lunes, 20 de julio de 2026

copa del mundo 2026: lo que me gustó y lo que no tanto

Se acabó la primera
—y única— Copa del Mundo con cuarenta y ocho selecciones. La próxima será con sesenta y cuatro. Ciento cuatro partidos. Muchos de ellos memorables. Se dijo que con la cantidad iba a disminuir la calidad. La estadística arroja que hubo un aumento del promedio de goles: 2.96. El más alto de los mundiales del presente siglo. El octavo en la tabla de todos los disputados. Sospecho que se debió a la pausa de hidratación. Criticada por puristas y ortodoxos. Sea por motivos publicitarios, el dividir en cuatro cuartos como partido de NBA, hizo que los jugadores terminaran los partidos más enteros y corrieran en las instancias finales. Incluso en los suplementarios. De los nueve partidos llevados a tiempo extra, cuatro terminaron en penales. Los otros cinco con goles en cancha (marcándose ocho en total). Estábamos acostumbrados a disfrutar treinta días de mundial. Ahora la FIFA nos regala diez días más y es hermoso. Cuarenta días que te olvidas de políticos y guerras y sientes en las calles, universidades y transporte público a una masa que habla y respira fútbol, donde la mayoría de peruanos vimos muchos partidos por plataformas pirata. 

Me gustó del mundial. El duelo entre Mbappé y Messi por quien anotaba más goles. Kylian mojó diez veces, como Gerd Müller en México ’70, Messi quedó con ocho y de paso encabezar en la tabla general de veintitrés mundiales el francés —de padre camerunés y madre argelina— con veintidós tantos y dejar al rosarino con veintiuno. La frescura de Cabo Verde. Archipiélago de poco más de 500 mil habitantes. Los ‘tiburones azules’, debutantes absolutos, le hicieron el pare, sin complejos, a España, Uruguay, Argentina. No perdió en los noventa reglamentarios. Gracias a una defensa bien plantada comandada por el arquero Vozinha. Mención aparte del golazo anotado por Lopes Cabral en tiempo suplementario frente a Argentina. A mi criterio, el mejor del mundial. El partidazo por el tercer puesto. Partido sin importancia. Por eso ingleses y franceses regalaron espectáculo. Seis a cuatro. Superaron el seis a tres de Francia-Alemania de Suecia ’58. Inglaterra, la que cantaba Wonderwall con la tribuna, mereció llegar a la Final. Los cambios de Thomas Tuchel y su ‘pecho frío’ tradicional los sacaron de carrera a poco del pitazo final. La Noruega de Erling Haaland. Goleador frío. Letal. Eliminó a Brasil —el segundo tanto un golazo— y las tribunas vikingas vibraron como remeros de un drakar. La consolidación de algunos países emergentes como Marruecos y Japón que lamentablemente, frente a Brasil, se quedó sin gasolina. 

No me gustó tanto. España. Justo campeón. Indiscutible. Ganó —bien— los partidos que debía ganar frente a Portugal, Bélgica, Francia, Argentina. Sólo le anotaron un gol. Me gustó Unai Simón. Arquero que la hace de líbero. Los laterales Cucurella (para mí el mejor español) y Pedro Porro. La solvencia de Cubarsi (el mejor jugador joven del mundial). El equilibrio de Rodrí (serruchándole el puesto a Pedri). Una plantilla que carece de jugadores del Real Madrid (lo que debe doler) y que juega como el Barcelona actual. Poseen el balón. Lo rotan. Apuestan por un fútbol horizontal antes que vertical. Aburren al rival —y también a los espectadores— y cuando encuentran el espacio te vacunan y se conforman con uno o dos goles. Igual de mezquino que el España campeón de Sudáfrica '10 (que tenía más jugadores de renombre). Marcaron catorce goles. Poco comparado a los veinte de Inglaterra o Francia, o los diecinueve de Argentina. Quizá con Yamal y Williams en su plenitud física, como en la Euro 2024, habrían regalado más espectáculo, pero no fue así y quedan en deuda. Es un equipo joven —veintiséis años en promedio— y podrían apostar a un juego menos amarrete en la próxima edición que serán anfitriones.  

No me gustó nada. La injerencia política. Trump colocando a Infantino de rodillas para quitarle la tarjeta roja a Balogun. El cuatro a uno de Bélgica a Estados Unidos hizo justicia poética. El descalabro en la interna uruguaya. El cambio de Courtois frente a España. El sustituto Lammens se contagió de Muslera y les regaló el pase a la semifinal. La continua decadencia de dos gigantes como Brasil y Alemania. Tras una buena primera fase, el discreto partido de Holanda frente a Marruecos. La falta de confianza de Colombia en etapas decisivas. El sospechoso favoritismo de los árbitros con Argentina que se prolonga desde Qatar '22. Debieron expulsar a Messi frente a Argelia. Cobrar el penal de Álvarez a Salah que terminó en el tres a dos de Argentina contra Egipto. La manera cómo golpearon en todos los partidos y ni siquiera los pintaron de amarilla. 

Tampoco se les perdona a los argentinos habernos regalado una de las peores finales de la historia. Similar a la de Italia '90 o USA '94. Tenían equipo para pelearle el partido y Scaloni prefirió apostar por el bilardismo, el anti-fútbol, defenderse con uñas y dientes y no patear nunca al arco. Y lo curioso es que casi les liga el experimento. Se quedaron a catorce minutos y con diez hombres. En los penales el ‘Dibu’ —que siempre ha salido vencedor en esa ronda— podía engrandecerse y cambiar la historia. Injusto, pero posible. Argentina tenía plantel para lucharla, hacerle frente y posiblemente perder con mayor dignidad. Eligieron que Messi —el mejor de la historia— se fuera de los mundiales por la puerta falsa. Las escenas de los argentinos peleándose con todos, darle la espalda a la celebración española y el llanto del entrenador en la conferencia de prensa es la caída del telón de un equipo —viejo— que lo ganó todo. Como le diría Aixa a su hijo Boabdill: “No llores como mujer lo que como hombre no supiste defender”. 

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