
Dicen que los rankings y
recopilaciones están plagados de injusticia. Un halo subjetivo los manipula, alegrando a pocos y descontentando a muchos. John Kobal
en su famosa lista de las Top 100 Movies advertía su sorpresa
porque no figurasen filmes como The Godfather, Sunset
Boulevard o Les Quatre Cents Coups. A mi modesto parecer,
sucede lo mismo con el compendio audiovisual adjunto con el Libro de
Oro de la Publicidad Peruana, editado por la Asociación Peruana de Agencias
de Publicidad (APAP), conmemorando sus cincuenta años de fundación.
Y no digo que los spots
seleccionados no hayan marcado un hito publicitario. Muchos poseen un alto
nivel de creatividad, efectividad y nivel de recordación. La publicidad, al
igual que la memoria olfativa, posee la magia de trasladarnos al momento en que
fueron propalados. Por ejemplo, el spot de Nescao en dibujos animados con el
jingle “¡Qué venga el león!”. El de detergente Drive en el que una ama de
casa mancha un trapo de cocina con palta, tomate y sillao. El de
Signal, “la crema dental a rayitas” con Regina Alcóver. El de Orange
Crush “personalidad”. Todos me remontan a los años de la televisión en
blanco y negro. El de mi casa era un armatoste Westinghouse de veinticuatro
pulgadas.
De la década de 1980, cuando en
mi casa apareció la televisión a color marca Toshiba, la recordación es casi
absoluta. El jingle “rubio sol, rubio ron” de Pomalca. “El sabor del
fin de semana” de Garza Real. Todos los de Coca-Cola concebidos bajo el
eslogan “Es sentir de verdad”. Inca Kola con “Lo nuestro me gusta
más”, “El sabor de tu alegría” y, sobre todo, con “Enséñale lo tuyo,
comparte tus momentos”, transporte inequívoco a las navidades pasadas.
D'Onofrio con “Fruna catoina-toina-toina”, Bayer y “el que se hace
chiquito”, Ariel y “ya hay chaca-chaca”, Magia Blanca y “linda
paloma, paloma blanca” y un largo etc.
Una buena compilación que, no
obstante, me deja con la miel en el gaznate porque no incluyeron réclames que
considero claves en nuestro devenir publicitario. Por ejemplo, de los añejos en
B/N el de Gasolina Conchán, capaz de hacer que los vehículos volaran por los
aires. De los ochenteros, los de Teem, “para la peor sed”. Aquel del
hombre que carga una pesada maleta en el desierto y al borde de la
deshidratación avizora un quiosco y exige que le sirvan un plato de cancha
salada, o aquel ambientado en la Unión Soviética donde un hombre es confrontado
por un comisario de la KGB —caracterizado por Piwit— y suelta frases
memorables como “¡destaparova!” o “¡Ah, es tapa rosca!”
Otras omisiones son los spots de
Aeroperú. El de 1977 que con una tonada de rock progresivo te invitaba a
volar “por la ruta del sol, en un cielo libre y sonríe feliz al mañana”, o
el de 1982 que cantando decía: “el encanto del Perú es el saber sonreír, a
la gente de América” y daba hincapié a que desfilaran celebridades de la
talla de Palito Ortega (Argentina), Armando Manzanero (México), Susana Vieira
(Brasil), Fruko (Colombia), Guayasamín (Ecuador), Lucho Gatica (Chile) y la
propia Chabuca Granda diciendo: “¡Qué encanto de gente!”
En el caso de Pepsi, “el
sabor de la nueva generación”, si bien selecciona el de los astronautas que se
pelean en el espacio por una botella y el de Johanna San Miguel manipulando un
vaso de gaseosa con el control remoto, le faltaron otros como el de Paul Martin
bailando en su cocina al ritmo de Scuttle Buttin' de Stevie
Ray Vaughan, el del guitarrista que de un solo con su instrumento destapa
botellas, el de “hola, soy Daniela, ¿tienes una Pepsi?” y, sobre todo, la
historia de amor estelarizada por Erika Stokholm al ritmo de “hoy es
tiempo de amar”, jingle compuesto por Carlos Guerrero de We All Together y que
por lo menos durante cinco años la marca lo pauteaba en San Valentín.
Otros spots dejados de lado son
los de Pilsen Callao, marca pionera en apelar al insight de
los peruanos, mucho antes que esa palabreja se colara en el argot publicitario.
El del grupo vernacular que canta en el teatro Municipal: “hagamos un Perú
grande, paisano” y luego se le une la Filarmónica Nacional, los de la
campaña “Arriba te vas” con el patín que tiene miedo de llamar por
teléfono a la flaca (“Llámala” “Para qué, si no va a salir”), el de la oficina
(“¡ascendieron al flaco!”), el del chancletero descubriendo en la maternidad
que tiene un hijo varón, el de Chicho y Cucho en el embotellamiento camino a la
playa.
También los de Jugos Tang, como
el de la ama de casa del Antiguo Egipto que exprime la naranja en un colador en
forma de pirámide. Los de jugos Kanú que muestran al gerente de la marca rival
perdiendo la batalla, incluso en su propia casa. Papel higiénico
Paracas, “más papel de punta a punta” (narrado por Óscar
Artacho). Vinifán, “mismo cuaderno usando Pepito, después Juanita,
después Luchito”. Polar, “la malta que te pone oso”. El spot navideño
de América TV, “de mano en mano, de pueblo en pueblo” o el jingle “nos
estamos viendo” de Panamericana. “Cuando un hombre usa Old Spice, todo
puede suceder”. “Oh, amigo Wrangler, cuántas historias, cuántos caminos
aún por andar”. “Disculpe la pregunta que me aboco, ¿es un Cocoroco lo que
toco?” Por no mencionar el famoso spot de “Yungay” para el diario Ojo que
hoy, a diez años de su emisión, goza de una altísima recordación.
En campañas sociales
incluiría: “Yo sé cuidar mi cuerpo” del Ministerio de Educación o
propagandas políticas como el de la mecedora de Enrique Chirinos
Soto, “quieren repetir el mismo baile” o el del APRA en la campaña
presidencial de 1980: “Víctor Raúl quedó en mi corazón, aquí está Armando
para combatir... El APRA es el camino”.
Material para un volumen II
tenemos de sobra. Vamos APAP, anímense. Los publicistas y televidentes de
siempre lo sabrán agradecer.

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