sábado, 28 de junio de 2008

yo opino

En 1999, una campaña de la agencia Lowe Howard Spink, premiada con el Grand Prix del Festival de Cannes, permitió que The Independent, el más joven de los diarios británicos de gran formato, triplicara sus ventas. A través de una voz en off, el spot mostraba las diversas prohibiciones de la sociedad como beber, comer, fumar, fornicar, pero al toparse con la primera plana del periódico, el locutor retrucaba, eliminaba el ‘don’t’ y enfatizaba el ‘read’. El éxito de la campaña posicionó la imagen de «independiente» del medio impreso. Un aura de probidad y libertad. De ejercer la labor periodística siin injerencia de ningún tipo.

Cuando era estudiante de Comunicaciones, se comentaba que los franceses de Le Monde habían dejado el periodismo informativo para dar paso a uno interpretativo. Yo soy de los que le gusta leer —y si la pereza no me gana— escribir columnas de opinión. Me interesa el punto de vista subjetivo de las personas, siempre y cuando el sentir y los móviles sean sinceros. Puedo compartir o no las ideas, pero me parecerá plausible si se apoya en argumentos y no en falsedades, diatribas o medias verdades. Intento protegerme de los mermeleros, los pelmazos, los figuretis, los dueños de la verdad, los sobones, los divos de la escritura, los que promueven sus intereses personales.

El verdadero periodista de opinión debe ser culto. Manejar un nivel aceptable de redacción. Ser apasionado y claro al expresar sus ideas. No abusar de adjetivos o caer en absolutismos. Ser valiente y luchar por su independencia. No claudicar ante los intereses de arriba, aunque corra el riesgo de patear latas o que su cuerpo termine pavimentando un trayecto de la Panamericana. 

Me gustaría un mundo con más opinión y menos información. En los medios de masiva circulación eso depende más de los rancios propietarios que del propio periodista. Cuando estos mercaderes de la noticia apuesten por la pluralidad y la tolerancia, no censuren porque las ideas van contra la ‘línea del medio’ y hagan suya la frase de Voltaire de: “no comparto tu opinión, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla”, ese día creeré que la cacareada libertad de expresión no es una falacia.

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