación, dejadez y profunda ignorancia.

 

Así como Pedro Castillo tuvo una única oportunidad de ganarse el beneficio de la duda (la cagó de inmediato al nombrar como premier a Guido Bellido), Dina Boluarte tampoco contará con mucho apoyo. Como no tiene quien la suceda, los golpistas y los que piden adelanto de elecciones estarán a la orden del día. Si es inteligente, convocará a un gabinete que contente a todos y le permita estirar la tregua lo máximo posible. Debe tomar en cuenta que, a diferencia de Castillo, ella no cuenta con bancada que la respalde, por lo que camina en hielo delgado. Que tenga un poco más de sesos que Castillo, no significa que no sea menos dañina. Cada vacancia es una caja de Pandora y ya veremos si Dina es digna o nos indigna. 

viernes, 9 de abril de 2021

Pronóstico 2021: Primera Vuelta

Poquísimas veces hemos afrontado unas elecciones donde varios postulantes tienen la posibilidad de llegar a Segunda Vuelta. A poco de cumplir con la obligación de sufragar en pandemia, me animo a pronosticar la ubicación de los dieciocho candidatos después del 11 de abril, aunque es seguro que los resultados oficiales los conoceremos recién a fin de mes. 

 

18. ANDRÉS ALCÁNTARA | DEMOCRACIA DIRECTA: Desconocido hasta por los fonavistas a los que representa, tiene los boletos comprados del último puesto. 

17. CIRO GÁLVEZ | RENACIMIENTO UNIDO NACIONAL: El covid no impidió su presencia vía Zoom en el debate donde pronunció —e insultó a sus contendores— en el idioma vernáculo más de la mitad de su discurso. La presencia de Alcántara evitará que se ubique en la cola.   

16. DANIEL SANTOS | PATRIA SEGURA: Quiso de hacer de Popy Olivera en el Debate y quedó como ‘chaleco’ de Porky, muy poco para un personaje que seguro votará por su ‘protegido’ y ver si chapa un ministerio o si no caerá en el olvido.  

15. OLLANTA HUMALA | PARTIDO NACIONALISTA PERUANO: Puesto deshonroso para un ex presidente. Similar a lo de Alan en 2016. Nadine se las olía y por eso ni se asomó en la campaña. No pesó la creación de dos programas exitosos como ‘Beca 18’ y ‘Pensión 65’. Su vínculo con Odebrecht lo hacen más candidato a prisión que al sillón presidencial.

14. MARCO ARANA | FRENTE AMPLIO: El curita que intentó agrupar a todas las izquierdas no alcanzará la salvación y será condenado a desaparecer. Sin presencia parlamentaria, le quedarán cinco años para someter sus ideas revejidas en penitencia.

13. JOSÉ VEGA | UNIÓN POR EL PERÚ: Otro sujeto anodino, títere de Antauro a quien el voto extremista del etnocacerismo le asegura bordear un 0.5%. Muy poco para el partido que fundó un peruano ilustre como Pérez de Cuellar. 

12. DANIEL SALAVERRY | SOMOS PERÚ: Al igual que en UPP, Alberto Andrade debe revolcarse en su tumba porque su partido lo encabeza un felón inescrupuloso como Salaverry y un ex presidente vacado que busca llegar al Congreso para alcanzar la inmunidad ante tantos anticuchos. Es improbable que sobrepasen la valla, pero con este JNE nunca se sabe. Capaz le dan la mano y Vizcarra logra su objetivo porque, aunque parezca inverosímil, sigue siendo el político más poderoso del Perú.  

11. ALBERTO BEINGOLEA| PARTIDO POPULAR CRISTIANO: A pesar de su buena performance en el Debate y gozar de las simpatías de muchos electores pensantes, su problema es que juega en un partido perdedor. Lástima por Luis Bedoya Reyes, fallecido el pasado 18 de marzo a los 102 años, quien hubiera sido un buen presidente del Perú. Me temo que el PPC desaparecerá con él.  

10. JULIO GUZMÁN | PARTIDO MORADO: Se lavó un poquito la cara en el Debate, tras la quemada de salir corriendo del incendio en el cuarto de su amada, pero no le basta. La ineptitud de Sagasti y compañía lo sepulta en las preferencias y agudiza la decepción que el electarado tiene por los partidos de centro. Ninguna pastrulada publicitaria de Olivares levantaría la candidatura de un cadáver político.  

09. DANIEL URRESTI | PODEMOS PERÚ: Polémico, dicharachero, frontal. Simpatías y antipatías las despierta por igual. La actual coyuntura no le favorece a un cachaco achorado. La gente lo ve más como guachimán que como presidente nacional. Factura aparte le pasa ponerse al servicio de los Luna, una estirpe que es la versión bamba de los Acuña.

08. CÉSAR ACUÑA | ALIANZA PARA EL PROGRESO: El chato la hizo como alcalde. Trujillo se modernizó en su gestión. No obstante, la ilusión de ser presidente de la república parece esquivo. Ser un empresario exitoso, emprendedor y representante de “los de abajo”, no le alcanza para despercudirse de su fama de bruto y que no piensa lo que habla. Caserito de memes y punto de redes sociales, sus sueños de opio se estrellan contra el muro cruel de la mofa, por lo que a pesar de contar con el partido político más organizado, son pocos sus paisanos que lo toman en serio. 

07. GEORGE FORSYTH | VICTORIA NACIONAL: Ubicarse entre los siete primeros parece mucho premio para un alcalde que abandonó su distrito y para un arquero mediocre cazador de mariposas. En vez de sentirse decepcionados, papá Harold y demás patrocinadores de una novel figura de treinta y ocho años, deben sentirse satisfechos por el protagonismo alcanzado por este figurín de pasarela que si lo preparan mejor, puede dar más pelea en la próxima contienda.

06. YONHY LESCANO | ACCIÓN POPULAR: En otras circunstancias, un candidato izquierdoso en un partido de centro habría sido una buena combinación. Su problema —quien por varias semanas lideró las encuestas y las preferencias de la prensa mermelera— es que carece de un discurso sólido. Cada vez que abre la boca, mete la pata. Más probable es que Chile nos devuelva el Huáscar o curar el covid con cañazo, a que lo veamos en Segunda. 

05. VERÓNIKA MENDOZA | JUNTOS POR EL PERÚ: Mitad cusqueña, mitad francesa. La chiquita chancona, uña y carne de Evo y hoy renegada de Maduro, es la favorita de varios de mis alumnos y mis amistades ‘progres’. Maneja bien su cháchara. Sus propuestas suenan convincentes. Cuenta con Pedro Francke como aval de un manejo responsable —no populistade la economía. Sin embargo, la pobre es una candidata que no termina de cuajar. Sea por el repudio de la izquierda ‘dura’. Por sus propuestas pensadas en las necesidades de los socialistas de Barranco y no en las del Perú profundo. Porque los peruanos convivimos con dos millones de venecos y vemos con espanto que conviertan el país en un ‘paraíso socialista’. Es difícil que supere los dos dígitos, aunque sus cuarenta años le garantizan volver a la carga en los comicios venideros y, como Keiko, seguir perdiendo. 

04. HERNANDO DE SOTO | AVANZA PAÍS: Su renombre internacional y reconocimiento como uno de los economistas más brillantes del orbe, con contactos en las principales potencias, lo convierten en el mejor candidato. Al igual que Pedro Castillo, ha tenido una subida espectacular en las encuestas en las dos últimas semanas. No obstante, su edad avanzada —cerca a los ochenta— y su escasa simpatía y desconexión con la masa, lo dejará fuera de carrera en el rush final. Hizo mal en que Chibolín sea su Primera Dama.

03. PEDRO CASTLLO | PERÚ LIBRE: Responsable del desinfle de Vero. Un oportunista marqueteado como campesino de sombrero, saca pecho de ser rondero cuando se trata de un profe sindicalista de regular para abajo y que ha tomado carreteras para obstruir la minería. Debe darse por satisfecho por este insospechado protagonismo entre los socialistas extremos, que son mayoría en la sierra y el sur del Perú. Un outsider que nadie vio venir y que le arrebatará el liderazgo de su partido a Vladimir Cerrón, acusado y con roche de corrupción. 

02. RAFAEL LÓPEZ ALIAGA | RENOVACIÓN POPULAR: Un fenómeno electoral. Desconocido hace unas semanas por el peruano común. Es probable que sea el presidente de un país de preferencias de centro-izquierda cuando se trata de un candidato de la derecha-conservadora-religiosa. Un gordito con pinta de haber sufrido bullying en su juventud, que cambió los goces del sexo por la autoflagelación, que lee en los debates, intolerante ante la crítica más leve, paranoico apenas le dan la contraría, de arranques misóginos contra Ana Estrada Mónica Delta o Juliana Oxenford. Un desiquilibrado emocional que parece peligroso, pero para varios peruanos es necesario porque lo ven como un empresario exitoso que traerá más rápido las vacunas contra el covid y disparar la economía colocando rieles y carreteras como la famosa autobahn del ultra nacionalismo alemán. Si cumple con expulsar a Odebrecht y con quitarle la mermelada a los medios de prensa, muchos se darían por servidos.

01. KEIKO FUJIMORI | FUERZA POPULAR: La candidata más odiada y paradójicamente la única —apuesto lo que quieranfija en Segunda Vuelta. Las encuestas nunca detectan los votos escondidos y el fujimorismo los tiene a montones en diversos estratos sociales. Debe colocarse en el primer lugar con más de 20 %. Insuficiente comparado al 39 % obtenido en 2016 y que no le alcanzó para ser presidenta. Con la multiplicación del voto anti-keiko a la hija le espera en junio una soberana pateadura y el padre seguirá pudriéndose en la cana.

lunes, 16 de noviembre de 2020

cómo bajarse a un presidente en cinco días

La estrategia para obligar la renuncia de Merino ha sido simple. A través de redes sociales y medios de comunicación se azuzó a la insurgencia popular. Líderes de opinión a sueldo se encargaron de envenenar el ambiente hablando de la perpetración de un Golpe de Estado, cuando la vacancia había sido perfectamente constitucional. Es una prerrogativa del Congreso, según el Artículo 113 de la Carta Magna. Como vivimos tiempos de pandemia, se necesitó del aval de un famoso médico mediático que muy ligero de hueso diagnosticó que no existen riesgos de covid-19 si la gente se aglutina en la calle. No hay contagio que valga si está en juego la democracia. 

La gran mayoría de manifestantes eran —y son— pacíficos. Estudiantes. Idealistas que luchan por un país libre de corrupción. Como es necesaria la violencia, se infiltraron entre ellos grupos de buscapleitos, prestos a provocar a las fuerzas del orden. Los enfrentamientos del jueves arrojaron heridos. Ningún muerto. El viernes Perú jugó contra Chile así que se aplazó la manifestación para el sábado donde entre perdigones y bombas lacrimógenas por un lado, y piedras y artefactos pirotécnicos por el otro, terminaron con dos estudiantes muertos. Ahora sí los conspiradores contra el novísimo régimen tenían a las víctimas que necesitaban esgrimir. Los medios en una inusual transmisión ininterrumpida exigieron la renuncia del cargo del presidente constitucional, lo que finalmente aconteció horas después, el domingo al mediodía.  

Merino se fue y ni su familia lo lamenta. En los cinco días de su gobierno sólo se le vio cuando juramentó y cuando renunció. Nunca dio la cara y se escondió bajo la cama cuando ardió la calle. El cargo y la comparación con Paniagua le quedaron grande. El protagonismo de su brevísimo régimen se lo llevó entero Antero Flores-Araoz, el primer ministro que cometió el grosero error de declarar, ni bien juramentó, que a las universidades bamba había que darles una segunda oportunidad, entre ellos a la Telesup, cliente de su Estudio de Abogados. La Historia será piadosa con este presidente pusilánime. En unas semanas nadie se acordará de él.

Tras la renuncia dominical, parecía que el Perú contaría con su primera presidenta en la figura de Rocío Silva-Satisteban, pero no. El terror por ser roja, presunta terruca y enemiga del modelo económico, provocó que la torta se le quemara en la puerta del Congreso. Al día siguiente, el lunes, se eligió a Francisco Sagasti, representante del Partido Morado, como presidente del Congreso y presidente del Perú. El recibimiento de la noticia en la calle igual ha sido tibio. Por la noche igual han salido a marchar millares de personas, aunque no queda claro si quieren dinamitar el Parlamento o esperan que el Tribunal Constitucional reponga a Vizcarra en el puesto. 

Por pergaminos y trayectoria profesional parece que Sagasti es el personaje idóneo para llevar a buen puerto este proceso de transición con miras a las elecciones de abril y al cambio de mando en el bicentenario. Parece un hombre honesto, intelectual y consciente de lo efímero del puesto que ocupa. Ojalá que encuentre a las personas capaces para ocupar las carteras más importantes como son Economía, Salud y del Interior. Debe caminar con cuidado y negociar con todas las fuerzas políticas porque su gobierno se cimenta sobre hielo delgado y los azuzadores —en complicidad con los medios de comunicación— aprovecharán cualquier desliz para incendiar las calles de nuevo. 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

veinte años después...

El escenario político del Perú es similar al de hace veinte años. En noviembre de 2000, Alberto Fujimori renunció por Fax a la presidencia —dimisión que no fue aceptada por el Congreso e igual lo vacaron—, pasábamos por una fuerte recesión económica —ahora agudizada por la pandemia—, en el fútbol jugábamos fecha de Eliminatorias —Paraguay nos goleó 5-1— y Alianza Lima daba pena, Estados Unidos no definía quien había ganado las elecciones —y le robaron la presidencia a Al Gore— y fungía de presidente del Congreso Valentín Paniagua, militante de Acción Popular, el mismo partido del actual presidente del Congreso y de la República, Manuel Merino. Hace dos décadas, el Congreso de Paniagua tuvo el criterio suficiente para superar la inestabilidad y afrontamos el proceso de transición de la manera menos traumática posible. Como peruano, espero que la historia vuelva a repetirse, todo transcurra en orden de cara al proceso electoral del Bicentenario, vivamos unos meses de ‘Primavera Democrática’ y que a las personas que les toque tomar las riendas del país palíen —sería iluso pedir que solucionen— las urgencias sanitarias, económicas y de inseguridad que se han agudizado en los últimos meses.

El 9 de noviembre pasado el Congreso vacó a Martín Vizcarra por absoluta mayoría. No hubo golpe de Estado. Se valieron de una facultad constitucional de mandar a su casa —o a la cana— al mandatario que muestra pruebas claras de Incapacidad Moral. Podemos discutir que hubo ciertamente un abuso de poder, pero que el ex presidente merecía ser vacado por corrupto, felón, mentiroso, incapaz, arbitrario, déspota, anticonstitucional y demás adjetivos que le calzan como anillo al dedo, queda fuera de discusión. Ahora que ha vuelto a ser un ciudadano común y corriente ya debería pesar sobre él una prisión domiciliaria y por las evidencias que se tienen imagino que irá a la cárcel más rápido que Kuczynski y otros investigados por corrupción. Vizcarra quedará ante el Juicio de la Historia como un exabrupto, una desgracia, un paso en falso un autogol. Coimero como Gobernador de Moquegua y coimero como Ministro de Transportes. Defenestrado al Canadá como Embajador (mucho premio). Complotista en la vacancia de PPK junto con el fujimorismo (que lo pagaron caro) y César Villanueva que ahora está en prisión. Golpista cuando cerró un Congreso que una hora atrás le había dado la confianza (y que la gran mayoría aplaudió —y todavía aplauden— como focas). Persecutor implacable de sus enemigos políticos. Corruptor de los principales medios de comunicación. Descarado favoritismo para darles puestos y licitaciones a sus aliados, socios y amigos. Pésimo gestor para afrontar la recesión económica y la pandemia del Covid-19, siendo uno de los peores países en el manejo de la pandemia. Con un sujeto como este, caminábamos directo al precipicio. Quizá no haya sido la mejor forma de expectorarlo, pero había que ponerle freno a tanta incapacidad e inmoralidad. Queda esperar que la cura no sea más mala que la enfermedad. Como alguien dijo por allí, en el Perú siempre aparece alguien dispuesto a hacer las cosas peor de las que están.

Hoy es otro día y los colectivos civiles en vez de protestar por lo que es irreversible —no hay marcha atrás— lo que nos queda en estos meses es estar vigilantes a que en abril de 2021 se realicen las elecciones y que en el Congreso no se tumben los alcances de la Sunedu en materia educativa para favorecer intereses personales. Apoyar la vacancia no significa darle carta abierta a Manuel Merino, quien no parece tener la entereza de Paniagua ni a este Congreso —producto de Vizcarra— que acoge a peores parlamentarios de los que teníamos veinte años atrás, así que mantengámonos expectantes.

martes, 28 de enero de 2020

el pescadito

Claudia, mi esposa, debutó como miembro de mesas en estas elecciones que considero espurias porque terminan por avalar la atrocidad perpetrada por Vizcarra de cerrar el Congreso. Yo voté porque no quiero pagar una multa y la animé a mi esposa a que cumpliera su deber cívico por el mismo motivo. A golpe de cinco de la tarde del domingo 26, ella me llama al celular. “Amor, ¿a qué partido representa el pescadito?”


En menos de un minuto le hablé sobre Ezequiel Ataucusi Gamonal, fundador del FREPAP —Frente Popular Agrícola del Perú—. Gracias a su repentina popularidad, Alan García pensó en apoyarlo para hacerle frente a Vargas Llosa en 1990, pero al percatarse que se trataba de un fanático religioso, se decantó por apoyar a un ex rector de la Agraria. El partido ha tenido presencia congresal hasta el 2000, año en que Ataucusi fallece y como los miembros de su secta —la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal— lo consideran un profeta, creo que conservan su cadáver criogenizado —mismo Walt Disney— aguardando su resurrección. Desde allí no han vuelto a tener fortuna en ningún proceso electoral.  


“Pues aquí en mi mesa el pescadito ha quedado tercero, detrás de APP y del APRA”, me dijo en un resultado que ha sorprendido —me incluyo— a todo el país. “¿Desfilaron por tu mesa muchos barbones con túnica?”, pregunté. “¡Ninguno!”, exclamó enfática, “En el aula 110 del CEPUNT vota gente como tú o como yo”. Lo que parecería un exabrupto anecdótico, un caso aislado en una mesa donde sufraga ‘gente de ciudad’, se volvió realidad en todo el Perú cuando la ONPE emitió su boletín con resultados oficiales y anunció que el FREPAP había alcanzado un diez por ciento, ubicándolo en el cuarto lugar de las preferencias y metiendo a dieciséis congresistas teocráticos.  


La sorpresa nos fue grande porque ninguna de las encuestas previas anunció su presencia. La estadística ‘oficial’ acaparaba partidos que ni siquiera pasaron la valla del cuatro por ciento y el FREPAP no apareció ni en el rubro ‘otros’.  O las encuestadoras no realizaron su chamba como debe ser o se ocuparon de ocultar estas preferencias en ciernes, en un intento porque la masa se fijara en los partidos ‘políticamente correctos’. O, el pescadito tuvo un galopante ‘voto oculto’, porque votar por un partido mesiánico no es algo que llene precisamente de orgullo a un ciudadano culto e informado.  


La única explicación que encuentro a este favoritismo por el FREPAP es el antivoto a la política tradicional, sinónimo de corrupción, de buena parte de la población que eligió a personas ‘sanas’, religiosas, quienes por formación no te deben meter la mano al bolsillo. Ahora, lo que pueda hacer o deshacer un movimiento sectario que ha convertido en ‘padres de la patria’ a personas humildes que trabajan de estibadores o despachando fruta en un mercado, no es algo como para desvelarse. Un Parlamento tan atomizado y de rápida expiración no va a realizar cambios drásticos y lo más seguro es que se ponga al servicio del Ejecutivo.


Como comunicador, me parece un portento, digno de estudio, la estrategia de la cual se valieron para llegar —y convencer—  a más de dos millones de personas para que voten por ellos. ¿De qué canales se valieron? No tuvieron presencia en medios masivos. Naca la piriñaca en redes sociales. Lo único que les vi fue un panel a la vuelta de mi casa en Huanchaco promocionando a uno de sus candidatos (que no ganó). De hecho, el único spot del FREPAP que recuerdo históricamente es uno de 1993 estelarizado por Melcochita que decía: “¡Vota por el pescadito, ay, ay!” y mostraba un par de tramboyos.


El número de personas que votaron por ellos cuadruplica con creces a la cofradía de israelitas en todo el país. ¿Cómo llegaron a una masa tan variopinta y equidistante geográficamente? Este fenómeno es más llamativo que el llamado ‘tsunami Fujimori’ de 1990. El chinito tuvo algo de exposición mediática y su mensaje: “Honradez, tecnología y trabajo”, caló en la multitud. ¿Cuál fue el mensaje del FREPAP y quién carajo lo personalizaba? Usualmente, la gente vota por imágenes o personificaciones y este partido carece de una específica. Yo pienso en ellos y el único que se me viene a la mente es Ezequiel, que lleva dos décadas frío. El personaje más conocido es el israelita que siguió a la selección peruana en el Mundial de Rusia y la Copa América de Brasil y uno no sabe cómo.    


De cara al 2021, me queda claro que el protagonismo del FREPAP se debe al genuino desprecio que la masa siente por el Poder Legislativo y dudo que vuelvan a tener la misma suerte. Lo que me dejan estas elecciones, pensando en las elecciones generales que se avecinan, es:
1. Daniel Urresti, el congresista con más votos, es presidenciable.
2. Acción Popular es el único partido tradicional que goza de simpatías.
3. El APRA y el PPC no se van a extinguir, pero su protagonismo va a ser nulo en la próxima década.
4. La izquierda formal, representada por Veronika Mendoza y Marco Arana, ha cedido terreno a la izquierda más radical de Antauro Humala.
5. La fuerza de APP radica en el antiguo ‘sólido norte’ del aprismo. En el resto del Perú le cuesta.  
6. La corrida a lo Forrest Gump de Julio Guzmán ha hundido al partido Morado que debe pensar en otro candidato presidencial.
7. Fuerza Popular no es un cadáver, es un enfermo convaleciente. De su papel en el Congreso depende su resurgimiento o extinción.
8. Un minuto de silencio por quienes fueron: Solidaridad Nacional, Rosa Bartra, Yeni Vilcatoma, Mauricio Mulder, Juan Sheput, Salvador Heresi... De quienes no sabremos nada. Al menos por doce meses.


miércoles, 2 de octubre de 2019

golpe vespertino

Tras enterarse de las decisiones del día 30, Keiko Fujimori debió lamentarse desde su celda del día aciago en que ordenó a sus perros de presa vacar a Pedro Pablo Kuczynski. Si hubiera superado el golpe de haber perdido las elecciones por tan escaso margen, haciéndole a su viejito contendor una oposición responsable y no rabiosa, ganándose la antipatía popular hacia ella y hacia su partido, ella no llevaría un año —injustamente— en cana y lo peor que pasará mucho tiempo más porque su Cancerbero es el monstruo que ella misma creó y que ha vuelto a demostrar que el Estado de Derecho en el Perú es puro cuento.
Si Keiko no hubiera vacado a PPK, ella estaría libre, su viejo también y un sujeto oscuro como Martín Vizcarra seguiría ocupando un puestito en la Embajada de Canadá. No habría permitido que el poder de sus principales enemigos —los rojetes— haya crecido en forma geométrica y pongan el país en el partidor a convertirse en una futura Venezuela.

Decir que una mujer que no ha ejercido gobierno no merece siquiera una semana de prisión no me hace fujimorista. Aprobar con nota sobresaliente al primer gobierno de Fujimori tampoco. El segundo gobierno del Chino fue un desastre y pienso que su hija mayor carece de méritos para tomar las riendas de esta nación. Tampoco he dejado de sentir simpatía por el socialismo. Siento más bien aversión contra todas las cabezas visibles de la izquierda peruana, personajes torvos y destructivos, enfebrecidos por el odio y que parecen ejecutar una malévola estrategia para desbarrancar al Perú hacia la anarquía y la pobreza. Lo que ya no hago es respaldar la interrupción de los procesos democráticos, como lo hice un 5 de abril de hace 27 años, en ese tiempo era universitario y en el aula la gran mayoría aplaudimos el autogolpe. Hoy que soy catedrático y constato que la gran mayoría de mis alumnos aplaude el cierre del Congreso, quiero pensar que la mayoría de esa gran mayoría cambiará de opinión cuando lleguen a la edad de la sensatez o quizá muchísimo antes cuando el sátrapa que se queda en Palacio agudice aún más la crisis que él no tiene capacidad de afrontar.

Por más que muchos constitucionalistas y periodistas a sueldo intenten justificar, lo que hizo Vizcarra es un Golpe de Estado. Si realmente le interesara el país, el pasado lunes 30, a las 5:45 pm, en vez de disolver el Congreso el presidente debió anteponer sus intereses y renunciar a su cargo, porque si no se ha percatado él es parte del problema por su política de confrontación y de haberle echado el pato de todo lo malo que sucede al Congreso, como si ellos fueran los culpables de la recesión económica, la inseguridad ciudadana, la falta de salud y educación, la no reconstrucción del norte del país, la paralización de los proyectos mineros y todo aquello que su incapacidad de gestión ha sabido solucionar.

No tengo idea de cuándo durará esta idea golpista, pero no creo que sea mucho ni tenga para el Perú un final feliz. En vez de apaciguar las aguas, el flamante dictador seguirá alimentando esta cacería de brujas contra todos los que se atrevan a enfrentarse y el país continuará sin brújula que lo lleve a buen puerto. A diferencia de otros líderes de facto, Vizcarra carece de respaldo partidario, empresarial e internacional. Los únicos que lo apoyan son los militares que ya no son el cuco de antes, el pueblo que tiene una postura volátil y los rojetes que lo apuntalarán mientras sea útil a sus intereses, cuando sea un estorbo ellos mismos se encargarán de bajarlo y dejarlo peor que palo de gallinero.

Martín Vizcarra, como otros aventureros, acabará en prisión, como seguro acabará también la mayoría de la clase dirigente ya que quien no haya recibido plata de Odebrecht que tire la primera piedra. Quiero pensar que después de él y de esta calaña de congresistas que acaban de defenestrar —reitero que mal— emerja, de una vez por todas, una nueva clase que quiera un poquito más a este país y que el electorado deje de ser un poquito menos tarado. Lo veo un poquito difícil.  

miércoles, 17 de abril de 2019

Obituario para Alan

“Cuando la vida es un dolor, el suicidio es un derecho; cuando la vida es una infamia, el suicidio es un deber”. Le faltó agregar, cuando no las personas carecen de la suficiencia para responder ante la responsabilidad de sus actos, es una cobardía. 

Alan García deja claro con su suicidio que nunca estuvo a la altura de otros apristas de antaño. Ninguno de los líderes históricos apostó por quitarse la vida ante las persecuciones de Sánchez Cerro, Benavides u Odría. Muchos se comieron su cana y sus imágenes se vieron fortalecidas al salir de ella. No estuvo siquiera a la altura de su padre que sí fue un preso político.

Si Alan en realidad no tuviera rabo de paja, pudo tranquilo ser encarcelado y esperar a que el tiempo se encargara de establecer su inocencia. Hubiera callado a medio Perú y fortalecido a su Partido tan vilipendiado, enfermo, en cuidados intensivos. Su prisión no habría sido tan dura como la sufrieron los mártires apristas de antaño. Seguro sería una jaula de oro y habría gozado de todas las gollerías que su investidura manda. Pudo dedicar el tiempo a leer, escribir, tuitear como lo hace Keiko Fujimori desde Santa Mónica. Pudo pensar en sus familiares que ahora lo lloran porque para ellos siempre va a ser mejor un padre preso que un padre muerto. Su egoísmo solamente lo hizo pensar en él, viendo en la muerte la libertad que seguro le sería esquiva. Sabía que nadie lo podría enjuiciar porque a los muertos no se les abre proceso, legitimando, para indignación de quienes le exigen esclarecimientos, su presunción de inocencia. 

Si optó por el suicidio pienso que las pruebas de las cuentas en Andorra en contra del secretario personal Luis Nava directamente lo involucraban a él y en un desequilibrio personal —le faltó desayunar litio esa mañana— decidió encajarse un balazo en la cabeza que lo dejó moribundo. La torpeza hizo que la muerte le sobreviniera un par de horas después. “Quien no la debe, no la teme”, mencionó alguna vez, pero con su disparo queda demostrado que sí la debía y sí la temía. Un hombre inocente, en su caso, no se mata, lucha hasta el final, un hombre culpable, sí.

Particularmente no lloro su deceso —tampoco me duele—, me habría gustado que tuviera los mismos cojones de enfrentar a la Justicia antes que una bala. Los que ahora lo lloran, que lloren también a quienes él mandó matar en la masacre de los penales en su primer gobierno o a las víctimas del Baguazo en el segundo. Que lloren todas las familias que conocieron la miseria por culpa de la inflación o su inoperancia para ponerle freno al terrorismo. Electo dos veces presidente —sólo en el Perú pudo pasar una cosa así— es inadmisible que teniendo los mejores números macroeconómicos de nuestra historia republicana, no haya hecho nada por lavar su imagen a la historia y hacer una obra de real envergadura que se le recuerde. Su último quinquenio será escrito por algún Basadre moderno como: “El gobierno que tuvo, pero no pudo o no quiso hacer algo por cambiar este país”. El terremoto de Pisco y su nula reconstrucción es una prueba de su deficiencia. Tampoco hizo mucho por el aprismo. Al personalizar el partido, terminó trayéndolo abajo y me imagino que sus correligionarios que ahora lo lloran, más tarde que temprano se darán cuenta que la democracia volverá a las bases del partido y podrá surgir —ahora sí— nuevas caras que no le hagan sombra a quien todo lo colmaba y controlaba.   

Alan García, una persona inteligente, culta, provisto de una oratoria sublime y de una memoria de elefante, ganado presuntamente por la corrupción y porque la plata “llega sola”, merece, como todos los muertos, descansar en paz. Yo por mi parte sugiero que sus restos sean incinerados y que los coloquen al pie de su Cristo del Pacífico, su obra faraónica que, por si no lo recuerdan, se financió con plata de Odebrecht. 


miércoles, 21 de marzo de 2018

ppk y sus idus de marzo

Pedro Pablo Kuczynski sobrevivió al proceso de vacancia en diciembre y tras indultar a Alberto Fujimori publiqué un post titulado divide et impera, comparándolo con Julio César al conseguir no solamente quedarse en su puesto, si no fraccionar al partido de sus principales enemigos. No calculé que apenas a los tres meses, a fines de este estío más frío que lo usual, que el presidente iba a terminar renunciando pasados los idus de marzo, evitando emularse como el dictador romano, quien acabó de varios cuchillazos en el Senado al no presentarse en el Parlamento donde iban a despedazar su cadáver político. Hoy que es un día triste —otro más en la historia de la infamia del Perú— saco algunas reflexiones que ojalá sirvan de lecciones para las futuras jornadas electorales.

Reiterado mea culpa. Ya lo escribí antes. Votar por PPK con verdadero entusiasmo en Primera y Segunda Vuelta, seducido por sus pergaminos académicos y familiares (que sea pariente de Jean-Luc Godard, a quien quizá no conoce, pesaba en mí decisión), fue un grosero error de mi parte, haciendo caso omiso a su larga trayectoria como lobista (desde la infausta Página 11). Me queda claro que uno no debe sufragar sólo por simpatías. El voto consciente debe pasar por una mejor evaluación de pros y contras de cada candidato, siendo el requisito fundamental la probidad, aunque parezca difícil de encontrar.

La obstinación de PPK a aferrarse del sillón presidencial me parece que más por amor o genuino servicio al país se debió a la posibilidad de verse en un callejón sin salida y terminar sus días tras las rejas. Ahora que está desprovisto de la inmunidad, más temprano que tarde terminará haciéndole la taba a Humala y Toledo (si consiguen extraditarlo). Triste destino para alguien que creímos un ‘Presidente de lujo’.

No quedan dudas que PPK es mitómano, pero las veces que ha sido interrogado, habla con un convencimiento absoluto de su inocencia que me hace pensar que él no cree que sea pecado recibir dinero por lo bajo, lo que lo convierte en un sujeto no que sufre de incapacidad moral, como cacarean los fujimoristas, si no de una capacidad amoral que no le permite distinguir lo ilícito de su proceder. Lo más peligroso es que gran parte de nuestra clase política padece de esa misma amoralidad que veo bien acendrada en las nuevas generaciones, formados en hogares y universidades donde pasan por alto inculcar en ética y valores. Bajo esta premisa, los políticos del mañana van a ser peores que quienes los preceden, al menos que aprendamos a corregir esta deformación en el vientre de los partidos o movimientos políticos.

Kenji Fujimori es uno de esos políticos deformados de nacimiento. En su corto protagonismo durante el régimen de PPK se granjeó simpatías a través de sus continuos desplantes a la bancada de su hermana y a sus memes utilizando —sin pagar derechos— a The Avengers, como de inmediato se conoció a los fujimoristas disidentes. El mismo día que dio a conocer su movimiento Cambio 21 —calco de Cambio 90— estallaron los ‘kenjivideos’ que terminaron aplastando la escasa credibilidad del presidente y, de paso, trayéndose abajo su futuro presidenciable. Menos mal. Un Fujimori menos. De hecho el menos inteligente y por ende el menos peligroso. Tras abrirle proceso, lo más seguro que él y dos de sus secuaces sean expectorados del Congreso y los tres accesitarios que los reemplacen vitalizarán a Fuerza Popular. Como dicen por allí, en una pestañada Cambio 21 se convirtió en Cambio y Fuera

Si bien la gran mayoría de los ciento treinta congresistas han hecho del Poder Legislativo una cloaca y merecerían que se jale la palanca, apostar por el que se vayan todos es un disparate por tres motivos. Uno, tenemos vicepresidente y según la Constitución Martín Vizcarra debe asumir a la máxima magistratura apenas se le acepte la renuncia a Kuczynski. Dos, carecemos en banca de una clase política lo suficientemente preparada para reemplazar a quienes hoy nos gobiernan y lo más seguro que los suplentes terminen jugándole peor al Perú que los titulares. Aguantemos mejor estos tres años y medio que restan para el 2021 y roguemos que a quienes elijamos para esa fecha tengan al menos un poquito de amor por este país y su gente. Tres, tengo la impresión que en el caso Odebrecht estamos viendo todavía la punta del iceberg y se corre el riesgo de si se adelantan las elecciones elijamos a los corruptos de siempre y les otorguemos inmunidad por cinco años más. Así que antes de tomar decisiones precipitadas, tapémonos las narices y aguantemos a Becerril-Salaverry-Salgado y compañía el tiempo que les resta.