Mostrando entradas con la etiqueta living in the past. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta living in the past. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de noviembre de 2014

no te mueras, chavito

Hay personalidades que uno piensa que vivirán para siempre y en este 2014 que se nos va murieron un par de ellos en suelo mexicano, ambos más o menos contemporáneos, Gabriel García Márquez en abril y Roberto Gómez Bolaños en noviembre. Con Gabo murió en mí un poco el lector adulto, racional, criterioso para embarcarse en la lectura de Cien Años de Soledad a una edad en que la podía comprender y disfrutar. Con Chespirito murió en cambio el televidente infantil, emocional, que se conmovía cuando el Chavo se queda solito en la vecindad, con una banda sonora lacrimógena que luego descubrí era de La Dama y el Vagabundo de Disney (el tema del profesor Jirafales y doña Florinda es de Río sin Retorno de Preminger). Queriéndolos a los dos, es obvio decir cual deceso me golpeó más.

Tengo la edad suficiente para recordar que El Chavo del Ocho era transmitido a las ocho de la noche —en el horario estelar— en ¡Panamericana Televisión!, después de La Tremenda Corte (con esa dupla genial conformada por Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar). Un par de años después formaría parte de la sempiterna programación de América, pero ahora relegado a un horario inocuo antes del mediodía en vez de transmitirse por las tardes donde ojalá algún día pueda volver.
Recuerdo también cuando se consideraba al Chavo un programa nocivo para los niños. De las diversas campañas exigiendo que sea removido del horario infantil o juvenil porque era un mal ejemplo. Una profesora de primaria nos recomendaba no verlo por enseñar palabras como ‘menso’ que empobrecían nuestro léxico. Una amiga de mi edad me confesó que el primer episodio del Chavo lo vio cuando tenía catorce años. Antes estaba prohibido. Sigo pensando si esos vinagrosos censuradores siguen pensando lo mismo hoy que El Chavo ha dejado de ser un personaje mexicano para tener un estatus universal (igual al de Cantinflas y superior al de Tintán). Dónde están ahora que en su horario ahora transmiten Esto es Guerra.
Mi padre detestaba el Chavo. “Cómo puede gustarte un viejo baboso que hace ‘pi-pi-pi-pi’, ¡huevonazo!”. Yo veía y me preguntaba en dónde está el viejo baboso, porque a mis tiernos siete años yo no veía a un adulto vestido como niño, veía a alguien como yo, al igual que Quico, así tuvieran la misma talla que Don Ramón o el Señor Barriga. Tuvieron que pasar muchos años para que mi preferencia incólume por El Chavo convenciera a mi viejo que era un problema. Lástima que nunca pude conseguir lo mismo con El Chapulín Colorado   
Roberto Gómez Bolaños adquirió el nombre de Chespirito por su talla y lo prolijo para escribir libretos, un Shakespeare en chiquito. Redactor de copys publicitarios a los 22 años, secundón en varias comedias infames, el reconocimiento le llegó pasado los 42 años cuando interpretó por primera vez al Chavo. De allí llegaría el Chapulín, el doctor Chapatín, Chaparrón Bonaparte, el Chanfle en el cine y el Chómpiras (acompañado primero por el Peterete (Ramón Valdés) y luego por el Botija (Édgar Vivar). Esa fijación por crear personajes con la CH hizo que al final se quedara con la Chimoltrufia (Florinda Meza), que primero fue flaca de Carlos Villagrán y luego no se detuvo hasta lograr que una de sus estrellas saliera del “programa número uno de la televisión”, como rezaba su careta de entrada.
La marcha de ‘Quico’ del troupé de Gómez Bolaños no es imperdonable, tampoco la batalla judicial con María Antonieta de las Nieves por los derechos legales de la Chilindrina, si lo es en cambio que se deshiciera de ‘Don Ramón’ el cómico más emblemático y querido de su programa, hoy valorado y respetado en la cultura pop de América Latina. Cuando Valdés murió en 1988, para mí, oficialmente, había muerto el Chavo.
Partir a los 85 años de este mundo es un logro envidiable que muchos mortales aspiramos a llegar. Su deceso, entonces, no debería apenarnos. Hace unos años vi una entrevista a este hombre senil donde mencionó una teoría interesante sobre la muerte: “no importa el momento en que te mueres, cuando te toque revivir te encontrarás con todos los que conociste en la otra vida, se hayan muerto antes o después que tú, y volverás a vivir las mismas experiencias con ellos”. Para vivir una misma experiencia no necesito estar muerto, me basta volver a ver películas o programar tan buenos como el Chavo. Chespirito seguirá con nosotros hasta que oficialmente lo saquen de las parrillas televisivas de América Latina.

sábado, 22 de septiembre de 2012

canciones de madrugada

Adolescencia es aquella etapa febril, plétora de pensamientos exacerbados, fantasías grandilocuentes y ensueños etéreos. Un adolescente es una persona desprovista de toda lógica, irresponsable de sus actos y efusiones. Los púberes timoratos, cuyo coraje es similar al de un roedor, son propensos a ilusionarse con amores imposibles y, por añadidura, sus gustos se tornan vulnerables a la música romántica, género que seguro de chiquillos aborrecían, creyéndola propia de niñitas. Los hombres no lloran y tampoco escuchan baladas, salvo que te guste la mariconada.

La afición por las canciones de amor me cogió a los catorce años, preso de una pasión platónica que arrojó todos mis prejuicios musicales por los suelos. Cuando una mujer invade un grueso porcentaje de tus pensamientos, los temas de Nino Bravo o Camilo Sesto funcionan mejor que los de Venom o Iron Maiden. Recién cuando uno se enamora, las letras de muchas canciones cobran sentido, más aún si son tristes, irresolutas, de amores potentes pero desgraciados e inconcretos.

El amor provocó que un joven grosero como yo mutara de hábitos y costumbres. Hizo que me bañara y me acostara con la luz apagada, sintonizando por la radio programas de música romántica. En 1986 las emisoras de la AM eran en Trujillo tanto o más populares que la FM. 96.1 —pionera de la FM en la urbe— tenía desde las nueve hasta las once su programa emblemático: Tu corazón siempre tiene la razón (sospecho que todavía sigue vigente) dándole cabida a muchos temas soft en inglés: Dust in the Wind de Kansas, Summer Breeze de Seals & Crofts o una de mis canciones favoritas de siempre, Reflections of my Life de Marmalade. Sin embargo, yo era más afecto a sintonizar el programa de baladas de Radio Heroica —1410 en el dial—, supongo por el horario que se prolongaba hasta la medianoche, que si bien irradiaba más canciones en castellano, también tenía sus baladas en inglés de bandera: Angie de los Stones o Samba pa'ti de Santana.

Arrullado por tantas melodías de amor —o de dolor— a veces me dormía temprano, u otras me la pasaba en vela escribiendo tontos relatos (felizmente desaparecidos) creyendo que la luna es de queso y es posible mi amor. A fines de 1986 fue la última vez que entraron a robar a mi casa, se birlaron la radio con la que escuchaba baladas y el puñado de dólares que según mis padres iban a servir para enviarme a estudiar a Francia. Me quedé en Trujillo estudiando en la Upao y la música la reemplace por un viejo equipo National que databa de la década de 1960, semejante a una maleta de color verde que mis padres tenían arrumado en el cuarto de los cachivaches (lo que nunca fue un baño privado en el dormitorio de mi hermana). Los parlantes formaban en dos la parte superior de la ‘maleta’. La parte inferior era una radio con dial yaciente que sólo sintonizaba AM y al costado un tornamesa con la aguja del brazo vencida, pero que tenía la particularidad de tocar discos de 33, 45 y 78 rpm.

Ese aparato vetusto se instaló en la parte inferior de mi mesa de noche y fue mi compañero nocturno durante dos años por lo menos, hasta que uno de mis primos me trajo un minicomponente Emerson de Estados Unidos y unas zapatillas Reebok negras que las quise como oro (esa radio luego se la quedaría una de mis enamoradas). El equipo National también tenía para sintonizar radios de Onda Corta (SW1) y Onda Larga (SW2) y algunas veces me daba por escuchar los programas en español de Radio Praga. Insomne desde muy joven, mi gran problema es que la mayoría de emisoras salían del aire a la medianoche y retornaban a las seis de la mañana. Las únicas emisoras que transmitían las 24 horas eran Radio Heroica que pasada la medianoche pasaba salsas, boleros borracheros y cumbias, ritmos a los que no soy muy afecto; Radioprogramas —730 en el dial— cuya mudanza a la FM unos siete años después heriría de muerte a la AM, que transmitía noticias y repetían Noticias en Acción, espacio donde un grupo de cómicos recreaban las noticias más curiosas, jocosas o llamativas a nivel mundial (con temas de la genial The Great Race de Blake Edwards como cortina musical); las radios cristianas que repetían las oraciones del rosario una y otra vez, una grabación fúnebre que en la oscuridad podía ponerte los pelos de punta.

El equipito National tenía, comparado a aparatos más modernos, una antena potente que permitía recepcionar con nitidez en la propia AM en el horario de Drácula —entre las once y las seis de la mañana— las señales de dos radios del Ecuador: Frecuencia Mil, “la romántica de Guayaquil” y sobre todo —en el 580 del dial— Radio Uno (también del Guayas). Ambas emisoras, para mi beneplácito, eran especializadas en música romántica por lo que mis noches solitarias fueron más agradables.

Además de la claridad con que llegaban las ondas a mi habitación, Radio Uno llamaba mi atención por sus cuñas radiales que parecían sacadas de otro tiempo de hace una década por lo menos, en comparación de las cuñas de las radios trujillanas, más acordes a la década de 1980. Mis madrugadas entonces adquirían un aroma vintage, una añoranza por una época que nunca fue mía pero siempre quise que lo fuera. También me llamaban la atención el puñado de títulos o cantantes que jamás había escuchado en las emisoras locales. Más dulce que tú de Leo Dan por ejemplo (Porque te quiero, te quiero mi vida, te quiero), es una canción muy poco difundida a pesar de su popularidad en nuestro medio. Mi plegaria de un desconocido César, oriundo de Guatemala (Si en la noche azul, oyes el eco enamorado de mi voz, escúchalo mi bien que es para ti). Tú en mi vida del maestro Roberto Carlos (me enseñaste el amanecer de un lindo día y fui feliz con tu querer) que muy de vez en cuando la escucho en Felicidad o en La Inolvidable. Yo sé que tú de Marisela, blonda de preciosos ojos azules, totalmente desconocida por acá (Yo que puedo hacer, si me fijé en ti, si no puedes ser mío, qué puedo hacer yo por mí). La versión en español de La casa del sol naciente a cargo de Los Speakers de Colombia (Oh madre, dí a tus hijos, “no hacer lo que hice yo”). Cómo me haces falta de Los Bukis, la banda original de Marco Antonio Solís (La noche, tu foto y soledad es toda mi compañía). La versión en castellano de Dammi solo un minuto de I Pooh, populares en nuestro medio por Debes comprenderme; sonó más bien el cover de los venezolanos Témpano (dame sólo un minuto, un soplo de aliento, un mínimo instante). Irradiaban también Te necesito de nuestro coterráneo Beto Danelli, un año después que había alcanzado los charts nacionales.

Escuchar música para ‘dormir’ fue un vicio que abandoné cuando el colegial soñador dio paso al universitario contestatario. El insomnio me ha recrudecido y ahora para conciliar el sueño, por recomendación del doctor Pérez Albela, desenchufo a excepción de la refrigeradora todos los aparatos eléctricos. El otro día, movido por la añoranza, descubrí en la web la página de la radio y me emocioné pensando que todavía subsistiera en la AM brindando la misma programación romántica, lo que me hace suponer que posiblemente las radios de amplitud modulada tienen más audiencia en el Ecuador urbano que en el Perú. Espero que tengan larga vida y pueda escuchar su señal online alguna madrugada cuando me vuelva a quedar solo.

lunes, 30 de enero de 2012

once momentos impactantes de la TV peruana en los ochenta

Es paradójico que ahora contemos con más de cien canales de televisión y no encontremos nada para ver. En el Trujillo de mi pubertad con dos canales —la señal del Estado recién ingresó a mediados de 1984 y salía del aire por largas temporadas— nos bastaba para entretenernos.
 
Los trujillanos de igual o mayor edad que yo, recordarán cuando los programas eran emitidos con una o dos semanas de retraso respecto a Lima. La transmisión a nivel nacional se haría realidad recién en 1982 con el mundial de España. También recordarán que viajar a Lima era ver ‘más’ televisión porque tenían otros canales: Frecuencia 2 (Frecuencia Latina), Canal Nueve (ATV), 27 UHF y Stereo 33 (Global). Los provincianos nos contentábamos con tener Panamericana y América, en tiempos que los segmentos estaban bien definidos: programación infantil (dibujos animados) en las mañanas —Panamericana fue el primer canal que en 1981 se animó a abrir su programación a las seis con un noticiero madrugador, Buenos Días, Perú, con su inolvidable cortina tomada de Talking Out of Turn de los Moody Blues—, bloque femenino (telenovelas) desde el mediodía hasta las cuatro de la tarde, películas, sitcoms o más dibujos hasta las siete, de nuevo telenovelas o series policiales en el prime time, noticiero a las diez, una serie de puente para la película de trasnoche y cierre de programación, extendiéndose máximo hasta las dos de la mañana. 
 
Me animo a enunciar la hipótesis de que el consumo tan restringido de televisión ha hecho que su contenido se haya vuelto tan entrañable para mi generación. Ahora, con una parrilla televisiva tan variada, el televidente está expuesto a tal bombardeo audiovisual que resulta imposible retener tantas imágenes. Yo, por ejemplo, llevo en la memoria grandes momentos de la televisión, acontecidos a lo largo de la década de 1980 (tan querida y añorada), quizá no tan impactantes como el de un avión estrellándose contra el World Trade Center, pero que por derecho propio quedaron indelebles en mi retina. Esta es mi selección personal de los que considero Los once momentos más impactantes de la televisión peruana en los ochenta. Si caigo en omisiones, espero que los televidentes de la época me ayuden a subsanarlos.

11. EL ATENTADO CONTRA REAGAN No ocurrió en el Perú pero llamó la atención cómo se transmitió la noticia a nivel nacional. Fernando Llamosas era quien narraba los avances noticiosos de 24 Horas —que se emitían cada hora a partir de las cinco de la tarde—, sin embargo, una tarde de marzo de 1981, apareció de improviso, cortando la película de Platea de Verano y exclamaba: “¡Flash de último minuto! Hace instantes atentaron contra la vida del presidente Ronald Reagan”. Seguían a continuación imágenes del mandatario, sonriente por una calle de Washington D.C. y cuando alza la mano para saludar a la gente, se escuchan varios disparos, la cámara se mueve y se ven varias personas en el suelo. Luego se sabría que fueron seis detonaciones, una bala se alojó en el pulmón de Reagan, pero sobrevivió y fue una figura decisiva a lo largo de la década, rebrotando la Guerra Fría y al final saliendo vencedor de la misma. Otras noticias impactantes de la década fueron el atentado contra Juan Pablo II a manos de Alí Agca, la invasión de Argentina a las Malvinas, la explosión del Challenger en pleno vuelo, el estudiante parado frente a los tanques en la Plaza Tianamen, la caída del muro de Berlín.
       
10. VILLAGE PEOPLE EN PERÚ Que llegase a nuestro país una banda en su pleno apogeo era imposible. Los peruanos nos conformábamos con las presentaciones de Raphael, Camilo Sesto, Paloma San Basilio (famosa por la ópera-rock Evita), Jeanette, El Puma, Menudo, Parchis, etc. Muchos de ellos incluían a provincias como Trujillo en sus giras. En 1980, sorprendió la visita de Village People, sexteto que hacía bailar a medio mundo con temas como YMCA, In the Navy, Macho Man, etc. y ofrecieron un especial para la televisión transmitido por América bajo la conducción de Rulito Pinasco, quien en todo momento conversaba en castellano con Felipe, el miembro de la banda de ascendencia boricua que se disfrazaba de ‘indio’. Ese año su canción Can't Stop the Music  ganaría La Más Más de Radio Panamericana, el ranking musical más importante del país. Village People volvería a presentarse en Lima, junto con el trío Ritchie Family, en 1983, pero su momento había pasado hace rato.
 
09. CUANDO CHUIMÁN HIZO DE BOSÉ En los ochenta, Risas y Salsa era el programa número uno de la televisión peruana, cita obligatoria de todos los sábados a las ocho de la noche, con scketchs antológicos como El Novio con Adolfo Chuiman, Aurora Aranda y Alex Valle; Quién soy yo… papá con Chuiman y Elmer Alfaro; El Jefecito con Antonio Salim, Analí Cabrera, Mabel Duclós y Rodolfo Carrión; La banda del Cholcito con Petipán, Álvaro Gonzales, Pedro Centurión y el ‘Chino’ Yufra; etc. También destacaban sus parodias de un spot publicitario de la época o las imitaciones de artistas conocidos. Chuiman era la figura estelar del programa, el galán, el palomilla, el papirriqui. Una de sus performances más inolvidables fue sin duda su remedo amanerado de Miguel Bosé cantando Don Diablo (me agarra muy suavemente...). Otra imitación memorable fue la del ‘Loco’ Ureta —para muchos nuestro mejor fonomímico— haciendo de Rita Pavone cantando Datemo un Martello. Su deceso a causa de una peritonitis en octubre de 1982, conmocionó a la teleaudiencia nacional.        

08. MISS UNIVERSO EN EL PERÚ 1982 fue un año convulsivo. Terrorismo. Inflación. Quema de llantas. Sin embargo, un país tercermundista como el nuestro —por injerencia de Panamericana TV— se dio el lujo de organizar tres eventos de jerarquía internacional: el mundial de vóley (en Trujillo vimos a cubanas, húngaras, holandesas, etc.), el Festival de la canción de la OTI (que hace años dejó de organizarse) y un Miss Universo en lo que fuera el Coliseo Amauta. Francesca Zaza fue nuestra representante en el certamen, a quien a manera de consuelo le otorgaron el premio al Mejor Traje Típico (un vestido carísimo ornamentado con hilos de oro). La canadiense Karen Baldwin se hizo acreedora a la corona, cuyo rostro de enormes ojos azules aparecía al cierre de un spot de agua mineral San Luis de la época. El Grupo Chaski realizó un documental del evento donde se desnudaban los contrastes sociales del Perú de ese entonces y de hoy).

07. MARIO CUETO CÁRDENAS Comparado con otros puntos del país, los trujillanos pasamos piola frente a las acciones terroristas de Sendero Luminoso. Apenas un par de bombazos, uno en la casa del prefecto y otro que voló la fachada del Hotel de Turistas. Un imberbe de nueve años como yo comenzó a tomar conciencia de la barbarie senderista a través de los informes de Mario Cueto Cárdenas, corresponsal de Panamericana en Ayacucho, quien a diario informaba de los atentados sediciosos en esa localidad que me imaginaba un lugar infernal imposible de vivir. Para aumentar mi visión vesánica, las corresponsalías del señor Cueto eran por teléfono y sólo ponían como fondo la fotografía del campanario de uno de los tantos templos ayacuchanos, aumentando más el terror porque dejaban a la imaginación lo que realmente sucedía. A mediados de la década, la violencia senderista llegaría a Lima y con ello los toques de queda, el vuelo de torres de electricidad, atracos bancarios, apagones, coche-bombas. Aparecería otro movimiento guerrillero, el MRTA, especializado en secuestros, como el de Héctor Delgado Parker, a quien liberaron tras varios meses en cautiverio, negociándose la propagación de un vídeo donde el MRTA se presentaba a la teleaudiencia a cargo de Néstor Cerpa Cartolini, quien luego dirigiría la toma de la residencia del embajador japonés.
 
06. LA LLEGADA DEL PAPA La primera visita de Juan Pablo II al Perú fue el acontecimiento religioso de la década (de los noventa serían las ‘vírgenes lloronas’). Llamado el ‘papa peregrino’ Wiojtila en realidad era un papa ‘marketero’ que promovió la imagen del cristianismo por todo el orbe durante sus veintisiete años frente a El Vaticano, bajo el eslogan ‘Totus Tuus’. Provisto de un carisma que supo aprovechar, su llegada en febrero de 1985 —en una nave de Allitalia llamada Luigi Pirandello— fue apoteósica en cada una de las ciudades en los cinco días que duró su estadía: Lima, Arequipa, Piura, Ayacucho, Trujillo, Iquitos (donde el calor tropical lo llevaron a anunciar que “el papa es charapa”). Yo tenía trece años, aunque su homilía fue cerca a mi casa, mi repulsión natural hacia las multitudes me hizo verlo por televisión. Recuerdo su recorrido en el Papamóvil por la Avenida Mansiche, de ahí por España hasta llegar a la Avenida Libertad —que le cambiaron de nombre a Juan Pablo II tras su presentación— y su arribo al Óvalo Papal. En 1988 volvería al Perú por segunda vez, pero su permanencia sólo fue por cuarenta horas.
 
05. LA ‘BODA’ DE RODRIGO Y MÓNICA Lucho Llosa tiene un sitial bien ganado en la historia y evolución de la producción televisiva nacional. Saltó a la palestra en 1983 con Gamboa, la primera serie policial peruana hecha bajo los patrones de las series americanas. En 1985 utilizaría la Casa Dasso de Barranco para producir Carmín (remake de El adorable profesor Aldao) la primera telenovela grabada en exteriores y su conexión con la audiencia juvenil fue inmediata. La Carmín original —al año siguiente se haría una continuación— constaba de dos partes. La primera enfocada en la relación entre el profesor Mariano Tovar (Roberto Moll) y la estudiante Fiorella Mencchelli (Patricia Pereyra). La segunda, seguía los amores de Rodrigo (Jorge García Bustamante), hermano de Mariano, y Mónica (Claudia Noriega), compañera de clases de Fiorella. Lo curioso es que la segunda parte fue más exitosa que la primera, contando con dos momentos culminantes que barrieron ratings: 1) cuando Rodrigo llega a la Iglesia e impide que Mónica se case con otro y 2) cuando Mónica y Rodrigo se fugan para casarse en Cuzco. Ambos episodios se grabaron en templos de verdad y en los exteriores el público se arremolinaba para verlos. El éxito de Carmín animaría a Llosa a tentar suerte en el cine de serie B —de la mano de Roger Corman— y en la década de 1990 a formar Iguana Producciones y realizar un puñado de telenovelas exitosas.
 
04. LA BRONCA DE FERRANDO Y BELMONT La primera Teletón para colaborar con los niños discapacitados de la Clínica Hogar San Juan de Dios se realizó en 1981 (con un spot sensiblero donde el niño-símbolo miraba a la cámara y decía: “no te olvides de mí”). El animador del evento en sus primeros tiempos fue Ricardo Belmont. Cada año, faltando minutos para que se cumpla el plazo, todo el país aguardaba con auténtico suspenso que se llegase al monto pactado (lo que sucedía la mayoría de veces y luego se repetía la frase: “¡el Perú es un país grande y solidario!”). En 1984 el programa Sábados de Belmont de América se había convertido en dura competencia para el sempiterno Trampolín a la Fama de Panamericana, por lo que la animadversión de Ferrando hacia Belmont se haría manifiesta en la Teletón de ese año. En la tarde del sábado —el horario en disputa— el animador de Trampolín se apareció en la Teletón —en América TV—, sacó de su bolsillo un fajo de billetes y encarándolo al ‘colorao’ le dice: “Mira, hermano, aquí está mi colaboración. ¿Y tú cuánto vas a poner?”. Belmont quiso mantenerse ecuánime, pero lo único que consiguió fue sulfurar más al zambo quien comenzó a lanzar epítetos como: “¡malagradecido!” o “¡yo te descubrí!”, antes de ser desalojado del set por custodios del orden. Más tarde salieron rumores de que el ‘hermanón’ sacaba una tajada de lo recaudado en la Teletón, pero eso nunca se pudo comprobar.
 
03. EL POTO DE AMPARO Analí Cabrera, Gisela Valcárcel, Raquel La Rosa, Sonia García, Patty Cabrera, Giovanna Vélez, Bélgica Rodas, aparte de las argentinas Sandra Villarruel, Selva Mayo, Fedra López, Alejandra Domínguez, Maritza Garay, etc. Hablar de las vedettes de los ochenta da para un post aparte. Una de las más impresionantes y voluptuosas era Amparo Brambilla. Bastante alta y de hermosas facciones, en 1991 yo y dos amigos —que medimos 1.80 en promedio— nos tomamos una foto con ella y con taco bajo fácil nos llevaba una cabeza. Era también bastante prolija en carnes (y grasa), justo para el gusto de los peruanos de entonces. Su trasero era extra-large, estrambótico, fellinesco, era pues todo un big ass, tan grotesco que me parece se discutió por ahí una moción de censura para que no lo vuelva a exhibir en público. Una noche, Amparo nos dejó boquiabiertos a todos. Fue en la Premiación del Circe (círculo de cronistas del espectáculo) de 1983 donde meneó sus nalgas gigantescas por largo tiempo el peruano oprimido. Un espectáculo demasiado calentón para una época donde ver potos y tetas en la pantalla chica era algo impensable. Una visión turbadora, de consecuencias febriles que marcó un antes y un después para un púber espectador como yo.   

02. LA MEDALLA DE SEÚL La década de 1980 fue la edad de oro del vóley peruano, coincidiendo con el declive de nuestro balompié (magnificándose aún más con la tragedia del Fokker). Perú se dio el lujo de organizar un mundial de la disciplina en 1982 —donde quedamos subcampeonas detrás de China— y otro mundial de juveniles en 1989. En 1984 quedamos semifinalistas en las Olimpiadas de Los Ángeles. En el mundial de Checoslovaquia de 1986 volvimos a ser semifinalistas. El momento de gloria aconteció en 1988 en las Olimpiadas de Seúl, cuando todo el Perú se pegó en las madrugadas para ver a Cecilia Tait, Rosa García, Natalia Málaga, Gaby Pérez, Denisse Fajardo, Gina Torrealva y demás, derrotar a Corea, Japón, China en dramáticos encuentros y llegar a la final frente a la Unión Soviética. Perú se impuso en los dos primeros sets y en el tercero iba adelante 13 a 9, pero se dejó voltear y luego perdió los dos sets restantes (estando en el último con dos match points). Una derrota que dolió y que nos duele hasta hoy, al punto que el vóley peruano nunca más volvió a ser el mismo.
  
01. EL MOTÍN EN EL SEXTO La tarde del 27 de marzo de 1984, todo el Perú se quedó perplejo ante las crudas imágenes propaladas desde El Sexto, presidio ubicado en pleno centro de Lima. En vivo y en directo observamos cuando a un rehén lo sentaron en el techo y le dispararon a quemarropa, vibrándole la camisa. A otro le acuchillaron repetidamente la pierna en su intento por escapar. A otro le rociaron querosene y le prendieron fuego. Nunca antes se había expuesto un motín con tanta crudeza y brutalidad. Los camarógrafos de todos los canales —cuales buitres— se apostaron en el techo del colegio Guadalupe y competían entre sí para ver quien captaba las ‘mejores’ imágenes. Según la tesis de muchos psicólogos —y de la película Reportaje a la Muerte—, el hecho de que los propios amotinados, liderados por Luis García (a) Pilatos, se vieran en la pantalla chica, exaltaba aún más su vesania. En la noche ingresó la policía y balearon a los doce amotinados (ajusticiando, de paso, al famoso pichicatero ‘Mosca Loca’). Nunca más se ha vuelto a televisar en vivo un ‘espectáculo’ como este, a pesar que masacres penitenciarias —llámese El Frontón o la del Lurigancho— han seguido sucediéndose.

jueves, 20 de mayo de 2010

mis animes favoritos (tomo II)

En el primer tomo hacía revisión de mis animes favoritos sin trama continuada o encadenada. En el segundo pasaré revista a las ‘telenovelas’ en dibujos animados, subgénero en que los japoneses son unos capos. Reitero, al igual que en la lista precedente, mi subjetividad en el discernimiento.

10. EL REY ARTURO (Entaku no Kishi Monogatari Moero Āsā) 30 episodios producidos entre 1979 y 1980 por Masayuki Akehi y Tomoharu Katsumata, tomándose ciertas licencias para recrear las andanzas del legendario rey Arturo. La historia principia con la invasión del rey Lavik a Camelot, obligando al rey Uther a entregarle su hijo al mago Merlín para que quede a salvo, quien a su vez entrega al recién nacido a una familia de granjeros para que lo críen. Pasan los años y el joven Arturo consigue extraer la espada Excálibur de la piedra y se convierte en rey, enfrentándose al cruel Lavik y a su ayudante, una hechicera llamada Medessa (que substituye a la legendaria Morgana en el entuerto). El anime contó con una segunda parte: El príncipe del caballo blanco (Moero Arthur: Hakuba no Oji) no transmitida en el Perú. La canción de intro en español de España decía: “El que sabe la verdad, el que sabe cómo actuar, es el rey Arturo. El que tiene la verdad, el que lucha por la paz, el rey es él. Con su espada va a luchar, y la corte va a ayudar, el rey Arturo... El es el rey Arturo, tan bueno, él lucha por la libertad”. Programado por América TV en las mañanas, recuerdo a Jessica, una ex enamorada, quien encontraba churrísimo al personaje.

09. HEIDI 52 episodios entre 1974 y 1977 producidos por Isao Takahata, Atsuji  Hayakawa y Masao Kuroda, corriendo el diseño de los personajes a cargo de Hayao Miyazaki. Basado en la novela homónima de Johanna Spyri —quizá la más famosa de la literatura helvética—, la historia trata de una niña que es enviada a los Alpes suizos a vivir con su abuelo, un gruñón ermitaño que poco a poco le irá tomando cariño a su nieta. El tema de intro dice: “Abuelito dime tú, por qué en la nube voy. Dime por qué huele el aire así, dime por qué soy tan feliz. Abuelito, nunca yo de ti me alejaré”. Programado por Panamericana a fines de la década de 1970 en el mismo horario dejado por Marco, teniendo el mismo efecto lacrimógeno en la audiencia.

08. GRAND PRIX 44 episodios elaborados por Rintaro entre 1977 y 1978. Trata sobre un piloto de carreras llamado Takaya Todoroki que sueña con participar en la Fórmula 1. En una competencia para principiantes, un desatino suyo ocasiona un terrible accidente y él, mientras se recupera en el hospital, jura nunca más volver a correr, sin embargo conoce a Niki Lauda, el famoso campeón mundial, que a lo largo de la serie aparecerá cubriendo su rostro con una máscara blanca —a propósito de sus quemaduras en el accidente de Nürburgring— quien lo anima a competir en la Fórmula 0, una nueva categoría con monoplazas más veloces que en la F1. Miembro del equipo Katori Motors y conduciendo una máquina especialmente diseñada para él, el ‘Todoroki especial’, lo curioso es que sea por el motivo que fuera, siempre terminaba perdiendo. Recién en el capítulo final, Takaya consigue ganar un Grand Prix.

07. MARCO (Haha wo tazunete sanzenri) 52 episodios elaborados por Isao Takahata en 1976. Basado en De los Apeninos a los Andes de Edmondo di Amicis. Obra cumbre de la animación nipona, al punto de que afirmaría de existe un antes y un después de Marco, nuestro amigo, quien acompañado por su chango Amenif —en otros lares se le conocía como Amelio—, parte desde Génova hacia la Argentina en busca de su mamá. Cada capítulo era una angustia pues parecía que ya la encontraba pero nada, la tía había partido de Buenos Aires a Bahía Blanca, de ahí a Rosario y, en el capítulo final, la encuentra en Córdoba, enferma y postrada en una cama (no en vano el nombre del anime en japonés es: Tres mil leguas en busca de mamá). Como la gran mayoría de mi generación, me sé de memoria la intro: En un puerto italiano... Panamericana anotó un golazo al pasarla a fines de la década de 1970. América intentó tener un éxito similar con Remi, el niño de nadie (le naki ko), pero este anime ambientado en Francia era tan melodramático como insufrible.

06. LADY OSCAR (Berusaiyu no Bara) 41 episodios producidos entre 1979 y 1980 por Tadao Nagahama y Osamu Desaki (el mismo de Cobra y Remi). Su nombre original es La rosa de Versalles, basado en el manga de Riyoko Ikeda. Ambientado durante el reinado de Luis XVI y la Revolución Francesa, Oscar es en realidad una mujer criada como un noble doncel debido a su progenitor, obseso por tener un hijo varón. Su habilidad con las armas le procuran una exitosa formación militar, llegando a formar parte de la guardia imperial. Oscar empezará a descubrir o a sentir su femineidad cuando se enamora de Axel Fersen —quien en la vida real fuera amante de María Antonieta— y luego, cuando toma conciencia que es una fémina en todo el sentido de la palabra, se entregará a André, su fiel lugarteniente, protagonizando una escena de desnudos en medio del bosque que de por sí causó conmoción en los espectadores peruanos de mediados de la década de 1980. Transmitido por Panamericana al igual que La Princesa Caballero (ribon no kishi), anime que tiene la misma premisa: una chiquilla criada como varón, pero aparte de ello carecen de otras similitudes.  

05. CAPITÁN RAIMAR (Uchu Kaizoku Kyaputain Harurokku) 42 episodios producidos entre 1978 y 1980 por Rintaro, basándose en el manga de Leiji Matsumoto. El capitán Raimar es un pirata espacial, de porte gallardo a pesar de la notoria cicatriz que surca su rostro. Su nave espacial es el Arcadia que guarda muchos secretos metafísicos, entre ellos el espíritu del constructor de la nave. Entre sus tripulantes variopintos hay una alienígena que se alimenta de alcohol y habla como borracha. La historia nos traslada a un futuro donde la humanidad, a causa de la paz y la estabilidad, se ha vuelto anodina y por ende es presa fácil de las valusianas, una raza extraterrestre de mujeres bellas pero malignas, lideradas por la reina Raflesia. El padre de Tadashi Daiba intenta hacerles ver a sus congéneres esta amenaza, pero es asesinado por una valusiana. Tadashi busca la ayuda de Raimar y la lucha contra las invasoras se traslada al espacio exterior. Capitán Raimar era transmitido por Panamericana los domingos por la tarde. En España y otros países de América Latina conocen a la serie como Capitán Harlock.                             

04. NAVE ESPACIAL (Uchū Senkan Yamato) 77 episodios producidos entre 1974 y 1981 por Leiji Matsumoto —el mismo de Capitán Raimar—, que le rinde homenaje al poderoso Yamato, el acorazado más grande de la Segunda Guerra Mundial, un orgullo nacional para los nipones. La historia nos ubica en el año 2199, el Yamato espacial cuenta solamente con un año calendario para partir hacia el planeta Iscandar, recoger el limpiador de Cosmos y retornar a la Tierra para descontaminarla de la radioactividad producida por el ataque de los malignos habitantes del planeta Gamilus, lo que obliga a los terrícolas a refugiarse en las entrañas del planeta. Una verdadera odisea espacial con ciertas reminiscencias a pasajes de la Biblia como el Yamato haciendo las veces de arca de Noé o la muerte del barbado capitán, quien se pasa la mayor parte en cama —de hecho agoniza a lo largo de la serie— observando nuestro mundo en el capítulo final como si se tratase de Moisés quien observa pero no llega a pisar la tierra prometida. Transmitido por Panamericana, al final de cada episodio una voz en off recordaba a los espectadores la cuenta regresiva, jugando con la angustia de si iban o no a cumplir con el plazo.

03. CANDY CANDY (Kyandi, Kyandi) 115 episodios elaborados entre 1976 y 1979 por Shun-ichi Yukimuro, basado en el manga de Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi. Amada y defenestrada por igual. Yo particularmente no pude evitar enamorarme de ella a mis tiernos nuevo años, embelesado por sus ojos verdes, sus bucles dorados y la voz acaramelada de la argentina Cecilia Gispert para América Latina. No creo que volviera a ser fanático de una serie televisiva como lo fui de Candy. No me la perdía por nada cuando Panamericana la transmitió por primera vez en el lejano 1981, los martes y jueves a las 6:30 de la tarde. Estuve tan prendado de ella que intenté dibujar cada una de sus historias, en un intento de capturarla, quizá poseerla en un pedazo de papel. Esta declaración, por supuesto, la hago hoy que me acerco a los cuarenta, de párvulo me habría callado por temor que me tildasen de cabro. Candy Candy fue el primer mahō shōjo que se vio por estos lares, el primer anime dirigido a mujeres y chibolos de gustos aframbuesados como yo. La historia es harto conocida —incluso para quienes juran que nunca han visto ningún episodio—, la niña huérfana, adoptada, que se le muere el primer amor al caerse del caballo, que se vuelve a enamorar de otro en un colegio británico, que se hace enfermera, que se va a vivir con un hombre sin estar casados (una adelantada) y al final ese hombre resulta siendo su protector y príncipe de la colina. Un melodrama macanudo que a nadie —ni siquiera a sus más fanáticas— le gustó el final. Incluso en Italia realizaron una segunda parte no autorizada donde Albert moría de una fiebre tropical en el África y Candy se quedaba con Terry, el favorito de todas, seguro culpable de las primeras calenturas en muchas chibolas.  

02. COBRA (Kobura) 31 episodios elaborados por Osamu Dezaki entre 1982 y 1983, basándose en el manga de Buichi Terasawa, quien a su vez se inspiró en el actor francés Jean-Paul Belmondo para concebir al personaje. Cobra es un filibustero inescrupuloso que recorre la galaxia en busca de las tres bellas hijas de un viejo pirata que ha tatuado en sus espaldas un mapa del tesoro. Lo inusual del anime era su alto contenido erótico, las féminas eran desnudadas sin ningún tapujo para beneplácito de la púber teleaudiencia. Nunca pude ver el capítulo final y sospecho que nunca lo transmitieron en el Perú. Programado en las tardes, luego en las mañanas muy temprano, llegó el momento en que los directivos de América TV decidieron cancelarla al percatarse de lo que estaban transmitiendo a la chibolada... sin embargo, ya era demasiado tarde.

01. ROBOTECH El único anime no elaborado en Japón, curiosamente encabeza esta lista. La serie consta de 85 episodios, producidos en 1985 en los Estados Unidos. Carl Macek adquirió los derechos de Chō Jikū Yōsai Makurosu, el anime original que contaba con 36 episodios y si bien se hace notoria la manufactura gringa, la serie nunca pierde su esencia nipona. Robotech cautivó a toda una generación no por sus escenas de combate sino por dramas cotidianos de sus personajes en la ciudad Macross, una plataforma espacial que flotaba a una distancia cercana de la Tierra. Si bien el protagonismo de Rick Hunter es marcado, debatiéndose entre el amor de la bella Lynn Minmei y la cerebral Lisa Hayes, las vivencias de Roy Fokker o de Max Sterling también se siguen con interés. Se adentraba también en el mundo de los temibles zentraedi, los invasores alienígenas, permitiéndonos conocer su idiosincrasia bélica y sus costumbres como la separación de ambos sexos. Como bien decía la publicidad de Retro, el extinto canal argentino de cable cuando la repuso en 2008: “Mientras luchan por salvar la Tierra, ellos cometen errores, discuten, pelean, se enamoran, mueren... después de todo son seres de carne y hueso. Robotech, la serie de animación con la que te hiciste adulto”. Finalizada la saga Macross, los productores idearon una segunda saga, la de la hija de Max Sterling y la zentraedi Miría, luego una tercera saga, pero ninguna tuvo el mismo impacto que la original. Robotech es de esos productos audiovisuales que no merecen extenderse más de lo necesario.

viernes, 14 de mayo de 2010

mis animes favoritos (tomo I)

Ninguna serie de animación —ni siquiera Los Simpson— despierta tanta pasión como los animes japoneses, de todas las épocas, de todas las temáticas. Pienso, al igual que toda mi generación, que los mejores animes son los de mi infancia, los transmitidos en el Perú entre las décadas de 1970 y 1980, muchos de ellos dibujados en blanco y negro. Si bien existen muchas clasificaciones de anime como el Mecha, Mahō shōjo, Gekiga, Kemono, Spokon, Hentai, etc., he optado por separarlos en dos grupos: A) Animes sin continuidad, es decir aquellos que si bien tienen una unidad temática en todos sus episodios, tienen un final independiente unos de otros, B) Animes novelados, es decir que cada episodio está concatenado con el siguiente, misma estructura de la telenovela. Dejando para un post futuro a los del grupo B, pasaré revista a los del grupo A en este top-ten —reitero personal— conforme me marcaron a tan temprana edad.

10. LOS TRES ESPACIALES (Wondā 3) Creado por Osamu Tesuka (1928-1989), conocido como ‘el dios del manga’. Consta de 52 episodios producidos entre 1965 y 1966. Trata sobre tres extraterrestres que llegan a la Tierra con la misión de evaluar a la humanidad teniendo dos alternativas: a) si los humanos son una raza bélica, deben destruir su planeta, y b) si son bienhechores, los deben ayudar a desarrollar su ciencia. Para pasar piola entre los humanos, los tres toman forma de animales: Ronny la coneja, Bonny el caballo y Zero el patito, utilizando una llanta voladora como medio de transporte. Sus identidades son descubiertas por Randy, un niño, y su hermano mayor, el agente P-77 de una organización internacional; ambos convencen al trío en ayudarlos a combatir a los criminales. Transmitido en el Perú por Panamericana TV, su tema introductorio era: “Tres seres del espacio, llegaron a cumplir una misión, tomaron la forma de un caballo, de un conejito y un patito”.      

09. ASTROBOY / EL AS DEL ESPACIO Dos de los primeros animes, ambos transmitidos por América TV en la época de los milicos. Astroboy (Tetsuwan Atomu), basado en el manga de Osamu Tesuka, fue el primero de todos. Dirigido por Rintaro (Hayashi Shigeyuki), sus primeras temporadas de 1963 a 1966 en B/N constan de 193 episodios. La trama es similar a Pinocchio. El doctor Temma crea un robot con sentimientos humanos y cuerpo de niño, diseñado a imagen y semejanza del hijo del científico que murió en un accidente de tránsito. Astroboy posee, además, vista de rayos X, súper oído, cohetes en sus botas y brazos y cien mil caballos de potencia, a lo que se agrega la posibilidad de disparar dos pequeñas armas instaladas en su trasero. Posteriormente se realizaron dos temporadas a color (1980 y 2003) y en 2010 una película homónima made in USA. El As del Espacio (Uchū Ēsu) es una creación de Tatsuo Yoshida. Costa de 52 episodios en B/N hechos entre 1965 y 1966. Consiste en que un niño alienígena —algo subidito de peso— llega a la Tierra perseguido por criaturas espaciales y es acogido por un científico, el doctor Escobilla y su hija Sarita, quien luego se convertiría en su amor platónico. El As posee el poder de hacer con su mano aros de plata, los cuales arroja contra los malosos y le sirven a la vez como medio de transporte. Impedido de ingerir comida terrestre, come una especie de gomas de mascar preparadas por el doctor Escobilla. En el capítulo final, se enfrenta en una batalla intergaláctica contra los villanos del planeta Orión y al ganar puede retornar a su planeta en la galaxia Andrómeda.

08. EL PRÍNCIPE PLANETA (Yusei Shonen Papi) 52 episodios en B/N, hechos en 1965. Mezcla de Astroboy con Los tres espaciales. El Príncipe Planeta es enviado a la Tierra desde el planeta Radión para investigar si los humanos podemos formar parte de la «Unión Galáctica de los Mundos», un grupo forjador del orden, la paz y el desarrollo en el universo. Posee una inteligencia 300 veces superior a la de cualquier ser humano y necesita de energía por lo que carga con un medallón nuclear que, entre otras propiedades, lo convierte en un niño terrícola que toma el nombre de Bobby. En la Tierra, entabla amistad con una niña llamada Estrellita y su padre, un científico, quienes disponen de un anillo para comunicarse con él cada vez que se encuentran en peligro. Sus enemigos son Capirote (el genio malévolo de Marte) y Krag (el amo de la miseria). Al Príncipe le borraron todos los recuerdos afectivos de su planeta natal para que pueda cumplir su misión. En muchos episodios el pobre termina llorando cuando emerge algún recuerdo de su madre. La serie se difundió por América TV. Tras la introducción instrumental seguía una locución que decía: “El Príncipe Planeta. Acompañémosle en su lucha contra la maldad por los mundos, en la Tierra y el Espacio”.

07. MAZINGER Z (majingā zetto) Creado por Go Nagai, comenzó como manga y luego se convirtió en anime. Consta de 92 episodios producidos entre 1972 y 1974. Se transmitió por Panamericana TV en la década de 1980. La trama principia cuando el Dr. Hell y el Dr. Kabuto encuentran una serie de robots gigantes, construidos por una antigua civilización del Egeo de tecnología muy avanzada. El Dr. Hell, movido por la ambición de conquistar el mundo, se convierte en enemigo mortal del Dr. Kabuto, quien encuentra en la falda del monte Fujiyama un nuevo mineral, el japonium, capaz de soportar temperaturas de hasta seis mil grados Cº y con el que creará a Mazinger Z, un robot poderoso, capaz de enfrentarse a los armatostes al servicio del Dr. Hell. El andrógino Barón Asher —mitad hombre, mitad mujer— asesina al Dr. Kabuto, pero éste, antes de fallecer, le confía a su nieto, Koji Kobuto, los malvados planes de su adversario y le da a conocer a Mazinger Z, una máquina que él mismo manipulará, introduciéndose en su cavidad encefálica. En su lucha contra el mal se le unirá el Dr. Yumi, creador de Afrodita A —un robot piloteado por su hija, Sayaka Yumi— que tenía la particularidad de contar con senos que explotaban como misiles. Entre Koji y Sayaka se genera un relación de amor-odio pues él es orgulloso y machista y ella celosa y de fuerte temperamento por lo que sólo al final de le serie se concreta una relación entre ambos.

06. EL HOMBRE DE ACERO (Tetsujin 28-gō) Basado en el manga de Mitsuteru Yokoyama, consta de 83 episodios en B/N dirigidos por Yonehiko Watanabe, entre 1963 y 1965. La serie está ambientada en el año 2000. Un científico es asesinado por unos malhechores que quieren apropiarse del robot gigante que acaba de inventar, pero el joven hijo del científico, un niño de doce años llamado Carlos Centella —vestido invariablemente con short, corbata y saco a cuadros— consigue escapar y él será quien de ahora en adelante manipulará el gigantesco robot a través de un control remoto en forma de joystick, haciéndolo volar gracias a las dos turbinas que lleva en la espalda. Poseedor de una fuerza insuperable, la masa de hojalata —no me lo nieguen— transmitía ‘vida’ a través de su mirada aparentemente inanimada que emergía de una especie de yelmo con nariz puntiaguda. Otro platillo fuerte eran las peripecias del joven Centella, capaz de pilotear contra sus enemigos. El Hombre de Acero fue un anime innovador para su tiempo, siendo el primero en mostrar movimientos de cámara y animaciones bien detalladas. En Estados Unidos se estrenó con el nombre de Gigantor y se convirtió en un éxito. Se transmitió en el Perú por América TV, el canal que pasaba la mayoría de animes en B/N.  

05. SOMBRITA (Boken Shonen Shadar) Uno de los animes más tétricos y bizarros. Las aventuras eran literalmente para cagarse de miedo, pero era imposible que uno se despegara de la pantalla. Data de 1967 y se rodaron 26 episodios en color. Sombrita es un justiciero que tiene la habilidad de crear copias o sombras de sí mismo con los que confunde a sus enemigos. Posee, además, una daga que se convierte en una espada que lanza rayos luminosos de su empuñadura. Los villanos eran las fuerzas del mal, lideradas por un ser demoníaco llamado Goster. El capítulo que me dejó traumatizado —hasta ahora— fue aquel que Sombrita emprende viaje a la tierra de los muertos en busca de su madre, resultando que al final una figura diabólica había tomado su forma, manifestándose a través de los cabellos que cubren el cerebelo de la mujer. Transmitido en las tardes  por Panamericana TV en el segundo lustro de la década de 1970, la serie, al igual que Fantasmagórico, carecía de presentación, un locutor decía ‘a secas’ el título del episodio.            

04. LUPIN III (Rupan Sansei) Anime que jamás se estrenó en el Perú. Pude disfrutar de ella gracias a Locomotion, canal especializado en animación para adultos y que un aciago día de 1999 Telefónica sacó del cable arguyendo que ‘malformaba la mente de los niños’ —“¡hijos de puta!”, como diría Stan de South Park cada vez que mataban a Kenny—. Basada en el manga de Monkey Punch (Kazuhiko Kato), se realizó entre 1971 y 1972 por dos grandes de la animación ponja: Hayao Miyazaki y Isao Takahata. Entre 1977 y 1980 se realizó una segunda versión a cargo de Hideo Nishimaki y la tercera —que es la que creo haber visto— constó de 50 episodios realizados entre 1984 y 1985. Lupin III es el nieto de Arsenio Lupin (creación de Maurice Leblanc) y como su abuelo es el ladrón de guante blanco más prestigioso del planeta, un antihéroe cuya debilidad es Vanessa, una bellísima seductora quien al final siempre lo traiciona y él, embobado, la perdona. El primer largometraje del venerado Miyazaki —llamado el Walt Disney del Oriente— es justamente El Castillo de Cagliostro (Kariosutoro no shiro) con Lupin III de la cual Steven Spielberg dijo alguna vez: “es una de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos”.                  

03. EL HOMBRE PAR (Pāman) Creado por Fujiko F. Fujio y consta de 55 episodios en B/N producidos entre 1967 y 1968. Es el anime favorito de muchos cuarentones, debido en gran parte porque amenizaba las aventuras de la pandilla de justicieros con situaciones humorísticas. La serie fue la primera en darnos a conocer a los infantes de esta parte del continente los usos y costumbres de la sociedad japonesa, tanto en formas de vestimenta, saludos e ingestión de alimentos. La trama narra las peripecias de un grupo de chiquillos que recibe de un misterioso súper héroe un casco que les otorga poderes y un kit de productos que contiene, entre otras cosas, un robot que toma la figura de quien le presiona el botón negro en su nariz, convirtiéndose en un clon (de ahí el nombre del anime) que los puede reemplazar cada vez que el escuadrón parte para combatir a los villanos. El asunto es que Mitsuo, el joven protagonista de la serie, utiliza el robot para que lo suplante en tediosas obligaciones como asistir al colegio, hacer las tareas, ayudar en casa, etc. y el bien raskinball-z (de ahí que provocara tanta admiración y envidia entre los ociosos). Transmitido por Panamericana que, como veremos, acapara los mejores animes de la lista.

02. FANTASMAGÓRICO (Ogon Bat) 50 episodios a color entre 1965 y 1966. Sólo los japoneses nos podían ofrecer un superhéroe con pinta diabólica. Fantasmagórico era un ser de ultratumba, un esqueleto que tenía la particularidad de volar provisto de una capa a lo conde Drácula. No hablaba, pero lanzaba una risotada espeluznante capaz de erizarle los pelos a cualquiera. El primer episodio cuenta que se trata de un príncipe de Atlantis, hallado por una expedición científica, el cual es resucitado al echarle unas gotas de agua en el pecho. El doctor Zero es el villano de la historia, un ser de cuatro ojos de diferentes tonalidades y se anunciaba con el grito de: “¡Zerooo!”. Gorgo era su lugarteniente, un sujeto esmirriado cuyo peinado le cubría un ojo. Los buenos eran conformados por el doctor Steel, su hijo Terry y una niña llamada Mary que era la única que tenía la facultad de poder invocar al héroe, arrodillada como si fuera a rezar, con estas palabras: “¡Fantasmagórico, por favor, ayúdanos!” De inmediato aparecía un murciélago dorado preludio de la presencia del esqueleto provisto de una vara filosa que tenía la particularidad de emitir rayos y abrir la superficie de la tierra si se clavaba en el suelo. Transmitida por Panamericana en el segundo lustro de 1970.

01. METEORO (Mach Go Go) Basado en el manga de Tatsuo Yoshida, el anime realizado entre 1967 y 1968 por Hiroshi Sasagawa consta de 52 episodios. Meteoro —Go Mifune en Japón (en tributo al actor Toshiro Mifune) o Speed Racer en Estados Unidos— es un piloto que maneja un auto de carreras portentoso, el Mach 5, creado y diseñado por Pops, su malgeniado progenitor. El vehículo tiene la particularidad de contar con algunos accesorios que le permiten saltar, convertirse en submarino, lanzar palomas mensajeras, etc. Lo acompañan en sus aventuras, su enamorada Trixie —un cuerazo—, su hermano menor Chispita y Chito el chimpancé, quienes siempre se las arreglan para colarse en la cajuela del Mach 5, el mecánico Bujía y también el Enmascarado, el personaje oscuro de la serie, quien no es otro que Rex, el hermano mayor de Meteoro que se fugó de casa luego de pelear con su padre (y en cada episodio una voz en off nos recordaba este pleito familiar). Meteoro es un anime propio de su época, el héroe se enfrenta con espías y villanos en medio de intrigas internacionales. Siempre morían infinidad de personas. Trasmitida por Panamericana en la década de 1970, su cortina musical —una de las mejores del anime— era acompañada por la locución del peruano Aníbal Mancilla: “Velocidad, suspenso, peligro, en las aventuras de Meteoro. ¿Qué peligros amenazarán hoy a Meteoro? Recorra el mundo con Meteoro y su poderoso Mach 5. Viva la audacia y la emoción de otra aventura internacional de... ¡Meteoro!”